Requiere la lectura un impulso ante malos resultados
La lectura es la base del aprendizaje, pero en México menos de la mitad de los alumnos de sexto grado dominan esta habilidad, evidenciando fallas estructurales en la educación
La educación es una de las herramientas esenciales en el desarrollo de la sociedad, principalmente en los segmentos poblacionales de menor edad.
Adquirir habilidades como la lectura y la comprensión es esencial en nuestros tiempos para impulsar la productividad y tener herramientas para afrontar el futuro.
El comentario viene a cuento ante los resultados recientes del Sistema de Alertas Tempranas (SisAT), los cuales confirman una problemática que desde hace años se ha advertido, pero que hoy adquiere mayor urgencia: el rezago en habilidades lectoras entre estudiantes de educación primaria. Lejos de tratarse de un fenómeno aislado, los datos reflejan una tendencia estructural que exige atención inmediata y decisiones de política educativa más contundentes.
De acuerdo con la evaluación diagnóstica aplicada al inicio del ciclo escolar, que incluyó a mil 790 planteles y a 341 mil 723 alumnos, apenas el 27.3 por ciento de los estudiantes alcanza el nivel esperado en lectura, mientras que el 33.6 por ciento requiere apoyo y el 35.5 por ciento se encuentra en proceso de desarrollo. La situación es aún más preocupante en los primeros grados: en primero de primaria, el 82.5 por ciento de los alumnos presenta rezago, frente a sólo un 3.2 por ciento que cumple con los parámetros establecidos.
Si bien en los grados superiores se observa una mejora gradual, esta no es suficiente. En sexto grado, por ejemplo, apenas el 41.6 por ciento de los estudiantes alcanza el nivel esperado, lo que significa que más de la mitad concluye la educación primaria sin dominar plenamente una competencia básica. Este dato resulta especialmente relevante si se considera que los estándares nacionales establecen que, a ese nivel, los alumnos deberían leer entre 125 y 134 palabras por minuto.
El problema no es nuevo, pero sí persistente. Organismos como la UNESCO han advertido que México enfrenta un estancamiento en el desarrollo de habilidades lectoras, particularmente en el nivel básico. La desaparición de evaluaciones nacionales como Planea ha dejado instrumentos como el SisAT como referentes clave para dimensionar el problema, pero también evidencia la necesidad de fortalecer los mecanismos de diagnóstico y seguimiento.
Las causas del rezago son múltiples. Especialistas y actores del ámbito educativo coinciden en que la enseñanza de la lectura ha privilegiado lo mecánico –la decodificación– por encima de la comprensión, la reflexión y el gusto por leer. A ello se suman los efectos de la pandemia, el uso de estrategias pedagógicas poco contextualizadas y el limitado acompañamiento en el hogar, donde los hábitos de lectura no siempre están presentes.
En este contexto, decisiones como retirar los cuentos de los paquetes escolares en el ciclo 2025-2026 resultan, cuando menos, cuestionables. Lejos de ser materiales accesorios, los libros representan, en muchos casos, el primer vínculo significativo de niñas y niños con la lectura. Su ausencia no sólo limita el acceso, sino que profundiza las brechas existentes.
El reto, por tanto, es claro: impulsar una política integral de fomento a la lectura que articule escuela, familia y comunidad. Fortalecer bibliotecas, garantizar materiales adecuados y dotar a los docentes de herramientas para trabajar la comprensión lectora son acciones impostergables. La lectura no puede seguir siendo una asignatura pendiente; es, en realidad, la base sobre la que se construye todo aprendizaje.