Repair cafés: Una oportunidad de reparar y de hacer comunidad
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Promover la convivencia, el conocimiento y la confianza entre vecinos reivindica la comunidad
Es común que en nuestras casas tengamos artículos que han dejado de funcionar. Tal vez sirvieron por algunos meses o –menos probablemente– por algunos años, pero se han descompuesto y, ante ello, la opción que nos plantea la actualidad es desecharla.
Vemos esto como algo natural. Ante las constantes ofertas en la venta de bienes nuevos, como ropa, muebles, cafeteras, ventiladores, calentadores, pantallas, entre otros, se percibe bastante más fácil el reemplazo de lo que ya no sirve que su reparación.
Martine Postma, ciudadana holandesa, advirtió también esta situación. Su compromiso con la sustentabilidad desde una perspectiva comunitaria le llevó a preguntarse si en realidad la única opción era reemplazar los artículos que se llegaban a descomponer.
Fue claro para ella que la sociedad ha ido poco a poco dejando de lado la posibilidad de reparar, favoreciendo que las empresas adopten la obsolescencia programada de los artículos que producen como una norma, con un tiempo de vida cada vez más corto.
Asimismo, se dio cuenta de que esta dinámica podría revertirse, para lo que diseñó un espacio donde la reparación de estos bienes fuera posible, con el añadido de hacerlo en comunidad y sin fines lucrativos, para evitar seguir desechando aquello que aún sirve.
Fue en el año 2009 que Martine organizó el primer “Repair Café” en la ciudad de Ámsterdam. El concepto se convirtió rápidamente en un éxito. No tardó en demostrar que la propuesta no sólo respondía a una necesidad material, sino también humana y cultural.
Su puesta en marcha no es complicada. Basta que se reúna un grupo de vecinas y vecinos en un espacio compartido, tener algunas herramientas y sobre todo la disposición de compartir sus conocimientos y apoyarse mutuamente para poder iniciar.
En un Repair Café se puede llevar cualquier cosa en desuso, como ropa, muebles, electrodomésticos, bicicletas, juguetes, entre otros, y en un esfuerzo de ingenio colectivo, las y los vecinos voluntarios hacen que estos artículos vuelvan a servir sin gastar más.
En estos espacios no hay un técnico que arregla con una fila de espera, sino una experiencia compartida y participativa donde cada quien aporta y participa en la reparación. Es increíble lo mucho que llega a saber hacer quien vive en la casa de al lado.
Pero aun si no se tiene alguna habilidad práctica de reparación o si no se tiene nada que reparar, se puede acudir al lugar y, con un café en mano, compartir experiencias de reparación, analizar en conjunto videos y manuales de reparación, hacer equipo.
Este tipo de esfuerzos toma particular importancia en un contexto de aislamiento social por la vorágine de las herramientas digitales y las redes sociales. Promover la convivencia, el conocimiento y la confianza entre vecinos reivindica la comunidad.
Además, esta iniciativa tiene un importante componente formativo. Las personas que asistan se darán cuenta de que tienen la capacidad de reparar cosas por su cuenta, dándole un nuevo valor a las cosas, fortaleciendo su autoestima y su vocación de servicio.
Para las y los jóvenes, inmersos en el contacto a distancia y en las tecnologías de la información, es particularmente importante aprender a reparar, a poner a trabajar a la par sus manos y sus mentes para, además de devolver la utilidad a las cosas, poder crear.
Para ello, un Repair Café puede salir de su espacio compartido e ir a los lugares donde las y los jóvenes están cotidianamente: las escuelas. Las personas voluntarias las visitan para compartir sobre lo que es un Repair Café, buscando detonar el interés por sumarse.
También un Repair Café puede ayudar a enriquecer la forma en que se entiende y se usa el entorno urbano. Dar lugar a estos espacios en bibliotecas, centros comunitarios, mercados y plazas abona al fortalecimiento de la vocación multiusos de estos sitios.
Dejan de ser espacios monofuncionales para convertirse en puntos de encuentro comunitario, en espacios de producción colectiva, donde el conocimiento compartido se integra horizontalmente y se reconoce la posibilidad de adoptar propósitos compartidos.
Es por ello que el resultado más valioso de un Repair Café no será el número de objetos reparados, sino la posibilidad de transformación de las dinámicas comunitarias y su impacto en la economía doméstica y en la sustentabilidad de escala barrial.
Hacer partícipes a todas y todos de esfuerzos como este hace comunidad y ayuda de manera colectiva a dibujar para todas y todos un futuro posible.