Dar al diablo el hato y el garabato

Politicón
/ 5 mayo 2019
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El Quijote I, 18
Sancho Panza se queja amargamente del manteamiento de que fue víctima. El manteamiento era una cruel diversión consistente en hacer volar por los aires a alguien que se colocaba sobre una manta, a la que sostenida por dos o más personas se le imprimía fuerte tirón hacía arriba.

Sancho fue manteado por unos malandrines cuando don Quijote se negó a pagar los servicios que recibieron en una posada o venta, alegando que es prerrogativa de los caballeros andantes no pagar tales servicios, a manera de compensación por tantos beneficios que prodigan a los necesitados.

Amo y escudero se encuentran entonces sin un lugar donde dormir y comer. Sancho se preocupa por ello y don Quijote le comenta que los caballeros andantes saben cómo resolver, y bien, ese tipo de problemas y otros más.

Sancho dice entones: “vamos ahora de aquí, y procuremos donde alojar esta noche, y quiera Dios que sea en parte donde no haya mantas, ni manteadores, ni fantasmas, ni moros encantados; que si los hay, DARÉ AL DIABLO EL HATO Y EL GARABATO”.

Al citar este refrán, poco conocido en nuestro país, ¿qué quiso decir Sancho?

El moderno paremiólogo y cervantista español J. Leyva, escribe al respecto lo siguiente: “Hato es el garabato el instrumento, generalmente de hierro, cuya punta forma un semicírculo y sirve para tener colgadas algunas cosas –en este caso el hiato-, o para aislarlas o agarrarlas. Dar al diablo este ajuar y el medio de llevarlo equivale a tirar ambas cosas, ‘echarlo todo por la borda’, en términos marinos”.

Es decir, renunciar a todo, a fin de evitar complicaciones.

@jagarciavilla

 

 

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