Rocha Moya, cuestión de tiempo

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Opinión
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El brazo de la impunidad o de la acción criminal selectiva no está presente en Estados Unidos

Ha pasado mucho tiempo desde que Estados Unidos solicitó la detención del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros nueve colaboradores. Entre tanto, dos relevantes imputados se han entregado: el general Gerardo Mérida, responsable de Seguridad Pública, y Enrique Díaz, secretario de Finanzas; no fue gratuito, pues su testimonio ha servido para aportar más elementos que fortalecen la acción judicial contra Rocha Moya. Resulta incomprensible que la defensa del gobierno sea exigir pruebas; no es el momento, y si México no las tiene –que sí las tiene– es porque no ha querido encontrarlas.

Al exgobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, la Fiscalía General de la República (FGR) lo detuvo por ordenar destruir evidencia sobre los hechos trágicos de Iguala, en los que desaparecieron 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa; lo incriminan los testimonios de dos testigos que fueron liberados después de su declaración. A Rocha Moya, la misma dependencia no lo investigó, a pesar de que se documentó que la Fiscalía del gobernador había encubierto el homicidio de su principal rival político, Héctor Melesio Cuén, en un evento relevante: el secuestro de “El Mayo” Zambada. Si la FGR actuara bajo el mismo criterio aplicado a Aguirre, Rocha Moya y su fiscal estarían detenidos.

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El brazo de la impunidad o de la acción criminal selectiva no está presente en EU. El vecino no optó por la discrecionalidad, sino por el procedimiento penal a cargo del Departamento de Justicia en una Corte de excelencia, con la intervención de un juez confiable y de un jurado para fundar la detención. Como tal, las autoridades cuentan con suficiente evidencia para proceder contra el gobernador por connivencia con el Cártel de Sinaloa, organización terrorista internacional que exporta armas de destrucción masiva, esto es, fentanilo.

La narrativa incriminatoria compromete no sólo al funcionario, sino también al régimen político, porque señala que los servicios del cártel criminal para ganar la elección a la gubernatura en 2021 se ejecutaron a cambio de que el gobierno estuviera al servicio del grupo delictivo. Los hechos son públicos y hubo denuncias, sin consecuencias legales. En esa misma fecha se celebraron otras elecciones de gobernador y fueron concurrentes con los comicios federales. Si se apoyó ilegalmente una elección, ¿por qué no otras? A lo anterior debe agregarse el documentado financiamiento de Morena a través de los recursos del contrabando de combustible. Las evidencias son abrumadoras y la pasividad de la FGR, temeraria.

La Presidenta ha señalado que si entrega a Rocha Moya, luego vendrán por otros. Tiene razón. Es muy probable que detrás del gobernador de Sinaloa haya otras acusaciones, pero no por capricho o cálculo político discrecional, sino porque la connivencia con los criminales no fue ocasional o excepcional, sino generalizada. El juicio a Rocha Moya es al régimen político. Las reflexiones y testimonios de Julio Scherer Ibarra adquieren dimensión al considerar que el financiamiento político por parte del crimen es el mayor mal del nuevo régimen político, que ahora lo expone gravemente a la acción judicial punitiva de las autoridades norteamericanas.

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Suicida apostar al tiempo en tales condiciones. Los hechos en estos 100 días agravan el problema por la impunidad de por medio. Acredita que el régimen político no puede proceder ni siquiera a una depuración cosmética o marginal. Se trata de ofrecer certeza a propios y extraños de que no cederá ante el gobierno norteamericano, cueste lo que cueste, al tiempo que proliferan los desertores en la batalla. Así ocurrió con la gobernadora Marina del Pilar Ávila de Baja California, el general Gerardo Mérida y el extesorero Enrique Díaz. Esos testimonios, más otros tantos que se desconocen, pero que se presumen, significan que el Departamento de Justicia cuenta cada vez con más elementos incriminatorios, más allá del caso Rocha Moya, especialmente los que resultan del contrabando de combustible, acción criminal que persiste y crece, según los números del tráfico de gasolinas, así como del robo de crudo.

Es cuestión de tiempo para que las autoridades norteamericanas procedan contra el gobernador Rocha Moya y quién sabe cuántos más, incluyendo a Morena como organización criminal, al tiempo que el gobierno mexicano se atrinchera en la impunidad. Guerra, por el momento, de baja intensidad, pero desigual y desproporcionada por el poder del país vecino, nuestra abrumadora dependencia y, sobre todo, por la fuerza de la razón legal, de la que México carece por privilegiar la política sobre la legalidad.

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Licenciado en Derecho Facultad de Jurisprudencia UAC. Maestría y Estudios de Doctorado en Gobierno por la Universidad de Essex, Inglaterra.

Ha sido Catedrático en el ITAM; en el ITESM; en el CIDE; y en la Universidad Anáhuac.

En 1997 a 2000 titular de la Asesoría Política en la Presidencia del doctor Ernesto Zedillo.

Desde 2005 director general del Gabinete de Comunicación Estratégica

Columnista Juego de Espejos en Milenio Diario, Bloomberg-El Financiero y en SDP Noticias, Código Libre y en la Revista Peninsular. Coautor de varios textos en materia electoral y estudios históricos.

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