¿Qué está provocando la inflación persistente?

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Opinión
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La expansión de la IA, el mercado de bonos y las perspectivas de la deuda no pueden evaluarse adecuadamente sin tener en cuenta los factores que impulsan la inflación persistente

Por Şebnem Kalemli-Özcan, Project Syndicate.

PROVIDENCE- Hace apenas unos meses, los inversores estaban preocupados por los aranceles estadounidenses y el cierre del estrecho de Ormuz. Pero, desde entonces, estas cuestiones han dejado de ocupar un lugar destacado entre nuestras preocupaciones, eclipsadas por la inquietud ante el auge y el posible colapso de la IA, el aumento de los rendimientos de los bonos y la creciente deuda pública.

Eso es un error. Cada uno de estos acontecimientos se ve afectado por la inflación, que se mantiene obstinadamente alta en Estados Unidos y en muchos otros países, debido a los aranceles y a la crisis de Ormuz. La expansión de la IA, el mercado de bonos y las perspectivas de la deuda no pueden evaluarse adecuadamente sin tener en cuenta los factores que impulsan la inflación persistente.

En septiembre, la Reserva Federal de Estados Unidos subió las tasas de interés por primera vez desde 2023, debido, fundamentalmente, a la crisis energética provocada por la crisis de Ormuz. Sin embargo, un año y medio después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciara sus aranceles del “Día de la Liberación”, el traslado de los mayores costos de importación a los precios sigue siendo visible en los datos de inflación. Los aranceles se propagan lentamente a través de las redes de producción globales; por ello, su impacto en los precios no se manifiesta como un salto repentino, sino como una acumulación gradual.

Desde enero de 2025, el nivel de precios en Estados Unidos ha subido un 0,3% por encima de su tendencia anterior a 2025, el efecto acumulativo exacto que implica un modelo que junto con mis colegas elaboramos en el Global Linkages Lab y al que introdujimos los aranceles realmente aplicados a lo largo de 2025. Lo mismo ocurre con los precios de los bienes básicos que, a pesar de no estar directamente expuestos a la crisis de Ormuz, son un 1.8% más altos que su nivel de diciembre de 2024 y están muy por encima de una tendencia que se había mantenido estable o a la baja. Esto se traduce en una contribución de 0.34 puntos porcentuales al nivel de precios agregado, ligeramente por encima de la predicción de 0.3 puntos de nuestro modelo.

Lo que distingue a nuestro modelo de los demás es que reproduce el aumento constante de la inflación subyacente que se produjo realmente, en lugar de generar un gran salto inicial que se desvanece rápidamente, el origen de la narrativa errónea del “aumento puntual de los precios” que se afianzó en 2025. De hecho, desde 2021 la economía mundial ha sufrido tantos shocks de oferta que cada uno de ellos ha tenido un impacto sostenido y creciente a lo largo del tiempo, lo que descarta un salto puntual de los precios.

La razón de la inflación persistente en medio de un crecimiento global resiliente es estructural: las distorsiones de costos derivadas de cada shock de oferta saltan de un sector a otro, propagándose por todo el mundo. Lo que comienza como precios relativos distorsionados en los sectores de la energía, los semiconductores, el acero, la mano de obra o el trigo acaba convirtiéndose en una inflación generalizada en muchos países a la vez.

Esto se remonta a la pandemia del COVID-19, que empujó la inflación por encima de las metas del 2% de los principales bancos centrales, nivel en el que se ha mantenido desde 2022. Tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, la inflación en 2022-23, especialmente en Europa, se atribuyó a la crisis energética resultante. Pero, como hemos demostrado, el mecanismo era el mismo entonces que ahora: la inflación de 2021 fue provocada por los efectos de la pandemia en las cadenas de suministro y los mercados laborales globales, y se intensificó posteriormente por la crisis energética que siguió a la guerra de Ucrania.

Incluso si todos los bancos centrales comenzaran a endurecer su política monetaria en 2022, la estabilización lleva más tiempo en un mundo proteccionista con shocks de oferta frecuentes. El gobernador de la Reserva Federal, Christopher Waller, planteó una idea similar en julio, advirtiendo que la inflación subyacente “comenzó a subir mucho antes de la crisis de los precios del petróleo” y al señalar “indicios recientes de una presión continua sobre los precios de los bienes”. Según su análisis, la inflación está siendo impulsada por los precios de la energía, los aranceles y los efectos indirectos de la demanda generada por el auge de la IA. En su discurso de Jackson Hole en agosto, Kevin Warsh, presidente de la Fed, también reconoció la incertidumbre en torno a la inflación ante los reiterados shocks de oferta a nivel global.

Sumemos ahora a la ecuación la incertidumbre en torno a la política comercial. Para cuantificar su impacto en la forma en que los mercados valoran las acciones, los bonos y los tipos de cambio, el Global Linkages Lab ha publicado recientemente el conjunto de datos TiRADE (Tariff Rates in Announcements, Declarations, and Events). Este conjunto de datos registra todos los aranceles estadounidenses que han sido objeto de amenazas, anuncios o firmas desde enero de 2025, con precisión de minutos, incluyendo la cita exacta y su fuente: esto abarca discursos, publicaciones en Truth Social, órdenes ejecutivas, proclamaciones y comunicados de la Casa Blanca.

Lo más llamativo es que alrededor del 70% de estas tasas arancelarias, ya fueran anunciadas o planteadas como amenazas, nunca llegaron a aplicarse; sin embargo, los mercados de todos modos reaccionaron. Utilizamos este ruido para elaborar un indicador de incertidumbre en materia de política comercial que explica una gran parte de las fluctuaciones en los precios de los activos de riesgo, incluidos los rendimientos de los bonos y la fuerte depreciación del dólar el año pasado. Resulta que lo que se dice, y no lo que se promulga como ley, es lo que genera incertidumbre.

Por supuesto, es posible que los mercados simplemente se hayan adaptado a un mundo proteccionista, en el que los aranceles constituyen una de las pocas herramientas de las que disponen Estados Unidos y otros países para frenar el ascenso de China y proteger sus mercados internos de los productos chinos. No obstante, este será un mundo inflacionario con tasas de interés más altas para todos, y tanto las empresas como los hogares tendrán que revisar sus expectativas.

Debido a su preocupación por la elevada deuda pública, el aumento de los rendimientos de los bonos y las vertiginosas valoraciones en el sector de la IA, los inversores parecen haber olvidado los shocks de oferta que condicionan las perspectivas de la inflación subyacente. Quien se preocupe por la deuda y los rendimientos también debería preocuparse por las perturbaciones generadas en nombre del proteccionismo y la autosuficiencia. Puede que los mercados hayan pasado la página, pero la inflación no. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Şebnem Kalemli-Özcan, profesora de Economía en la Universidad Brown y directora del Global Linkages Lab, fue asesora principal de políticas en el Fondo Monetario Internacional y economista principal para Oriente Medio y el Norte de África en el Banco Mundial.

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