Mirador 26/07/2021

Politicón
/ 26 julio 2021

Desde el balcón alto de su casa la joven mujer contempla el mar.

No mira su majestad, ni encuentra en él belleza alguna como hacen los pintores y los turistas. En el mar ella ve un peligro, una amenaza.

Y es que el hombre a quien ama vive en el mar, y por eso en el mar puede morir. Es el tiempo de los veleros, y en uno de esos barcos, frágiles como la esperanza, el marinero ha ido a los Mares del Sur cruzando el Cabo de Hornos.

Debió haber regresado ya, y aún no ha vuelto. Por eso la mujer se pasa todo el día en el balcón alto de su casa oteando el horizonte marino. Lo mismo hacen otras muchas mujeres de la isla.

El día es gris y lóbrego. La tempestad nocturna se disipó en la madrugada, pero no se fue del todo. Dejó su niebla atrás. No se ve el mar. No se ve el mundo.

De pronto una nota de color aparece a la entrada de la bahía. Es una bandera roja que corona el mástil de un navío. Ahora el día gris y lóbrego se ha convertido en el día del gozo y la esperanza.

 

¡Hasta mañana!...