Música antigua y el silencio
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De las muchas y muy variadas formas de la intervención hoy quisiera hablar de la intervención musical de Adina Izarra (1959). Venezolana por nacimiento, actual residente de Ecuador, la compositora Adina Izarra ha vuelto la mirada a dos facetas de la música que le son particularmente atrayentes. Por una parte está la música electrónica y electroacústica cuya práctica la inició durante su posgrado en la Universidad de York, Inglaterra, a mediados de los años 80. De entonces destaca Vojm (1988) para voz e instrumento electrónico, (en YouTube).
Por otra parte está el cultivo de la música antigua. En YouTube está Dos miniaturas medievales, de 2008, con Jorge Montilla en el clarinete, y Sergei Pylenkov al piano.
Con estas dos herramientas, —música electrónica y el cultivo de la música antigua—, realiza intervención musical. Imaginemos una obra del Barroco, digamos de 1650, escrita con los cánones de su época, ajustada a lo que se esperaba de ella, como se escribe la música de todas las épocas: apegándose a su tiempo.
Una obra de 1650 escuchada 350 años después, será percibida de un modo muy diferente por un músico actual. Al escucharla Izarra advierte cómo potenciar su belleza, cómo matizarla, cómo fortalecer los acordes. Para conseguirlo, primero analiza las expresiones tímbricas de los instrumentos empleados en la obra antigua. Es decir, atiende a cómo suena el laúd o la vihuela, o el clavecín o la guitarra barroca. Luego explora los sonidos electrónicos armónicos y complementarios, y los modula por capas de sonido. Finalmente construye en torno a la obra antigua, un contrapunto, una ornamentación o una cadenza. Invito a la escucha de la intervención de la Suite en re menor (1682) del francés Robert de Visée (1652-1730) para guitarra y tiorba. En YouTube está como Re-mix de la suite en re de Robert de Visée, de 2007.
Respecto a las composiciones de música medieval que cultiva Adina Izarra, lo primero que habrá que señalar es que la autora trata a los instrumentos antiguos como “objetos sonoros vivos”. Izarra no se plantea estudiar la técnica tradicional del tañido de una vihuela o un tiorba o un laúd. Frente a los instrumentos antiguos se presenta como una compositora contemporánea que domina las técnicas de interpretación contemporáneas. Por ejemplo, toca la guitarra sentada y no de pie apoyando la guitarra en una pierna, como en el pasado. Utiliza las uñas y los dedos en sustitución de la púa empleada en el pasado. O, en el caso de instrumentos de cuerdas como violín, viola o chelo, se vale del vibrato para acentuar o algunas notas o dulcificar algunos pasajes. Dicho de manera sencilla: Adina Izarra no elabora versiones de la obra antigua, como tampoco las actualiza, sino que busca patrones armónicos y los transforma.
Para adentrarse en el mundo intervenido de Adina Izarra invito a la escucha de Primer Zibaldone del 2013 para archilaúd y electrónicos. El archilaúd, fue un instrumento de cuerda tañida del barroco. Según la página de la autora, el término zibaldone, es italiano y alude al cuaderno de notas o recopilación heterogénea de ideas. Izarra utiliza esta noción como metáfora estructural: la obra se organiza como un mosaico de fragmentos sonoros y texturales que dialogan entre sí sin una narrativa lineal. En YouTube está la esplendida versión de Rubén Riera en el laúd. El álbum es “Red de Arte Sonoro Latinoamericano, ASLA, Vol. 4”, del 2015.
Otra vertiente de esta compositora venezolana es la música tradicional, sin intervención ni electrónica. Un hermosísimo ejemplo es la musicalización que hace de su lectura del cuento Luvina, del mexicano Juan Rulfo. Cómo sabemos este cuento narra la estancia de cierto matrimonio en un pueblo caracterizado por el viento constante, hasta que cierta noche el viento amaina. Cito: “Poco después del amanecer se calmó el viento. Después regresó. Pero hubo un momento en esa madrugada en que todo se quedó tranquilo, como si el cielo se hubiera juntado con la tierra, aplastando los ruidos con su peso... Se oía la respiración de los niños ya descansada. Oía el resuello de mi mujer ahí a mi lado: —¿Qué es? —me dijo. —¿Qué es qué? —le pregunté. —Eso, el ruido ese. —Es el silencio. Duérmete. Descansa, aunque sea un poquito, que ya va a amanecer”.
Sobre ese fragmento Adina Izarra construye una obra simplemente excepcional. Está en YouTube con la flautista argentina Beatriz Plana.