Mirador 07/12/2022

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Opinión
/ 7 diciembre 2022
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Doña Chinta –Jacinta– la del rancho nunca se casó.

De joven, según me cuentan, no le faltaron pretendientes, pues era guapetona y hacendosa. Decían de ella los rancheros: “Así como es buena pa’l metate ha de ser buena pa’l petate”.

Ella los rechazó a todos, incluso a Tacho, que tenía camioneta e iba a heredar la casa, los animales y las tierras de su padre, de quien era hijo único. Jamás admitió hombre. Una noche que Tacho, casado ya, tumbó a empellones la puerta de su casa e intentó forzarla, le metió en la panza una bala calibre .22 del rifle Mendoza que tenía sobre la chimenea “por si acaso”. Si no se hubieran llevado a Tacho a Saltillo, al hospital, se le habría acabado la vida con aquella pildorita en la barriga.

La gente del rancho dice de doña Chinta:

-Vive sola.

Responde ella:

-No. Vivo conmigo.

¡Hasta mañana!...

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Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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