Patética, pero muy apasionada

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Opinión
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Después del lapso vacacional, la Orquesta Filarmónica del Desierto reanudó su actividad musical con la segunda parte, agosto-diciembre, de la temporada 2026, con el concierto de gala de reapertura, “Patética, pero muy apasionada”. El programa estuvo integrado por tres obras demandantes: la Fanfarria para St. Edmundsbury, de Bemjamin Britten, el Concierto para trombón tenor, Op. 114, de Derek Bourgeois, y la Sinfonía No. 6 en Si menor, Op. 74, de Piotr Illich Tchaikovsky. Britten (1913-1976), compuso su Fanfare for St Edmundsbury en 1959, por encargo del Pageant of Magna Carta (Espectáculo de la Carta Magna), una representación teatral histórica al aire libre.

El público reunido en el Teatro de la Ciudad disfrutó de una representación espacial-musical de esta obra tal cual se interpretaba en dicho festival. Los trompetistas Assaet Méndez, principal de trompeta de la OFDC, Elías Guadarrama e Irving Yescas, ubicados en la parte posterior de la sala del teatro en tres puntos distantes entre ellos, interpretaron por separado su solo de trompeta; avanzaron hacia el escenario y ejecutaron simultáneamente sus solos reproduciendo el efecto politonal y polirrítmico. En este punto se apreciaron tanto la cohesión del ensamble como el control absoluto de la rítmica de sus respectivos solos (la superposición de subdivisiones binarias y ternarias); la técnica de respiración, el manejo de dinámicas y la entonación fueron impecables, de manera que las series armónicas disonantes del tutti sonaron cristalinas y potentes.

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El debut como solista del maestro Faustino Díaz, virtuoso trombonista mexicano de enorme prestigio, con la OFDC interpretando el Concierto para trombón tenor y orquesta del británico Derek Bourgeois (1941-2017), tuvo una calurosa acogida por el público saltillense. Y no era para menos, puesto que el virtuosismo del maestro Faustino Díaz es de un espectro amplio en el que se conjugan el dominio total del instrumento de metal y una gama de recursos técnicos y expresivos depurados, de manera que en su versión de dicho Concierto se apreciaron muchas de las virtudes interpretativas del maestro Díaz: su resistencia pulmonar a lo largo de los tres movimientos (Allegro, Adagio, Presto), el dominio total de la tesitura en pasajes que van desde el registro grave hasta notas sobreagudas; una vertiginosa agilidad y articulación precisa en el primer y último movimientos plagados de escalas de velocidad extrema; staccati prístinos en los compases irregulares y ritmos sincopados; su manejo milimétrico en la velocidad de la vara y el uso impecable de las posiciones alternativas que produjeron un sonido depurado; el lirismo maduro, noble y expresivo del maestro Díaz que se posó en las frases melódicas amplias del Adagio, además de un gran control del legato y del fiato, logrando una tensión expresiva que rememoraron pasajes de arias vocales.

La batuta del maestro Natanael Espinoza cuidó y resaltó los múltiples matices emanados del trombón equilibrando el sonido orquestal; Espinoza hizo gala del control y claridad rítmica impecable al navegar por los cambios métricos constantes en la partitura y las subdivisiones complejas, sin perder el empuje dinámico de los movimientos extremos del concierto.

Una versión sobria- por momentos tensa y no exenta de imprecisiones rítmicas y de balance sonoro- pero intensa y brillante, fue la que nos ofreció la OFDC y su director artístico Natanael Espinoza, de la Sexta Sinfonía en Si menor, Op. 74 “Patética”, de Tchaikovsky (1840-1893). Cabe resaltar el control, en general, de las dinámicas extremas (esos pppppp en el fagot en el primer movimiento que enlaza con los fff-ffff de la orquesta); la claridad rítmica en el pulso del segundo movimiento (el “Vals cojo” en un compás de 5/4); el control del tempo y el empaste de la orquesta en el tercer movimiento. Aquí, Espinoza graduó el tempo con precisión milimétrica que condujo a la orquesta al apoteósico final. El Adagio lamentoso fue un poema sonoro, gracias a la intensidad que permeó todas las secciones orquestales. La trémula dinámica y el pulso fúnebre de los contrabajos en el final de la sinfonía despidieron la velada llena de contrastes.

CODA

“Le tengo un amor enorme a esta sinfonía, como no le he tenido a ninguna otra de mis obras”, Tchaikovsky, (sobre su Sexta Sinfonía).

Músico, escritor, catedrático, gestor cultural y fotógrafo. Autor de Fabulaciones del sonido (Celosía, UAdeC. 2017). Es licenciado en Letras Españolas (UAdeC, 1995) y maestro en Música (Rice University, 2006). Su vasto repertorio como instrumentista de clavecín, órgano y piano abarca todos los géneros musicales escritos para estos instrumentos; se ha presentado como concertista en numerosos auditorios de México y el extranjero. Catedrático de tiempo completo en la UAdeC desde hace 30 años, donde se ha desempeñado como director de la Escuela Superior de Música, Coordinador general de la Coordinación de Difusión y Patrimonio Cultural y, actualmente, es el director del Recinto del Patrimonio Cultural Universitario. En 2017 inició el proyecto personal “Arte de la Fuga”, en el que se propone interpretar en vivo y en diversos auditorios la obra integral de Bach para el clavecín y el órgano.

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