Mirador 08/06/2026
‘Si tu mal tiene remedio, ¿para qué te apuras? Y si no lo tiene, ¿para qué te apuras?’
“No te apures, pa’ que dures”.
La sabia admonición contenida en ese dicho campirano sería suscrita por médicos, siquiatras y especialistas en la conducta humana.
Dijo un filósofo de la antigüedad: “Si tu mal tiene remedio, ¿para qué te apuras? Y si no lo tiene, ¿para qué te apuras?”.
Hasta donde recuerdo, antes no existía el estrés. Existían, sí, el pesar, la tensión, la angustia, la preocupación, pero no el estrés. Cosa de la modernidad es ésta, por cuya culpa muchos andan estresados. Mi buena fortuna me libra de pertenecer a esa sufridora especie. No es que sea conchudo, como se dice de los irresponsables o inconscientes. Lo que pasa es que la vida me ha enseñado a vivirla a pausas –a beberla a pausas–, sin temores del mañana ni remordimientos del ayer. Eso ayuda a estar contento, o sea, contenido, sin esperar ganancias ni lamentar pérdidas.
Olvídate del estrés.
Deja que él se estrese.
¡Hasta mañana!...