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‘La Experiencia Humana’

Politicón
/ 4 enero 2016

    Vale la pena apostarle a estar más sensibles a las realidades que nos envuelven, aprender de nuestras experiencias, para así comprender lo que a otros sucede y darnos personalmente en consecuencia

    No es rico el que tiene mucho, sino el que da mucho”

    Viktor Frankl (1905- 1997), creador de la logoterapia,  sostiene que los seres humanos podemos sufrir inmensamente y salir adelante, siempre y cuando le encontremos sentido a la existencia  y a todo aquello que nos vemos obligados a vivir, siempre y cuando en el corazón se alberge una ilusión, un impetuoso anhelo.
    Para Frankl los seres humanos podemos hacer de los obstáculos,  de lo “intolerable”, del dolor, del sufrimiento, inclusive de situaciones infrahumanas,  nuevos caminos y esperanzas;  entendiendo que la vida cambia en cada momento, con cada decisión que emprendemos; comprendiendo que en esas decisiones reside nuestra irremediable libertad: “El ser humano no es una  cosa más entre otras cosas; las cosas se determinan unas a las otras; pero el hombre, en última instancia, es su propio determinante. Lo que llegue a ser –dentro de los límites de sus facultades y de su entorno- lo tiene que hacer por sí mismo.”
    Sin duda, los seres humanos tenemos un inmenso poder en nuestra voluntad, mente y espíritu, siendo el amor el motor para lograr lo inimaginable. Lo imposible.
    Comento lo anterior,  como una propuesta de reflexión, como una forma de iniciar el año y qué mejor si analizamos la experiencia de personas que ponen en manifiesto eso que decía Nietzsche “Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo”.

    El ser humano no es una cosa más entre otras cosas; las cosas se determinan unas a las otras; pero el hombre, en última instancia, es su propio determinante”,

    Alrededor del mundo

    Human Experience  (La Experiencia Humana) es un documental del año 2010, de la productora independiente Grassroots Films, ganador de más de 30 premios, que narra la historia de dos hermanos estadounidenses (Brooklyn) Jeff y Cliff Azize,  los cuales nacieron en el seno de una familia desarticulada, sin amor materno ni paterno, y  que,  en un momento de sus vidas, ante sus vacíos existenciales, decidieron contestarse esas preguntas con las que todos los días la vida suele interrogarnos, pero que intentamos obviar:¿Quién soy?, ¿quién es el hombre?, ¿cuál es el sentido de la vida, del dolor, de la muerte?, ¿en dónde reside la felicidad?, para lo cual emprendieron un largo viaje de búsquedas y encuentros.(https://www.youtube.com/watch?v=3UrmlKXUK4w).
    Partiendo de estos cuestionamientos  y con el afán de encontrar respuestas Jeff y Cliff primero decidieron pasar, en pleno gélido invierno neoyorquino, una semana en las calles con indigentes, con los “sin techo”, sobreviviendo solamente de las limosnas de los transeúntes. 
    Paulatinamente, creció su interés por conocer vivencialmente a personas que se encontraban en situaciones de alta vulnerabilidad. Paradójicamente, mientras los hermanos ayudaban a estas personas, las entrevistas, conversaciones y experiencias vividas con ellas, los llevaron a descubrir la empatía, la  belleza y  la calidez que la mayoría de los “olvidados” poseían a pesar de su sufrimiento, fue entonces que Jeff y Cliff también empezaron  a comprender los motivos  que los seres humanos tienen para salir adelante ante situaciones extremas. Adversas. Impensables. 
    Posteriormente, los hermanos viajaron de voluntarios a un orfanatorio de Perú cuya misión es atender  a los pequeños  con enfermedades graves, hijos de familias humildes. Luego de vivir esta experiencia viajaron a un hospital para enfermos desahuciados en Ghana, África. 

    La esencia

    El documental trata de responder a una pregunta sencilla “¿Nos hemos olvidado de qué significa ser humano?”, para contestar esta interrogante los hermanos  entrevistan  a un gran número de personas muy diversas entre sí, pero que tienen en común inhumanas existencias: vagabundos  neoyorquinos,  padres de niños palestinos y judíos muertos en  la guerra, niños discapacitados viviendo en orfanatos, leprosos,  mujeres maltratadas, combatientes, presos y  el punto de vista de espectadores de estas realidades.
    En todo momento el documental pretende exaltar la esencia de la dignidad de la persona sobre cualquier otro valor humano, también  destaca que el sufrimiento “te lleva al corazón mismo de la vida”; además,  evidencia la fortaleza espiritual y la inquebrantable resiliencia del ser humano, el poder del perdón y el esplendor del amor. 
    Por otro lado, el documental hace imposible que olvidemos  lo peor del ser humano y sus estructuras sociales, políticas y económicas: el poder y el dinero de las minorías que insensibles disfrutan de bienestar ante las carencias y explotación de las mayorías; las estúpidas guerras que provocan sufrimiento; la hambruna; la trata de personas; la inadmisible manifestación de la discriminación en sus enormes dimensiones; los huérfanos de los huérfanos; así como, la ineptitud, corrupción y degeneración de la mayoría de los gobernantes y políticos del mundo,  que pareciera que sus corazones han sido invadidos por el virus del egoísmo, la indiferencia, la corrupción y el desamor.

    Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo”

    Reto 2016

    El documental me recordó eso que decía Fromm: “No es rico el que tiene mucho, sino el que da mucho. Sin embargo, la esfera más importante del dar no es la de las cosas materiales, sino el dominio de lo específicamente humano. ¿Qué le da una persona a otra? Da de sí misma, de lo más precioso que tiene, de su propia vida. Ello no significa que sacrifica su vida por la otra, sino que da lo que está vivo en él: da de su alegría, de su interés, de su comprensión, de su conocimiento, de su humor, de su tristeza...”
    También a mi memoria arribó la parábola de vida que narra de Mello: “Un autobús cargado de turistas atraviesa una hermosísima región llena de lagos, montañas, ríos y praderas. Pero las cortinas del autobús están echadas, y los turistas, que no tienen la menor idea de lo que hay al otro lado de las ventanillas, se pasan el viaje discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento del autobús, a quién hay que aplaudir, quién es más digno de consideración... Y así siguen hasta el final del viaje”.
    Igualmente, recordé a  Henry J. M. Nouwen: “Durante mucho tiempo consideré la baja autoestima una virtud. Me habían prevenido tanto contra el orgullo y la presunción que llegué a considerar que despreciarme era algo bueno. Pero ahora me he dado cuenta de que el verdadero pecado es negar el amor de Dios hacia mí, ignorar mi valía personal. Porque sin reclamar este primer amor y esta valía, pierdo el contacto con mi verdadero yo y empiezo a buscar en lugares equivocados lo que sólo puede encontrarse en la casa del Padre”.

    Mi apuesta

    Sin duda, vale la pena ver este documental para reflexionar sobre el sentido de la vida, pero yo le apuesto a estar más sensibles a las realidades que nos envuelven; le apuesto a aprender de nuestras experiencias personales para así comprender lo que a otros sucede, para darnos personalmente en consecuencia.
    Le apuesto a mirarnos en el espejo para descubrirnos; le apuesto a preguntarnos si acaso vamos por el camino del sentido y propósito de vida consciente y deliberadamente elegido, o si hemos sucumbido a  propuestas ajenas;  si  vemos lo maravilloso del paisaje, o si acaso están echadas las cortinas de las ventanillas del autobús; si sabemos lo que realmente colma, o si acaso estamos buscando la plenitud en lugares equivocados; le apuesto que para “conquistar la paz hay que vencer la indiferencia”.
    Ante todo esto, concuerdo con Viktor Frankl “al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino”,  reto que considero  conveniente y oportuno tener muy presente en 2016. 

    cgutierrez@itesm.mx
    ITESM Campus Saltillo
    Programa Emprendedor

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