El Jefe Máximo
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Jefe Máximo, así se llamó a Plutarco Elías Calles, fundador del sistema político mexicano todavía vigente. Maximato se llamó al periodo de su hegemonía personal. Circulaba este dicho: “El Presidente vive en el Castillo de Chapultepec, pero el que manda vive enfrente”. Durante el Maximato fueron presidentes de la República Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez.
A la muerte de Obregón, Calles supo hacerse de todo el poder, tuvo la astucia necesaria para aglutinar a los poderosos caudillos postrevolucionarios en el Partido Nacional Revolucionario, abuelo del PRI. Si tenías fichas suficientes, es decir votos, sectores sociales o dinero, eras bienvenido a la mesa de negociación y reparto de cuotas de poder.
Cárdenas terminó con el Maximato, enviando al exilio al Jefe Máximo. Cambió el nombre del PNR a Partido de la Revolución Mexicana y dio impulso a reformas de contenido social. Lo sucedieron los presidentes Manuel Ávila Camacho que rebautizó al PRM como PRI, Miguel Alemán que reconcilió al régimen con el sector empresarial, Ruiz Cortines, López Mateos y Díaz Ordaz que lideraron en tiempos del desarrollo estabilizador, Echeverría, López Portillo, De la Madrid y Salinas de Gortari que, para llegar al poder necesitó de “la caída del sistema” y perdió la mayoría calificada en el Legislativo que antaño permitía reformar la Constitución.
En 1997, con Ernesto Zedillo, el PRI perdió por primera vez la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Fox, Calderón y Peña Nieto tuvieron que lidiar con esa realidad adversa. El equilibrio de poderes provocó un virtual inmovilismo legislativo. Dos décadas después, Morena tendrá en el Congreso de la Unión mayoría absoluta y suficientes legislaturas locales. Le faltan muy pocos diputados y senadores para lograr la mayoría calificada, necesaria para reformar la Constitución.
Podremos estar o no de acuerdo con López Obrador, pero es muy probable que pueda emprender su cuarta transformación de México. Si a números vamos, su triunfo fue contundente e histórico. Es el presidente electo con mayor votación en la historia, más de 30 millones de votos. Porcentualmente quizá no alcance a José López Portillo que fue candidato único, pero trae consigo una gran legitimidad democrática por el altísimo número de votos obtenidos. Ni el pronóstico más optimista le daba la mayoría absoluta en el Congreso. Parecía imposible. Pero los mexicanos tenían otros planes.
Morena será la primera fuerza política en el país, incluso sin sumar los votos de sus aliados. La votación del PAN y del PRI se desplomó a niveles históricos. Morena tendrá cinco gobernadores, 69 de 128 senadores; 310 de 500 diputados federales, 385 de 585 diputados locales, esas cifras le dan la mayoría de las legislaturas de los estados. Por primera vez gobernará 13 capitales estatales y 314 ayuntamientos. En la Ciudad de México obtuvo el triunfo en 11 de 16 alcaldías.
No hay pretextos, el México que vota dio a López Obrador todo el poder para que transforme el país. Puede usarlo para bien y con éxito; o fracasará en el intento. Los primeros días de la transición han resultado muy positivos. La confianza que ganó en las urnas le permite gozar de cinco meses de luna de miel sin haber rendido protesta como presidente. AMLO declaró la guerra a la corrupción, será su principal batalla y no será sencilla. El enemigo es fuerte y está enquistado hasta el tuétano, tanto en el servicio público como fuera de él. No dudo que enviará señales y dará ejemplo de austeridad y humildad en las formas. El poder podrá transformarse, pero eso no significa que todo se va a resolver automáticamente. Quizá nos demuestre que es buena persona, honesta; eso no significa que el resto lo sea. La corrupción es un delito, debe combatirse como tal, pero en nuestro país reina la impunidad. Si llegamos al éxito tan anhelado, será tras un proceso, largo y tortuoso. El mérito, en todo caso, será de quien lo inicie y de quienes, desde la oposición, apuesten a ese proceso.
AMLO es un nuevo jefe máximo, aglutina a su partido y, por lo visto, en Morena cabe de todo. La corrupción no tiene ideología, sólo intereses. La llamada derecha o centro derecha no pudo con ella, por el contrario, la absorbió. Ahora toca a la izquierda. Los tentáculos del sistema empiezan a moverse. Ya se mira el cortejo de los poderosos.
La clave del éxito radica en generar condiciones de bienestar e incluir a los excluidos y marginados. Cada minuto invertido en cortejar al poder y al dinero, es un minuto menos para atender las necesidades de quienes votaron Morena. La intención del gobernante es importante, pero ni de lejos suficiente. El cambio verdadero empezará a verse cuando se instauren procesos democráticos y transparentes para tomar decisiones y atender al ciudadano. Cuando verdaderos demócratas formen parte de instituciones democráticas reguladas por leyes democráticas. No hacer esta tarea, harto aburrida para efectos mediáticos, sería la causa primaria de un fracaso por venir. Ya vimos esa película. Por el bien de todos, toca desear lo mejor al próximo gobierno, que tenga éxito.
@chuyramirezr
Facebook: Chuy Ramírez