Defender la vida silvestre

Politicón
/ 4 marzo 2016

    El mes pasado la prensa nacional difundió ampliamente una noticia que me enchinó la piel: 124 cocodrilos murieron por aplastamiento y sofocación, el hecho se clasificó como, “trato indigno”; los reptiles eran 300 que trasladaban de Sinaloa hasta Quintana Roo, un viaje de 2 mil 550 kilómetros.

    Lo mismo se informa año tras año sobre los ecocidios por la muerte de miles de tortugas en los mares de México, y qué decir sobre la tala del manglares en Cancún para el desarrollo de proyectos inmobiliarios turísticos como el de Tajamar. Éstos son sólo algunos ejemplos sobre los crímenes destructivos en contra de la fauna y la flora que en México no valoramos.

    Ayer fue el Día Mundial  de la Vida Silvestre, un tema que nos invita a crear conciencia acerca de la importancia de observar y participar en la defensa de la conservación de las diferentes especies de fauna que en innumerables casos son objeto de tráfico y comercio ilegal.

    La Organización de las Naciones Unidas aprobó los Objetivos de Desarrollo Sostenible en los que proponen metas específicas para poner cotos a la caza furtiva y limitar el tráfico ilícito de la flora y la fauna silvestres, lo que comienza a traducirse en incipientes esfuerzos colectivos para proteger el patrimonio natural de ésta y las futuras generaciones. 

    La ONU cita las matanzas lacerantes de elefantes en África y Asia, especies en peligro de extinción como los rinocerontes, tortugas de mar, tiburones, tigres, ballenas y maderas nobles expuestas a la sobreexplotación.

    El lema elegido por la ONU para el Día Mundial de la Vida Silvestre es “¡El futuro de la vida silvestre está en nuestras manos!”. En verdad, la vida silvestre es una maravilla, de ella obtenemos medicamentos, vestido, alimentos y aún sustento espiritual, porque la naturaleza nos mantiene con una diversidad portentosa de elementos animales y vegetales que diariamente nos acompañan y nos dan bienestar, pero tenemos escasa conciencia de que están en nuestra mesa transformados en alimentos, o son ropajes o hasta mascotas. 

    La destrucción inmisericorde del hábitat, como el caso de los manglares, es un ejemplo emblemático del comercio inmobiliario que sin freno alguno deforesta lo que encuentra a su paso.

    En Saltillo los casos citados se ven como algo muy lejano, pero tenemos innumerables ejemplos de depredación.

    ¿Recuerda usted La Nogalera del sur de la ciudad en la que se instaló HEB? Hubo un grupo de defensores del medio ambiente que denunció que ese proyecto acabaría con los nogales y árboles frutales, el grupo fue acusado de enemigos de la modernidad y otros epítetos, pero vea, en menos de una década (Septiembre 2006) los nogales prácticamente se extinguieron, y lo que era un pulmón para nuestra ciudad feneció en pos de la modernidad depredadora; no encontraron otro predio para instalarse. 

    En Arteaga, los árboles centenarios ubicados al lado de las acequias han sido derribados porque no saben o no quieren cuidarlos, y en Saltillo, infinidad de plazas públicas se están secando, sobre todo en las colonias populares, porque el Ayuntamiento ha sido impunemente omiso en cumplir con al artículo 115 de la Constitución, que establece que ese mantenimiento es su obligación, su responsabilidad.

    Las empresas desarrolladoras de Saltillo deforestan sin que nadie se encargue de reforestar. Derramadero y algunas de las rancherías aledañas están siendo arrasadas por las maquiladoras automotrices; ahí el ganador es el moreirato. En General Cepeda, el Cimari contaminará los mantos freáticos.

    Poco o nada hace el alcalde Isidro López por la reforestación de Saltillo, a él le interesa recaudar, recaudar. La ciudad crece sin pausa y, lamentablemente, el cuidado del medio ambiente no es una prioridad.