El Cine Mexicano y la Cortina de Humo del Nacionalismo

Politicón
/ 9 abril 2018

En México no abundan las buenas noticias, quizás sea por esto que tan pronto como sabemos de una la celebramos cual hito histórico nacional. Tal ha sido el caso de la reciente saga de triunfos de cineastas mexicanos en el extranjero.

A propósito del hecho de que un mexicano ganó el premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, mejor conocido como “Premios Oscar”, en la categoría de mejor director, el tapatío Guillermo Del Toro, con la cinta “The Shape of Water”,  y las aclamaciones y vítores de índole nacionalistas no se hicieron esperar.

Al igual que en las tres ocasiones anteriores en que un cineasta mexicano ha sido galardonado con este premio: Alfonso Cuarón en 2014, y Alejandro G. Iñárritu en 2015 y 2016, tanto la prensa nacional como los líderes de opinión, y, por supuesto, el pueblo de México a través de redes sociales aprovecharon la oportunidad para recordarle a al país y al mundo (el colmo del chovinismo) que México capitanea el panorama cinematográfico actual. El reconocimiento otorgado a los tres realizadores mexicanos ha inyectado a la nación de un muy necesitado espíritu de “sí se puede”. Muchos de estos elogios celebran al país en sí, tanto o más que a los cineastas en cuestión, como si la nación mexicana entera hubiera sido laureada con la codiciada estatuilla.

Yo, sin embargo, me uno al reducido y marginado grupo de detractores de semejantes manifestaciones, no porque tenga nada en contra de Del Toro o sus colegas, todo lo contrario; los admiro enormemente, sino porque veo más motivos de vergüenza que de orgullo en la noticia de que los más talentosos artistas mexicanos están dejando el país para buscar un nuevo hogar donde poder contar sus historias.

Tales manifestaciones de júbilo son un autoengaño y una evasiva perniciosa, pues propagan la falsa noción de que el cine mexicano goza de buena salud. Si esto es cierto o no, depende de si el lector es afín ya sea a las cintas mexicanas que frecuentemente se estrenan en los cines comerciales, mayoritariamente comedias románticas como “Hazlo como hombre” o “Cómo dejar a tu patán” o las llamadas (frecuentemente por los mismos realizadores) “películas de arte” con producciones soporíferas del estilo de “Güeros” o “La Región Salvaje”.

Si estas películas son un indicador de la buena o mala salud del cine nacional depende del criterio de cada quien, lo que no podemos hacer es otorgarle a México los méritos de “Gravity”, “Birdman”, “The Revenant” y “The Shape of Water”, pues ninguna de estas películas es mexicana pese a los intentos de asociar cada entresijo de sus tramas con tópicos nacionales.

Ni el cine ni ninguna otra manifestación artística debe representar a un país como si se tratara de un equipo deportivo. Si algo de la cultura del país de procedencia del director o guionista se perfila en el producto final será como un derivado de todo un bagaje de influencias. Como lo son también: su sexualidad, su nivel socioeconómicos, sus gustos e influencias artísticas, y, sobre todo; el funcionamiento de su psique.

Sobreestimar la importancia del país de procedencia del artista es el resultado de una visión muy miope de las artes, las cuales se nutren de la individualidad. Aún el cine, en el cual participan tantas personas.

La industria del cine está poblada de talento extranjero. Muchos de los más grandes directores de la historia de Hollywood han sido inmigrantes: Frank Capra, Billy Wilder, Elia Kazan, Milos Forman, Roman Polanski, etc. Y ciertamente, sus mejores películas están impregnadas de una cierta “otredad” que las enriquece y les da ese aura de originalidad del que está dotado el buen arte, pero nadie puede dudar que “Mr. Smith Goes to Washington”, “On The Waterfront”,“Sunset Boulevard o “Chinatown” son películas estadounidenses.

El cine y los cinéfilos tuvimos suerte de que Billy Wilder hubiese abandonado Alemania tras el ascenso del Tercer Reich, pero: ¿Acaso el ya inexistente imperio austrouhúngaro tuvo razón para celebrar este exilio? ¿Tiene México el derecho a sentirse orgulloso del exilio de Del Toro quien, tras un terrible altercado con el crimen organizado en el cuál secuestraron a su padre, tuviera que abrirse camino en Estados Unidos y España?

El caso de Alfonso Cuarón es aún más simbólico. Primero fue expulsado del Centro de Estudios Cinematográficos (CUEC). Después, tras realizar “Solo Con tu Pareja”, dirige en Estados Unidos “La Princesita” y “Grandes Esperanzas”, luego regresa a México y filma lo que para muchos es su obra maestra: “Y Tú Mamá También”, la cual fue alabada casi unánimemente por la crítica internacional, pero, ¡oh sorpresa!, en México se enfrentó a una tibia acogida por parte de la crítica, tanto que se decidió no seleccionar a la obra maestra de Cuarón para representar a México ante los Oscares y en su lugar se escogió a la insufrible: “Perfume de Violetas” ¿Alguien se acuerda de ella?

Aún así “Y Tu Mamá también” fue un éxito que le brindó a Cuarón un aluvión de oportunidades que lo llevaron a Londres, donde ha tenido residencia desde entonces. Filmó “Harry Potter y El Prisionero de Azkaban”, por invitación de la propia J.K. Rowling; la espléndida “Children of Men”, y la multipremiada “Gravity”.

Tras esta última producción, Cuarón tenía el mundo a sus pies, ¿Decide hacer otra película de presupuesto multimillonario con grandes celebridades? No. Regresa a México para filmar “Roma”, una película de bajo presupuesto con talento local. Esta era la oportunidad dorada para que México tratara al hijo prodigo con la deferencia que merecía; después de todo, el país se vería enormemente beneficiado de contar con más películas mexicanas de Alfonso Cuarón. En vez de eso, la filmación se vio asediada por la violencia y la corrupción de las autoridades locales quienes vandalizaron (no hay eufemismo que valga) la producción, golpeando y robando al equipo de filmación. Vaya bienvenida la que recibió Cuarón en su país de origen.

Asumo que ningún mexicano estará orgulloso de ello y que por eso preferimos no hablar del tema. Es mucho más cómodo recordar a Cuarón en la alfombra roja y clamar: “Ese es uno de los nuestros”, que recordar que en su propio país no puede ejercer su trabajo en paz. Nadie dijo que hacer cine era fácil, es cierto, pero enfrentarse a los macanazos de la policía es mucho más abyecto y humillante que las penurias por las cuales pasaron Iñarritu y compañía filmando “The Revenant” en la tundra canadiense.

Por mucho que duela, creo que debemos hablar de ello, más aún que de los logros de nuestros compatriotas que han triunfado en el extranjero.

Queda mucho trabajo por hacer para apoyar al cine en México antes de que sus jóvenes promesas tengan que emigrar para realizar su oficio sin morirse de hambre. Este es un trabajo que no compete únicamente al gobierno, sino también a la iniciativa privada, al público, y a los mismos cineastas, quienes muchas veces parecen más empecinados en ser vistos como artistas que en hacer una buena película, lo cual, comprensiblemente repele a un gran sector del público (No le vendría nada mal a Michel Franco o a Amat Escalante darse cuenta de que no son Ingmar Bergman y que quizás sería bueno que dejaran de intentar serlo).

Hay esperanza: un buen ejemplo de cine mexicano que no aliena al público sin tampoco ser un insulto a la inteligencia es “Vuelven”, de Issa López. A mi parecer, la única producción nacional de los últimos años que es digna de elogios, y la cuál pasó relativamente desapercibida en México. Necesitó del apoyo de Stephen King y de Guillermo Del Toro para que las distribuidoras nacionales, presionados por las redes sociales, mostraran interés en su difusión. Nuevamente una producto mexicano obtiene notoriedad por su indudable calidad, a pesar de la poquísima distribución en el territorio nacional.

Aún así, “Vuelven” no tuvo el recibimiento que se les dio a insulsas comedias genéricas como “Hazlo como Hombre”. No me sorprendería enterarme, dentro de unos años, que a Issa López la han invitado a Estados Unidos o Reino Unido para dirigir una película. Quizás incluso gane algunos cuantos premios, incluyendo el Oscar, y todo México celebre su triunfo como un nuevo logro para la nación, olvidando convenientemente que cuando “Vuelven” estuvo en cartelera el foco de atención estaba puesto en “Coco”.

Nadie duda que “México tiene talento”, pero semejante aforismo ubicuo utilizado por tantos demagogos no tiene ninguna validez si ese talento no tiene más opción que buscar otras fronteras para dar frutos. Hablar del estado del cine y de las artes en general dentro de la nación es mucho más urgente que el montarnos en los robustos hombros de Guillermo del Toro y clamar que en México “Sí se puede”, cuando la verdad es más bien: “Los mexicanos sí pueden… algunos… a pesar de todo”. 

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