DONDE QUIERA QUE ESTÁ LA VIRTUD EN GRADO EMINENTE, ES PERSEGUIDA
COMPARTIR
El Quijote II, 2
Conversan don Quijote y Sancho Panza antes de emprender su tercera salida en busca de aventuras. El caballero pregunta a su escudero: ¿En qué opinión me tiene el vulgo, en qué los hidalgos y en qué los caballeros? ¿Qué dicen de mi valentía, qué de mis hazañas y qué de mi cortesía?... quiero, Sancho, me digas lo que acerca de esto ha llegado a tus oídos; y esto me has de decir, sin añadir al bien ni quitar al mal cosa alguna; que de los vasallos leales es decir la verdad a sus señores”.
Sancho le dice “que el vulgo tiene a vuesa merced por grandísimo loco, y a mí por no menos mentecato”.
“En lo que toca”, prosiguió Sancho, “a la valentía, cortesía, hazañas y asunto de vuesa merced, hay diferentes opiniones: unos dicen loco, pero gracioso; otros valiente, pero desgraciado; otros cortés, pero impertinente; y por aquí van discurriendo en tantas cosas, que ni a vuesa merced ni a mí nos dejan hueso sano”.
“Mira, Sancho, dijo don Quijote, DONDE QUIERA QUE ESTÁ LA VIRTUD EN EMINENTE GRADO, ES PERSEGUIDA”. Menciona varios ejemplos: Julio César “fue notado de ambicioso”, Alejandro Magno de borracho, Hércules de “lascivo y muelle”, don Galaor de demasiado rijoso y su hermano Amadís de Gaula “que fue llorón”. “Así que ¡oh Sancho! entre las tantas calumnias de buenos bien pueden pasar las mías, como no sean más de las que has dicho”.
Si a los famosos personajes de todos los tiempos, a pesar de lo grande y virtuosos que fueron, les encontraron sus limitaciones y defectos, porque “donde quiera que está la virtud en grado eminente, es perseguida”, no le preocupa mayormente a don Quijote que lo mismo suceda con él, siempre que las “calumnias” que de él se digan “no sean más” de las que ha mencionado Sancho: grandísimo loco, desgraciado e impertinente.