Se jodió el discurso

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Opinión
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Atildado personaje, García de Letona cuidaba con especial esmero su atuendo, y llegaba al acto vestido con traje de última moda

Maestro muy estimado, orador de altos vuelos, el licenciado José María García de Letona dejó memoria imborrable en sus discípulos. En el Ateneo glorioso tuvo como alumnos a Artemio de Valle Arizpe, a José García Rodríguez, a Carlos Pereyra y a muchos más que en páginas emocionadas rindieron tributo de admiración a su maestro.

En los principios del pasado siglo no había ocasión cívica o patriótica, no había funeral de gran relieve ni fiesta escolar de campanillas que no contara con el licenciado García de Letona como orador oficial.

https://vanguardia.com.mx/opinion/virginidad-sin-fanatismos-BE21070504

Días y días, nos dice don Artemio, se pasaba puliendo y repuliendo su discurso, y más pulía y repulía su propia persona cuando llegaba el día de la presentación. Atildado personaje, García de Letona cuidaba con especial esmero su atuendo, y llegaba al acto vestido con traje de última moda, almidonada camisa con cuello y puños de quita y pon, zapatos de brillantísimo charol...

Y su peinado... ¡Ah, su peinado! Con prolija minuciosidad y arte peinaba su cabello, lo arreglaba en airoso copete y con caireles que le daban marco a su rostro con graciosa naturalidad, pero que en verdad eran resultado de concienzuda labor ante el espejo.

Cuenta García Rodríguez que en cierta ocasión García de Letona iba a pronunciar uno de sus discursos en el Teatro García Carrillo. Lucía, como siempre, su cuello alto de pajarita y sus albos puños desmontables, de sololoy, que así se decía por decir “celuloide”. Comenzó su peroración con tono majestuoso, la voz llena de matices delicados y de sutiles inflexiones. Ya la hacía grave como campana de basílica, ya aguda como esquila de iglesia provincial. Y todo lo que decía lo subrayaba con amplios ademanes, alzando los brazos al cielo, moviéndolos igual que aspas de molino.

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En uno de esos violentos ademanes, don José María sacudió el brazo derecho. ¡Oh, desgracia! El puño de la camisa se le desprendió y salió disparado por el aire. Fue con velocidad de vértigo y le pegó en pleno rostro a un severo señor que en la primera fila escuchaba muy serio el discurso de don José María.

Ahí se acabó toda solemnidad. Al público le fue imposible contener la risa, y aun los más graves personajes del presídium no pudieron aguantarse la risa, que estalló luego, triunfante, y puso punto final a la patriótica arenga del señor Letona.

Gajes del orificio, dijo alguien.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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