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Defensa de la poesía

Politicón
/ 12 noviembre 2018

    Defensa de la poesía

    Dejad en paz la clámide de Acuña,

    y no escandalicéis más a ese busto:

    mirad entre las ramas del arbusto

    clandestina estirarse la pesuña

     

    burocrática y el polvo en la uña,

    aspirada quizá más de lo justo:

    no aumentéis al poeta tal disgusto,

    y que la eternidad su estatua bruña.

     

    Al fin que su mesada en Medicina

    ni en sueños alcanzó el millón de pesos:

    suelte la cápsula y con la pistola

     

    asalte a estos rufianes de oficina

    que viven de lamer sus santos huesos:

    la Poesía se defiende sola.

     

    Villanela de la que no he vuelto a ver

    Se mostró en el tumulto del mercado

    el rostro de la vida que se oculta,

    un cuerpo que jamás habré tocado.

     

    Surgió del laberinto del pasado

    el rostro de la vida que se oculta,

    la vi de frente y me rozó el costado,

    nadie habrá de borrar lo que he mirado,

    un volumen que la memoria ausculta,

    un cuerpo que jamás habré tocado.

     

    Todo lo que caduca lo sepulta

    el tiempo, ya que lo ha banalizado;

    el rostro de la vida que se oculta

    está debajo y es cuanto resulta,

    un cuerpo que jamás habré tocado

    escapándose entre la turbamulta.

     

    Túmulo del milagro fue el mercado

    y teatro de las máscaras del hado:

    el rostro de la vida que se oculta,

    un cuerpo que jamás habré tocado.

     

    Villanela del último día

    En la estación de paso hay lluvia y luto;

    me acostumbré a vivir en la agonía,

    en la urgencia del último minuto.

     

    Pero en vano la oscuridad escruto,

    me acostumbré a vivir en la agonía,

    entre sombras de un sueño irresoluto,

    en la inmutable luz me mudo y muto

    sabiendo que es la luz del postrer día,

    en la urgencia del último minuto.

     

    Arden lámparas de melancoholía,

    aunque su aceite quema, lo disfruto,

    me acostumbré a vivir en la agonía,

    en la luz que de pronto se vacía

    en la urgencia del último minuto,

    cuando el tiempo colapsa y desvaría.

     

    Todo pasa, estación de lluvia y luto,

    es transitorio cualquier absoluto:

    me acostumbré a vivir en la agonía,

    en la urgencia del último minuto.

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