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Dos sucesos: significados distintos

Politicón
/ 2 mayo 2021

Parece innegable que el golpe contra el gobernador de Tamaulipas es una persecución política. Estamos contemplando la lucha por el poder y cómo al paso del tiempo se encarniza. El Presidente tiene una larga carrera de lucha contra el poder que al mismo tiempo la transformó para hacerse del poder. Ha sido un peleador rudo desde hace cuarenta años. Tal vez lo que estamos viendo no sea anómalo sino muy lógico. Es claro que él tiene esa caracterización que le ha servido para estar donde está. Desde el PRI luchó contra el PRI, atacó con verdadera saña al PAN y después largó al PRD, del cual formaba parte. Luego, una vez que tuvo la suficiente cercanía al pueblo (visitó todos los ayuntamientos de México y centenares de instituciones), se fue alejando de sus propios y más cercanos seguidores. Esto es un poco lo que nos tocó ver y vivir en este convulsionado país. Atacar a Francisco García Cabeza de Vaca no es solo arremeter contra un enemigo personal sino contra el partido que representa y el Estado que gobierna. Carlos Salinas de Gortari lo hizo con una decena de gobernadores y todo mundo lo ha olvidado. Es, un poco, la cultura mexicana desde sus inicios (Miguel Hidalgo peleó con sus más fieles seguidores).

Lo que leemos en los diarios, lo que escuchamos en televisión y los comentarios de la gente tiene un tinte curioso: vemos cómo se perciben los acontecimientos. Sucede que estamos viviendo algo que ya habíamos experimentado. Ahora el PRI ataca a Morena por hacer las cosas que acostumbró durante noventa años. El PAN, abuelo de los partidos, que en un momento pudo haber sido el relevo, la medicina, el cambio… resultó un fraude. Vicente Fox tuvo en sus manos el poder total, del cual abdicó a pocos meses de recibirlo. Fox no deberá ser perdonado jamás. Ahora AMLO tiene ese mismo imperio y lo está usando. No justifico todas sus acciones, pero intento comprenderlas. Después del sexenio de Enrique Peña Nieto, todos los mexicanos deberíamos estar indignados con nuestros políticos, de cualquier color que sean. Lo sucedido en el sexenio pasado no tiene nombre.

Olvidar que los gobernadores de un buen número de entidades robaron miles de millones de pesos es falta de patriotismo. Coahuila, Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas (ya con tres exgobernadores en la cárcel), Veracruz, Puebla y otros más se llevaron el tesoro de la nación a paraísos fiscales. Perseguir a Cabeza de Vaca es una obligación moral, fuera de ser contenciosa. Uno de los pocos gobernadores castigados es el idiota de Veracruz, cuya esposa disfruta del robo en Londres.

Cambio. Precisamente en un ambiente como el que vivimos podemos decir que México todavía cuenta con gente limpia, honesta y generosa. Esta semana murió un saltillense ejemplar: Víctor Blanco Icazbalceta. Agrónomo de la Narro en la que, cuando todavía existía el comedor y hospedaje para sus alumnos, Víctor se destacó por su férrea disciplina y su activismo. Tuvo una relación de no menos de cuarenta años con los campesinos del desierto y apoyó a organizaciones relacionadas con el campo. Hace décadas en una comida salió el tema “Víctor Blanco”. Solamente se expresaron elogios. Alguien tomó la palabra: “Víctor encontró tirados cien mil pesos. Fue tocando puertas de casa en casa preguntando al dueño si no los había perdido”. Es evidente que este es un bello cuentito que quería simbolizar la honestidad a toda prueba de Víctor. Trabajó en Conafrut, apoyó la reforestación, pero no necesariamente la de las sierras sino la del desierto. ¿Cómo? Creyó que había que recuperar la superficie de tierra a la que se la arrancaron sus plantas: sembró cientos de miles de nopales, lechuguillas, mezquites y otras matas. Promovió huertos familiares, panaderías comunitarias y luchó de frente contra no pocas instituciones federales, estatales y locales que no daban respuesta a las necesidades de los pobres.

Momento difícil el que vivimos. Esta pandemia, la de la política, parece más peligrosa que la del Coronavirus. Resta decir que siempre hay quien se atreva a ser diferente, a luchar por México. Hay ejemplos. Deberíamos reconsiderarlos y seguirlos.

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