Mirador 29/05/2025
En vez de café o té de yerbanís, en lugar del cálido mezcal de la Laguna de Sánchez, bebemos aguamiel
Esta noche no arde la leña en el fogón de la cocina del Potrero. El calor es intenso; Gelo se sentiría aquí como en su casa. Gelo es el nombre que en el rancho recibe Lucifer. Declara don Abundio con tono de magister:
–Esto es cosa del cambio climatérico.
En vez de café o té de yerbanís, en lugar del cálido mezcal de la Laguna de Sánchez, bebemos aguamiel refrescado en el agua de la acequia. Y don Abundio cuenta un dicho de doña Rosa, su mujer.
–Yo la quería a la buena –relata–, la quería pa’ casarme con ella, pero a Rosa le parecía que me tardaba mucho en decidirme. La invitaba yo a platicar por las noches, y ella me contestaba: “¿Pa’ que me invita, si ni me tumba?”.
Todos reímos, menos doña Rosa, que se atufa. Masculla con enojo:
–Viejo hablador.
Don Abundio figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura:
–Por ésta.
¡Hasta mañana!...