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CORRIDO DE TLATELOLCO (50 AÑOS DESPUÉS)

Politicón
/ 25 noviembre 2018

    CORRIDO DE TLATELOLCO

    (50 AÑOS DESPUÉS)

    Trescientos mil estudiantes

    marchando por la avenida:

    el Zócalo, en estampida

    toman, cual La Bastilla antes.

     

    Darían un golpe de Estado,

    pues el número es un arma:

    accionó, pues, con alarma

    un arma cada soldado.

     

    Si la lógica ejercito,

    un simple argumento fundo:

    cualquier régimen del mundo

    saca a la calle al Ejército.

     

    Menos personas han dado

    un golpe, y más lo dan peor:

    en Tlatelolco el Estado

    era un estado mayor.

     

    La masa tiene un poder

    que no dan la disciplina

    ni las armas; al mover

    el agua, el mundo se inclina.

     

    Pudieron cien la persona

    secuestrar del presidente,

    pues el Zócalo es la zona

    cero para el sedicente.

     

    ¿Quién planeó todo ese día?

    Pues a veces es la historia

    teoría conspiratoria,

    cosa de masonería.

     

    Jamás pudo Barros Sierra

    contener la muchedumbre;

    renunciar es la costumbre

    si el mundo de alguien se cierra.

     

    En las calles, cincuenta años

    tienen, pues, los estudiantes

    y los medios son escaños

    para los vociferantes.

     

    Sobrepasados los sabios

    muros, la Universidad

    cayó en la frivolidad,

    ya sólo hay ruido en sus labios.

     

    Mudos monjes de Birmania

    le pegan fuego a sus túnicas:

    tales son sus armas únicas

    y es más sabia su vesania.

     

    Católica procesión

    del silencio: no hubo auto

    de fe al presidente incauto

    para su incineración.

     

    Cuando se reta al Estado,

    hay que tener un proyecto;

    cuando el golpe es tan directo,

    declarar quién lo ha asestado.

     

    Aquello fue como un sismo,

    tsunami de aguas civiles,

    donde naufragaron miles,

    siendo el océano ellos mismos.

     

    Las grandes revoluciones

    tienen lugar desde adentro,

    cuando escogen otro centro

    las mentes, los corazones.

     

    Pues los derechos civiles

    se cultivan en la casa;

    se trasplantan a la plaza

    en tiempos menos hostiles.

     

    Es incalculable el daño:

    si ese año murieron mil,

    estamos trescientos mil

    veces peor en este año.

     

    Quienes miran el pasado

    como la mujer de Lot,

    cayeron en el complot:

    Obrador los ha engañado.

     

    Reclamen a Calderón

    mucho más que a Echeverría:

    suelten según el padrón

    de muertos a la jauría.

     

    Estado de bienestar

    que se marchó para siempre:

    el que la discordia siembre,

    pobreza ha de cosechar.

     

    Absorbió la burocracia

    a tanto rebelde joven:

    que su mito no le roben,

    de nostalgia no se sacia.

     

    Fue generoso el erario

    para curar las heridas:

    fue el Estado como un Midas

    de los héroes honorarios.

     

    Pagó Echeverría su crimen

    con pensiones vitalicias;

    por eso el pasado esgrimen

    las víctimas adventicias.

     

    Fueron escudos humanos:

    de ese modo el poder sumo

    tras una cortina de humo

    solía cambiar de manos.

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