Escapismo simbólico, el arte de los demagogos

Politicón
/ 2 agosto 2021

El pasado 28 de mayo, el gobierno de Argentina tomó la decisión iluminar el edifico del Congreso de la Nación de rojo, para “visibilizar” el serio problema de la higiene menstrual; un par de semanas después, el 25 de junio, el índice Morgan Stanley Capital International (MSCI) bajaba su calificación del grado de inversión de Argentina a la categoría “stand alone”, es decir, por debajo de los países emergentes y de frontera, junto con Jamaica, Trinidad y Tobago, Bosnia, Ucrania, Botsuana y Zimbaue.

La baja de la calificación crediticia era previsible: 50% de inflación durante los 12 meses previos, restricciones a la compra libre de dólares y otras divisas por parte del gobierno, incumplimiento en pagos de la deuda soberana y la incertidumbre causada por las frecuentes declaraciones anticapitalistas del presidente Alberto Fernández, son factores que hacen de esta nueva baja de calificación algo poco sorprendente.

El 31 de mayo, la OCDE dio a conocer su Informe de Perspectivas Económicas, según el cual, Argentina sería el país del grupo que más va a tardar en recuperarse de las afectaciones económicas provocadas por la pandemia del Covid-19, o dicho más exactamente, por las restricciones gubernamentales con motivo de la pandemia. Tampoco esto resulta extraño, puesto que las medidas restrictivas de las libertades de tránsito y de las actividades en general en Argentina hicieron de su cuarentena una de los más largas y estrictas en el mundo – y. por ende, una de las más nocivas para miles de negocios de todos tamaños y las familias que viven en torno de ellos –.

¿Qué tiene todo esto qué ver con el espectáculo de iluminación del Congreso? Nada, o más bien muy poco: si bien la marcha vergonzosa de la economía argentina es producto de una serie de decisiones gubernamentales poco informadas, improvisadas y con un fuerte componente ideológico (en detrimento de criterios técnicos económicos), el episodio del Congreso teñido de rojo menstrual es relevante como indicador de dónde está la atención del gobierno de Fernández y de sus correligionarios, mientras el país se hunde vertiginosamente en la espiral del subdesarrollo.

Los gobiernos de Fernández en Argentina y de López Obrador se parecen en ese aspecto.

Si bien, debe reconocerse que López obrador ha tenido la prudencia de no entrometerse demasiado en las decisiones macroeconómicas que no entiende, y también ha acertado en tener una política menos restrictiva frente a la pandemia, hay una actitud/estrategia similar frente a los problemas que enfrenta México: entretenerse y entretenernos en una interminable serie de “reivindicaciones” simbólicas: convertir la ex residencia oficial de Los Pinos en un museo, enviar una carta al Rey Felipe VI de España pidiendo disculpas por la conquista, cambiarle el nombre a las secretarías, ponerle un gafete de “Guardia Nacional” a los mismos militares encargados de la seguridad pública que prometió regresar al cuartel, rebautizar el árbol de la Noche Triste como el árbol de la “Noche Victoriosa”, etc., etc., etc.

Si el caso de Argentina parece de pena ajena, el de México no es más halagüeño: con una crisis de violencia más aguda que nunca en la historia del país (superando ya el número de homicidios por año de los peores años de Calderón o Peña), territorios completos controlados de plano por grupos de criminales o de particulares armados, falta de crecimiento económico y desabasto de medicinas en los hospitales públicos. A más incompetencia y decisiones estúpidas, más política simbólica.

Resulta evidente que el ejercicio de la consulta popular promovida por el presidente y su coalición, que pretende enjuiciar (simbólicamente) a los pasados gobiernos “neoliberales” de México se trata de una distracción más y no de un proceso jurídico serio encaminado al combate de la corrupción.

La única manera de para la espiral de polarización y distracción demagógica que nos mantiene atentos al siguiente escándalo provocado desde el Palacio Nacional es ignorando, en la medida de los posible, los exabruptos del presidente y sus compañeros de partido y no dejar de poner el dedo en el renglón de los asuntos que afectan de verdad a los ciudadanos: medios de comunicación, políticos de oposición y ciudadanos tenemos esa responsabilidad en común.

Al día de hoy, domingo 1 de agosto que se celebra la consulta popular en cuestión, Saúl Huerta, el diputado de Morena y artífice documentado de la violación de un menor de edad sigue gozando de su fuero y de la protección del presidente y su partido.

@CarlosDavila_mx