El Primer Informe de Gobierno
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Entre otros muchos aspectos formales y simbólicos, el advenimiento de la democracia efectiva al sistema político mexicano modificó la tradicional ceremonia del Informe de Gobierno
Si en efecto México transita en la actualidad a una Cuarta Transformación en su historia, el presidente Andrés Manuel López Obrador encabezará este 1 de septiembre la presentación de un formato distinto a los de sus predecesores, de su Primer Informe de Gobierno.
Como en muchos otros casos, el Ejecutivo Federal ha demandado a la prensa: “no me comparen” con quienes encabezaron el Gobierno de la República en años anteriores. Antes, dice, entre la gente del gobierno y hombres de negocios, existían acciones de corrupción; hoy, jura y perjura, su sexenio es de gente honrada.
Habrá que ver cómo se traducirá esa diferencia en la integración de los equipos de gobierno en la presentación de la primera evaluación oficial del Gobierno de la República que ganó el poder en las urnas el 1 de julio de 2018.
Los informes presidenciales, ya se saben, durante el priismo del siglo pasado se convirtieron en el “Día del Presidente”. La clase política y representantes de todos los sectores sociales se volcaban para ver -y dejarse ver- por el Mandatario en turno.
El discurso que justificaba aquella parafernalia tricolor pasaba a segundo plano, pues las horas, sí, las horas, de lectura se llenaban de autoelogios y de un listado interminable de obras y logros en todo el territorio nacional, aunque no poca veces se mencionaron como promesas cumplidas acciones inexistentes o, con suerte, en proceso.
Los informes eran la única ocasión en el año, en que los Presidentes de la República acudían a la sede del Poder Legislativo y en las décadas de los años 60, 70 y casi todos los 80, no existía el mínimo cuestionamiento, así fuera de la oposición más combativa, a la voz imperial de quien despachaba desde la residencia oficial de Los Pinos.
En aquellos años, que hoy se ven tan lejanos, las únicas interrupciones eran la de los invitados al Informe que se ponían de pie para aplaudir las menciones de los avances del País, alcanzados gracias a la benevolencia presidencial.
El avance de la oposición política en el número de sus representantes en las Cámaras del Congreso de la Unión, así como la llegada, después de gobernadores y alcaldes surgidos de partidos diferentes al PRI, prometía una pluralidad que, lamentablemente no mejoró la presentación de los Informes de Gobierno.
Más aún, prácticamente desaparecieron ese ordenamiento constitucional, merced a una interpretación a modo. Para evitar rechiflas, gritos, mantas y cartelones, los presidentes priistas, primero y después los panistas, se limitaron a entregar un informe de gobierno por escrito y organizaron fiestas privadas para dar discursos laudatorios de los logros de sus administraciones.
Después de dar conferencias de prensa cada mañana, es difícil imaginar qué podrá decir López Obrador que aún no haya anunciado. El formato, al parecer, será como en los últimos años por mucho que este sexenio pretenda ser el de la 4T. A ver si este domingo aparece sobre Palacio Nacional algo nuevo bajo el sol.