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Lo que fue de la Biblioteca del Colegio de San Juan de Saltillo

Politicón
/ 18 julio 2021

A propósito de la colaboración del domingo pasado, algunos lectores pidieron que continuara con el tema porque deseaban saber qué había sido de la biblioteca del colegio jesuita.

En 1867 se fundó en Saltillo el Ateneo Fuente, y 11 años después, la Compañía de Jesús estableció el Colegio de San Juan para la enseñanza primaria y secundaria. A niños y jóvenes varones. Este último tuvo desde el principio su respectivo internado para recibir alumnos de otras ciudades y otros estados. Los alumnos residentes en la ciudad asistían sólo durante el día y hacían sus comidas en el refectorio. Las instalaciones fueron precarias en un principio, pero los jesuitas, educadores por excelencia, cuidaron todos los aspectos de su educación y trabajaron incansablemente para dotar al colegio de todo lo necesario para la formación científica y humanística de sus alumnos. Entre otras cosas, reunieron una buena biblioteca, que con el paso de los años se fue enriqueciendo notablemente, y se adquirieron los equipos e instrumentos más avanzados de la época para equipar los laboratorios y el observatorio meteorológico del plantel.

Las vicisitudes de la revolución acabaron con el colegio jesuita de San Juan. En mayo de 1914, el general Francisco Villa derrotó a los federales huertistas que tenían ocupado Saltillo y entró a la ciudad. Presionado por la alimentación de las tropas, mandó apresar a los sacerdotes con la esperanza de obtener dinero por su rescate, entre ellos a los jesuitas que cuidaban el colegio ya cerrado a sus actividades escolares. No pudo recabar mucho porque los propios religiosos mandaron mensajes a los fieles para que no pagaran por ellos. Enojado, Villa soltó a los más ancianos y al resto los mandó presos a Chihuahua. En el edificio del Colegio de San Juan acuarteló a sus tropas revolucionarias.

Cuando Villa se fue impuso como gobernador a Jesús Acuña Narro, quien para congraciarse con la población tuvo la idea de hacer un jardín público en donde ahora es el estacionamiento del Museo de las Aves, para lo que mandó a demoler los cuartos del lado poniente junto al templo de San Juan, en la parte norte del edificio del colegio. En el derrumbe se descubrió la biblioteca. Había sido cuidadosamente tapiada con adobes, simulando un muro ciego que no llevaba a ninguna parte. Fue el último esfuerzo para salvar sus preciados libros de la destrucción y la ignorancia. Acuña mandó que se guardara la biblioteca en un salón del mismo edificio abandonado y semidestruido del colegio. Al cruzar la calle de Hidalgo, donde hoy es el asilo de ancianos, estaba la Escuela Correccional del Estado y sus alumnos se dedicaron a saquear la biblioteca. Los muchachos se robaban los libros para venderlos a los comerciantes del mercado y a los tenderos del barrio.

En 1917 llegó a la gubernatura del estado Gustavo Espinoza Mireles y, al enterarse de la situación de la biblioteca del antiguo Colegio de San Juan, mandó entregar los libros que quedaban a la biblioteca del Ateneo Fuente. Una crónica jesuita dice que, muy mermada, la biblioteca le fue devuelta a la Compañía de Jesús en 1921. Hacia 1983, los jesuitas entregaron al obispado el templo de San Juan y cerraron su residencia en Saltillo, donde había unos trescientos volúmenes con los sellos “Residencia Jesuita en Saltillo” y “Biblioteca del Colegio de San Juan”, y fueron enviados a los campus Ciudad de México de la Universidad Iberoamericana y al campus Laguna en Torreón.

Lo cierto es que muchos libros de la rica biblioteca del Colegio de San Juan siguieron el sino fatal de convertirse en cucuruchos para despachar manteca, garbanzos, maíz, frijol y otras mercancías en el mercado y las tiendas de las esquinas. Los que quedaron en la Biblioteca del Ateneo se conservan bien, casi todos como parte del fondo antiguo, y algunos pocos intercalados en el acervo general.

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