Para qué pidieron pruebas, Presidenta

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Opinión
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Defender a Rocha Moya es una apuesta muy riesgosa. Protegerlo, como lo está haciendo el gobierno, es prolongar su agonía y puede arrastrar al gobierno.

A la exigencia de pruebas que sustenten la acusación contra Rubén Rocha Moya por haber aceptado la ayuda de Los Chapitos para ganar la gubernatura de Sinaloa en 2021, a cambio de entregarles el estado para sus negocios y tráfico ilegal de fentanilo, en Palacio Nacional se toparon con la sabia realidad que plantean tres refranes mexicanos: “Ten cuidado con lo que deseas porque se te puede cumplir”, “No preguntes lo que no quieres saber” y “No invoques tormentas que no podrás controlar”.

Quería pruebas la presidenta Claudia Sheinbaum y ya le dieron una probadita de ellas. Lo que le dijeron no le gustó y detonó, como respuesta, un endurecimiento político contra el gobierno de Donald Trump, apostando a que las acusaciones de injerencismo generarán un consenso interno de respaldo.

https://vanguardia.com.mx/opinion/el-canto-de-los-chapitos-contra-los-morenistas-ON20966998

Pero defender a Rocha Moya es una apuesta muy riesgosa. Protegerlo, como lo está haciendo el gobierno, es prolongar su agonía y puede arrastrar al gobierno. El desafío a Estados Unidos, al incumplir con tratados internacionales (de extradición y de cumplimiento con la ficha roja), por el temor a que revele los secretos criminales de la 4T si lo extraditan, obliga a tener muy bien calibrada cuál será la respuesta y preparar los siguientes pasos que tomarán. En Palacio Nacional saben que vendrá un nuevo golpe, pero no quién ni por dónde.

Estados Unidos, ante la exigencia de Sheinbaum de pruebas, le compartió algunas líneas generales de la investigación contra el exgobernador de Sinaloa y lo que proporcionaron los exfuncionarios que se entregaron, Enrique Díaz Vega, exsecretario de Administración y Finanzas, y el general Gerardo Mérida, exsecretario de Seguridad. Los dos ofrecieron, a cambio de recibir la protección estadounidense, pruebas con soporte técnico, que tienen que ver con varios de los delitos que les imputó el Departamento de Justicia: el de conspiración, que se da cuando dos o más personas acuerdan cometer un acto ilegal, que tocaría directamente a Rocha Moya; y el de posesión de armas y explosivos, que los vincula con el crimen organizado.

Díaz Vega y Mérida entregaron documentos físicos y un número indeterminado, pero amplio, de memorias USB. La información se suma al cúmulo de pruebas que tienen los fiscales en la Corte del Distrito Sur en Manhattan, que incluye intercepciones telefónicas –algunas de ellas recogidas por los aviones espía de la CIA cuando volaron sobre Sinaloa– y testimonios de miembros del Cártel de Sinaloa –incluidos Los Chapitos e Ismael “El Mayo” Zambada– sobre su participación en elecciones presidenciales y locales durante casi una década.

Las autoridades mexicanas no tienen información detallada sobre lo que contienen los USB, por lo que están analizando la situación a ciegas. Lo que les han añadido los estadounidenses es que el general Mérida, que se especializó en el Ejército en el área de inteligencia, ha aportado evidencias principalmente contra Mario Delgado, de sus tiempos de presidente de Morena, y que, de acuerdo con lo que ha ofrecido, documenta cómo recibió dinero del crimen organizado para inyectarlo en campañas para gobernador y para financiar candidaturas a diputaciones y senadurías. La introducción de recursos oscuros en campañas para gobernador se ha ventilado en varios medios, pero es la primera vez que se menciona que dinero de los cárteles sirvió para financiar a legisladores.

La información parcial que le entregó Estados Unidos a México es previa al jueves de la semana pasada, cuando la presidenta elevó el tono de su denuncia de intervencionismo contra ese país, aunque trató de matizar en público que no era Trump quien encabezaba el injerencismo, sino algunos de sus asesores en la Casa Blanca. El viernes, un día después de atizar la retórica, tuvo una reunión con el secretario de Seguridad de Trump, Markwayne Mullin, en Palacio Nacional, que, como se ha reportado en la prensa, fue muy ácida, con demandas del estadounidense a Sheinbaum para que respetara el Tratado de Extradición y que le entregaran a Rocha Moya.

Tras esa reunión, probablemente la más dura que ha tenido con un funcionario estadounidense en su vida, el coordinador de Morena, Ricardo Monreal, presentó la iniciativa para anular elecciones donde, presuntamente, el resultado sea consecuencia de un intervencionismo extranjero, cuyo texto fue un traje hecho a mano para Estados Unidos. El sábado se informó que la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, sería citada a declarar por la Fiscalía General de la República (FGR) porque agentes de la CIA participaron en un operativo con policías estatales. Y el domingo, la Presidenta declaró que nunca se separaría del expresidente Andrés Manuel López Obrador.

https://vanguardia.com.mx/opinion/la-ley-monreal-una-ley-de-miedo-EI20939058

La declaración debió haber sido un golpe al hígado de la CIA, que considera que cualquier acto público –o apoyo– a López Obrador es una afrenta para el gobierno de Trump. Pero la secuela de retórica y de acciones emanadas desde Palacio Nacional, desde el jueves de la semana pasada, da la impresión de que Sheinbaum está lista para pelearse con Trump. Sin embargo, contra lo que se ve en público, está preocupada. La Presidenta le pidió a García Harfuch y a su asesor externo, Eduardo Cervantes, una estrategia de control de daños ante su convencimiento de que acusaciones, como las que se formularon contra Rocha Moya y nueve funcionarios más de Sinaloa, van a hacerse públicas, ya sea por el Departamento de Justicia o a través de los medios en Estados Unidos.

Pese al diagnóstico, el primero en donde reconoce –aunque sea internamente– la realidad en la que se encuentra la relación bilateral, no se está planteando hasta este momento la extradición del exgobernador o de los otros siete funcionarios imputados con él. Las extradiciones están fuera de discusión. De esta forma, vuelve al principio. Ni Rocha Moya ni nadie de Morena que resulte imputado se irá extraditado. Va por el agrupamiento de Morena y para lograr, mediante el convencimiento del enemigo externo, la cohesión interna. Pero tiene un problema: todo tiene como eje a Rocha Moya, sobre el cual hay abundante información sobre cómo Los Chapitos actuaron en Sinaloa para hacerlo gobernador. El exgobernador es indefendible.

La Presidenta no ha registrado aún que la ruta de confrontación, por la que optó, ha cambiado el humor de funcionarios y agentes de inteligencia estadounidenses sobre ella. Hasta hace un mes, el consenso era para apoyarla. Hoy están divididos, y las críticas contra ella, inexistentes hace semanas, están comenzando a permear. Aquí no tiene aún el consenso. Allá lo perdió.

rrivapalacio2024@gmail.com

X: @rivapa_oficial

Periodista en busca de decodificar la toma de decisiones en la política mexicana y exponer las tensiones del sistema en el que operan. Actualmente es director general del periódico digital Eje Central.

Columna: Estrictamente personal

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