La desigualdad salarial en nuestro país, causa de muchos males
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El salario está determinado por el precio mínimo de la mercancía, es decir, la plusvalía, que es el trabajo excedente que le da valor porque es realizado por una persona.
Carlos Marx
Desde su nacimiento y concretamente desde la llegada de los conquistadores, México nació en condiciones de desigualdad que hasta la fecha siguen vigentes. Se manifiesta en condiciones, niveles y esperanzas de vida fuertemente diferenciados entre personas y grupos poblacionales y determina trayectorias laborales y educativas que profundizan estas distancias. Ha sido un fenómeno histórico y cultural en un problema de grandes magnitudes que ha dado origen a un sin número de causas que impiden el progreso y el bienestar de quienes somos parte de este país.
La pobreza, la migración, el desempleo, la delincuencia, la falta de democracia en virtud de los bajos niveles de autoestima ciudadana, la falta de oportunidades de empleo, de vivienda, de educación, de poder tener una atención sanitaria digna y los bajos salarios; entre otras realidades que son contrarias a la dignidad humana, son algunas de las consecuencias de dicho fenómeno.
La desigualdad social engloba otras formas desigualdad, como la jurídica, la económica y la cultural que han marcado a nuestro país desde el principio. Teniendo en cuenta que esta tiene que ver con la estratificación social y todo lo que esto implica. En el caso concreto de América Latina y particularmente México, éste sigue siendo un espacio de profundas desigualdades, superando incluso a las regiones africanas. Por supuesto, la insatisfacción y la inequidad debilitan los vínculos de cooperación en el seno de la sociedad, cuestionan la legitimidad de las instituciones y conllevan una pérdida de credibilidad en las autoridades. En el caso de nuestro país, es impresionante el panorama de polarización en cuanto a desigualdad se refiere, por ejemplo, Chihuahua y Oaxaca dan cuenta de los enormes contrastes no sólo como estados, sino también en sus municipios.
Según CONEVAL 2015, Chiapas, Oaxaca y Guerrero son los estados más pobres del país, casualmente los que más conflicto sociales presentan, Nuevo León es el más boyante. De los 10 municipios más pobres de México, seis pertenecen a Chiapas, tres a Oaxaca y uno a Veracruz. Como bien lo saben, el municipio más rico del país sigue siendo San Pedro Garza García. A manera de comentario, Chiapas es el estado más rico en México en cuanto a biodiversidad y recursos, pues es el mayor productor de energía eléctrica en el país, pero el 34% de la población carece de electricidad en sus casas; ocupa el primer lugar nacional en producción de café y el segundo lugar en producción en maíz y carne y es el estado con mayor desnutrición infantil y mortalidad materna, en datos de INEGI y del Instituto Nacional de Salud en sus informes más recientes.
Es claro que una sociedad tecnificada, pragmática y utilitaria solo puede dar origen a personalidades que piensan y actúan bajo los mismos criterios de donde emerge una nueva actitud, el individualismo. Sin pensarlo y de manera lenta pero segura, el pensamiento fundamentado en la libertad del individuo no tomó en cuenta la responsabilidad humana y se generó un desequilibrio general que ha impactado las entrañas de nuestra sociedad y que ha traído consigo una desigualdad muy marcada entre los seres humanos que tiene como punta de lanza las percepciones económicas. En este sentido, la desigualdad de oportunidades, jurídica, económica y educativa que trae como consecuencia desigualdad de capacidades para conseguir funcionamientos valiosos y la desigualdad en cuanto a la obtención de recursos a través de una remuneración equitativa que dan cobertura a las necesidades básicas de las personas son los grandes ausentes en el escenario nacional donde se ha visto el crecimiento económico, no así el desarrollo de las personas.
Será importante recordar que el concepto de desarrollo humano, está estrechamente relacionado con la capacidad de sus habitantes para desarrollar su potencial productivo y creativo; en ese sentido, es mucho más que un criterio económico, se encuentra íntimamente ligado a los bienes primarios necesarios para la construcción de una democracia. Son aquellos que todo individuo reclama como condición insoslayable para el desarrollo auténtico de su dignidad en cuanto persona y para el cumplimiento de su vocación en la comunidad social. Los bienes primarios son, teniendo como referencia a John Rawls, en su libro Teoría de la Justicia; derechos y libertades básicas, libertad de movimiento y de libre elección del empleo en un marco de oportunidades varias, poderes y prerrogativas de cargos y posiciones de responsabilidad en las instituciones políticas y económicas de la estructura básica, ingresos y riquezas; y por último, las bases sociales del autorrespeto.
Así, para que las personas puedan desarrollarse de manera plena, requieren de un ingreso digno que les permita cubrir sus necesidades básicas, de una educación adecuada y de una vida larga y saludable. El Estado, como responsable, debe de procurar un desarrollo pleno de los individuos y combatir la desigualdad. El problema de estas diferencias tan marcadas en un país como el nuestro, donde los bienes primarios; líneas atrás mencionados, no se han consolidado son según la Organización Internacional del Trabajo en su Informe 2014, los bajos salarios. Estos de entrada son causales de la polarización social; donde unos cuantos tienen demasiado, en contraposición con muchos que nada tienen y que se ha venido convirtiendo en caldo de cultivo para que la violencia, la inseguridad y la delincuencia, que tienen causas multifactoriales, sean abonadas por el bajo poder adquisitivo que tiene como base al salario.
El estado mexicano no puede desentenderse de la situación actual y debe caer en la cuenta de que la falta de una remuneración equitativa, especialmente para los trabajadores jóvenes, es una trampa de la que resulta difícil liberarse debido a la falta de oportunidades para el desarrollo de competencias y otros factores. Al surgir una situación en la que una gran proporción de personas se siente rezagada, con pocas perspectivas de alcanzar a los que tienen una mejor remuneración, el riesgo de tensiones políticas y sociales se ve incrementado como ocurre en este momento.
De 1984 a 1989 la desigualdad del ingreso empeoró, pero se complicó más en 1996. Una de las áreas donde más se dio cuenta de la disparidad salarial fue en el área de la manufactura. A partir de 2007 a la fecha, no se han dado grandes cambios sustanciales en materia de remuneración, lo único que no cambia es la influencia que tiene el mercado en las alzas salariales que no son representativas en el bolsillo de las grandes mayorías.
Hoy los altos salarios que se despachan servidores públicos son escandalosos y marcan diferencia. El presidente de la República reporta un salario de 193,478 pesos, los responsables de las fuerzas armadas en México (Defensa Nacional y Marina, perciben una remuneración aproximada de 200,000 pesos al mes y sus secretarios apenas debajo de él. El ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación gana un salario aproximado de 651 mil 241 pesos mensuales y su remuneración anual, incluyendo prestaciones, es de 6.7 millones de pesos. Los diez ministros adscritos a la primera y segunda sala que integran la Suprema Corte ganan 520 mil 011 pesos por mes, agregando prestaciones de ley, percibirán 4.2 millones este año. Los senadores de la República perciben una dieta de 236 mil 67 pesos y los diputados en nuestro país perciben un sueldo de 213,600 pesos mensuales. Como lo habíamos señalado ya en otra entrega el salario mínimo en México, según el Diario Oficial de la Federación fechado el 1 de enero de 2016 es de 73.04.
En este escenario, considere ¿Están de más los reclamos, las marchas, las protestas, las inconformidades en una parte del territorio nacional? En la situación que hoy nos complica en nuestro país, las marchas y protestas de los maestros, es claro que no todos ganan lo mismo y es más claro que no ganan lo justo. La protesta no es el punto focal que ésta detrás de sus reclamos, sino un tema de injusticia que el estado que vive en el país de las maravillas, no lo entiende, no lo sopesa y no tiene capacidad de negociación. En el fondo de esta llamada de atención, como en muchas otras cosas se encuentra el tema remuneración justa, sino pregúntele a los maestros de la UAC y la UAAAN ¿en razón de que son sus reclamos? Lo pecunario, es la preocupación y justamente.
Evidentemente, no se puede dejar de lado que el salario es un elemento simbólico intercambiable, donde el hombre es capaz de empeñar gran parte de sí mismo, de su esfuerzo y de su vida. Con dicha remuneración, muchos objetivos finales desde la perspectiva de los bienes externos (dinero, poder, fama, riqueza) pueden ser alcanzados. De esta forma en la sociedad, el salario se convierte en la fuente de renta que define el patrón de vida de cada persona, en función de su poder adquisitivo y que asegura su desarrollo individual y luego el de la comunidad. La obligación del estado mexicano, a través de la CONASAMI (Comisión Nacional de Salarios Mínimos) de otorgar un salario equitativo que combata la desigualdad, no emana de la fuerte probabilidad de empobrecimiento a que están expuestos los trabajadores en las actuales condiciones de inequidad impuestas por el mercado, sino de que se añada una premisa de naturaleza normativa, por ejemplo, la proposición según la cual cada ser humano tiene el derecho de vivir dignamente.