Por un derecho climático internacional efectivo
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La sentencia dio esperanzas a todos los pueblos vulnerables del mundo y nuevo impulso a la acción climática multilateral
Por Ralph Regenvanu, Project Syndicate.
PORT VILA- El año pasado, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió un dictamen sobre el cambio climático, con una claridad de propósito que no se veía desde el Acuerdo de París de 2015. La sentencia no deja lugar a dudas de la obligación legal de los Estados de evitar daños significativos al sistema climático, y de que su incumplimiento supone consecuencias legales.
La cuestión se planteó al mundo y a la CIJ por iniciativa de mi país, Vanuatu. Pero no estuvimos solos. Formamos una coalición de países de todas las regiones y conseguimos un firme apoyo de movimientos juveniles. Finalmente, 132 países copatrocinaron una moción de resolución de Naciones Unidas (que luego se aprobó por consenso) para pedir la opinión de la CIJ en este tema. Fue un momento histórico, y no ocurrió por casualidad.
Ahora volvemos a la Asamblea General de la ONU para presentar una resolución que dé efecto práctico a la opinión consultiva de la CIJ, y pedimos al mundo que la respalde. Es práctica habitual remitir las opiniones consultivas de la CIJ a la Asamblea General, a través de cuyas resoluciones los Estados miembros pueden ampliar la autoridad política y normativa de esos dictámenes. Esta nueva resolución no solo pide el apoyo de la ONU al dictamen, sino que también exhorta a todos los Estados miembros a cumplir las obligaciones identificadas por la Corte. Sienta las bases para medidas ulteriores dentro del sistema de la ONU, por ejemplo una solicitud formal al secretario general para que busque modos de promover el cumplimiento de lo dictaminado.
Creemos que esta nueva resolución es el mejor modo de asegurar el cumplimiento efectivo de la obligación legal de dar respuesta al cambio climático. Debe haber cambios reales, incluso si algunos Estados prefieren fingir que el dictamen nunca ocurrió.
No nos hacemos ilusiones y sabemos que en algunos países será difícil poner en práctica la sentencia de la CIJ. Pero no podemos ignorar el costo de la inacción. Estamos en un momento crítico, no solo para el clima, sino también para el futuro de la cooperación internacional. Todo el orden multilateral y poscolonial de la posguerra enfrenta presiones significativas. Grandes Estados se retiran de los acuerdos internacionales y niegan fondos a las organizaciones multilaterales. Los marcos colectivos están siendo sustituidos por acuerdos bilaterales. Muchos temen estar viendo el derrumbe de la arquitectura global de reglas, normas, tribunales y rendición internacional de cuentas.
En este contexto, reafirmar el papel de instituciones como la CIJ daría un gran impulso al multilateralismo. Lo que ha logrado Vanuatu (un país de solo 340 milhabitantes) demuestra que el sistema todavía puede funcionar. Llevamos una cuestión de naturaleza legal ante la institución competente, y esa institución hizo su trabajo. El proceso fue lento y hallamos mucha resistencia. Pero prevaleció la justicia. Todos los Estados (a favor o en contra de la moción) pudieron presentar sus argumentos ante la Corte, y el resultado fue claro.
La sentencia dio esperanzas a todos los pueblos vulnerables del mundo y nuevo impulso a la acción climática multilateral, y en particular a la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático, que ha sido el proceso organizador de la respuesta internacional al cambio climático por más de treinta años. Todos los países que participan en la Conferencia Anual de la ONU sobre el Cambio Climático (COP) ahora conocen la postura del tribunal internacional. Cooperar en la búsqueda de soluciones significativas ya no es solo una obligación política y ética, sino también una obligación legal.
Esta nueva resolución demandó semanas de negociaciones y se redactó con aportes de casi todos los Estados miembros de la ONU y la acción facilitadora de un núcleo de países que representan a cada región del mundo. La amplitud de la participación no es casual. Demuestra que incluso en este momento de tensiones geopolíticas, sigue habiendo un intenso interés en lograr una respuesta global al cambio climático.
No hay razones defendibles para votar contra la resolución. Su falta de aprobación enviaría a las generaciones actual y futuras una señal de que hemos pasado de un sistema basado en la cooperación a otro regido únicamente por el poder. Sería admitir que la presión de intereses arraigados puede frustrar el progreso logrado en pos de nuestra supervivencia colectiva.
No es ningún secreto que hay intereses poderosos que quieren retrasar el abandono de los combustibles fósiles. A pesar del veloz abaratamiento de las energías renovables, esos intereses usan su dinero e influencia con total descaro para frustrar los esfuerzos por mitigar el cambio climático. Y la mala fe de esos actores afecta en particular a pequeños Estados insulares como Vanuatu.
Pero ahora el mundo es testigo de las consecuencias de depender de una economía basada en los combustibles fósiles. Aunque Vanuatu lleva mucho tiempo enfrentando riesgos crecientes relacionados con el clima (por ejemplo ciclones y sequías), hoy experimentamos otra clase de tormenta. En las gasolineras de Port Vila vemos los mismos aumentos de precios que cientos de millones de personas en todo el mundo. Estamos aprendiendo del peor modo posible lo que ocurre por no abandonar los combustibles fósiles.
El conflicto en Medio Oriente nos recuerda que los combustibles fósiles no solo generan calentamiento planetario, sino también aumento de conflictos. Lo mejor que podemos hacer es alejarnos cuanto antes de esa volatilidad.
Todos tenemos el deber de seguir luchando por la cooperación internacional, porque la alternativa (un mundo que renuncia a la búsqueda colectiva de soluciones a sus mayores problemas) sería peor. Vanuatu y las muchas naciones que lo acompañan seguirán presionando por mejoras; no solo por nuestras propias comunidades, sino por las de todos los países. Miles de millones de personas ya enfrentan (o enfrentarán pronto) el avance de los mares, tormentas cada vez más intensas, incendios forestales asesinos y la incesante erosión de todo lo que hemos construido.
La justicia ha dado su veredicto. Cada país debe responder ahora una pregunta sencilla: ya sabemos que el Estado de derecho también se aplica al cambio climático, pero ¿hay intención de actuar en consecuencia? Copyright: Project Syndicate, 2026.
Traducción: Esteban Flamini.
Ralph Regenvanu es el ministro de cambio climático de Vanuatu.