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¿Por qué, por qué, por qué?...

Opinión
/ 21 mayo 2022
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En 2010 en el Museo de Historia alemán sito en la capital de aquel país tuvo lugar una muestra titulada “Hitler y los alemanes”, subtitulada “Nación y crimen”. Ha sido hasta la fecha la única exposición con la que se intentó explicar la popularidad de Hitler durante el Tercer Reich. Se exhibieron no únicamente uniformes de la Gestapo y de las SS sino hasta el escritorio fabricado con maderas finas y la esvástica incrustada, que Hitler usó en la cancillería. Asimismo se pudieron ver puños de hierro, sables, botas militares, que retrataban el concepto de símbolos asociados a la virilidad y la violencia. No faltaron los estandartes “plebeyos” del partido nazi, que hacían patente su cercanía con el pueblo. Vía documentos, testimonios, fotografías, se relata cada una de las etapas del régimen y se explica la estrategia de Hitler para desde el poder ir destruyendo adversarios y detractores, su encumbramiento como dictador, la destrucción que sembró a lo largo de Europa y por supuesto su final. Cabe destacar que no hubo ninguna publicidad para esta exhibición, porque la ley alemana prohíbe mostrar objetos vinculados al nazismo, pero cuando se ingresaba a un espacio subterráneo, todo el “bagaje” del nazismo quedaba a la vista, pasando por cajetillas de cigarros “luciendo” la esvástica, hasta figuritas de juguete con el retrato del pergenio, incluido un prototipo del modelo Volkswagen, que diseñó el fabricante Ferdinand Porsche, y que obsequió al dictador en su cumpleaños. Lo que se pretendió con aquella muestra según el curador Hans-Ulrich Thamer era “analizar la estilización de la política a través de su propaganda”. Le comparto a usted que hace favor de leerme, comentarios del mismo Thamer al respecto, muy ilustradores e interesantes sobre el desquiciado individuo que arrastró a un pueblo culto, como el alemán, a una debacle: “El carisma de Hitler duró mucho tiempo y eso se explica por la disposición de la población a participar en su lucha, la gente se decía que había que trabajar para el Führer”, y muestra como ejemplo un gran tapiz con una esvástica en el centro, realizado en una pequeña comunidad evangélica. “Gestos como éste se vieron en numerosos grupos sociales, lo que muestra las grandes expectativas que despertó el dictador en la población, en grupos empresariales, agricultores, en los jóvenes”. Afirma el estudioso Thamer que Hitler no tenía más atributos que ser buen orador y agitador. Léase por favor con atención lo siguiente. “El aura carismática que se creó en torno a su figura se debió a las expectativas que depositó en él la población en un momento en el que Alemania atravesaba una profunda crisis económica en el período de entreguerras”. “La población buscaba un chivo expiatorio al que pudiera echar la culpa de su miseria, lo que también les ofreció Hitler, estigmatizando a judíos, izquierdistas y luego a gitanos, homosexuales y otros grupos considerados como extraños a la sociedad”.

El poder, pues, que tuvo Hitler, no fue por sus prendas personales, sino por la situación que se vivía en Alemania en lo social, en lo económico y por supuesto en lo político. Sembró división y odio entre alemanes, entre hermanos. La discriminación fue otro instrumento del que se sirvió para inducir rechazos y subrayar diferencias. Había un cartel en la muestra del Museo en el que se mostraba a un niño con capacidades diferentes a un lado de un portento masculino rubio en el que se hacía hincapié respecto a “los peligros democráticos si los retardados tienen cuatro hijos y los normales solo dos.” Hitler hasta fecha sigue siendo la figura más polémica y aborrecida en Alemania, tanto, que no hay ni siquiera una estatua de cera. El Museo Tussauds de Berlín se atrevió a exhibir una en 2008, pero la tuvieron que quitar.

Los dictadores siguen vigentes a lo largo y ancho del mundo hoy día, y buscan a como dé lugar llegar con el sello de la democracia. Son “maestros” en engatusar y manipular, han hecho de la retórica todo un medio para “llegarle” a la población diciéndoles todo lo que quieren oír. Y es que en un país en el que la mentira está tan enquistada y con estatus de “normal”, se cre que puede vernos la cara de ya sabe usted qué. El dictador va tras lo suyo tope en lo que tope. En México hemos tenido dos y el tercero va viento en popa. En nombre de la democracia se han permitido y sufrido muchas tiznaderas de los gobernantes y no hemos hecho NADA para solventarlo. ¿No debiéramos estimar que ya es hora de deshacernos de semejante lastre, e irnos preparando para el 2024? ¿No merecemos empezar a construir un país distinto en el que la democracia deje de ser concepto hueco y se convierta en sinónimo de bienestar para todos? ¿No está usted hasta la ídem de tanto sinvergüenza, inútil y vividor de todos los colores, en los cargos públicos que usted paga? Es nuestra participación inteligente, ordenada y permanente lo que va a cambiar a México, así de simple y de claro.

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