¿Por qué atacar Irán?

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Opinión
/ 3 marzo 2026

Los conflictos internacionales pueden debilitar y desmantelar democracias

Por Timothy Snyder, Project Syndicate.

TORONTO- El masivo ataque estadounidense‑israelí contra Irán ya causó represalias en todo Medio Oriente. Parece cada vez más probable un conflicto regional más amplio, que puede tener graves consecuencias imprevistas (como el derribo de tres aviones de combate estadounidenses por “fuego amigo” en Kuwait). Entonces, ¿por qué el presidente Donald Trump, autoproclamado “pacificador”, empezó una guerra en el extranjero?

La justificación oficial pone a prueba la credulidad. La afirmación de la administración Trump de que Irán estaba construyendo la bomba atómica no está demostrada. Tampoco se condice con las repetidas afirmaciones del gobierno estadounidense de que destruyó el programa nuclear iraní en los ataques aéreos de junio del año pasado. La insistencia de Trump en la necesidad de que la República Islámica dé paso a un régimen democrático (o al menos amistoso hacia Estados Unidos) es igual de extraña, ya que se suponía que un principio fundamental del movimiento MAGA de Trump era la firme oposición a intervenciones militares en el extranjero y a guerras de cambio de régimen.

Veo dos razones creíbles para la decisión de Trump, ninguna de ellas legítima: destruir la democracia estadounidense o enriquecerse a sí mismo. Por supuesto, muchas guerras en el extranjero obedecen a razones de política interna, y en la mayoría de los casos, el autoritarismo político no es incompatible con la corrupción personal. Es lo que parece estar sucediendo aquí.

Los conflictos internacionales pueden debilitar y desmantelar democracias, ya sea porque obligan a la población a encolumnarse detrás del líder (mientras a los opositores se los describe como traidores) o crean condiciones favorables para el partido gobernante antes de las elecciones. Los gobiernos de derecha de Estados Unidos e Israel están siguiendo este modelo autoritario totalmente predecible.

Las justificaciones oficiales de la decisión de iniciar otra guerra en Medio Oriente son tan endebles que señalan en dirección a la segunda explicación posible: la corrupción. ¿Quién puede obtener un beneficio directo de un cambio de régimen en Irán? En la medida en que la decisión estadounidense haya estado influida por consideraciones de política exterior, sospecho que fue la de los aliados más cercanos de la administración Trump en la región.

El principal determinante de la política de Medio Oriente desde hace mucho tiempo es la rivalidad entre Irán e Israel, así como entre Irán y los estados árabes del Golfo, en particular Arabia Saudita. Como esta característica estructural es mucho más duradera que las declaraciones erráticas y contradictorias de Trump, es un mejor punto de partida para analizar los objetivos del gobierno estadounidense. Y esos objetivos al parecer son promover una política personal; o mejor dicho, el beneficio personal.

Las monarquías del Golfo que se oponen al poder iraní han sido generosas en acuerdos comerciales con Trump y sus parientes. Emiratos Árabes Unidos invirtió en una empresa de criptomonedas de la familia Trump. La Trump Organization también obtuvo grandes beneficios de sus tratos con Arabia Saudita. Y a veces los monarcas del Golfo cortejaron a Trump en forma directa, por ejemplo cuando los cataríes le regalaron un lujoso jet. La lista es muy larga; y ahora el gobierno estadounidense está usando la fuerza militar contra un enemigo común de los países que enriquecieron a Trump y a su familia. Cualquier análisis de la guerra debería incluir este contexto. La corrupción de este gobierno es tan manifiesta y asombrosa que obliga a preguntarnos si no estará alquilando el uso de las fuerzas armadas estadounidenses.

Por supuesto, no es mi intención defender a la República Islámica, un régimen brutal que desde principios de año lleva adelante un asesinato masivo de manifestantes pacíficos; una matanza cuya magnitud todavía no termina de comprenderse. Pero hay formas más eficaces de confrontar al sistema político autoritario y corrupto de Irán. El gobierno estadounidense podría lanzar una paciente campaña de presión y sanciones, sumada a dar apoyo a la oposición y propuestas para ayudar a enfrentar la crisis hídrica del país, un creciente problema ecológico que ha contribuido al malestar social. Por desgracia, la administración Trump sería incapaz de ofrecer una estrategia tan completa y competente: lo único que puede ofrecer es militarismo, autoritarismo y corrupción.

A los estadounidenses se les dirá que no deben cuestionar la guerra en curso. Pero este es el momento de hacer preguntas, sobre todo si se tiene en cuenta lo que sabemos sobre la administración Trump. Hay abundantes motivos para creer que el objetivo del ataque a Irán puede ser debilitar la democracia estadounidense, enriquecer al presidente o ambas cosas. Aunque no hay pruebas concluyentes que permitan corroborar estas sospechas, sugieren líneas de investigación productivas que habrá que seguir conforme avance la guerra y se revelen más datos sobre sus orígenes.

Una guerra no borra las fechorías de un gobierno ni obliga a los ciudadanos a creer las justificaciones absurdas de sus líderes. Por el contrario, es la mejor oportunidad para descubrir sus verdaderas motivaciones. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Traducción: Esteban Flamini

Timothy Snyder, primer titular de la cátedra de Historia Europea Moderna en la Escuela Munk de Asuntos Internacionales y Políticas Públicas de la Universidad de Toronto y miembro permanente del Instituto de Ciencias Humanas en Viena, tiene publicados veinte libros en carácter de autor o editor.

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