Semana Santa en Puebla
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Pensábamos que con la resurrección bastaba para nuestra alegría; sin embargo, al correr de los años, nos damos cuenta de que el sacrificio es año con año
Nuestra estadía en Puebla obedecía a una misión de la compañía en que laboraba desde Piedras Negras. Duraría originalmente tres semanas, pero se prolongó durante casi 3 años, en un complicado conflicto sindical, que dejó buen sabor de boca y una memoria cultural y gastronómica de la que agradecido estoy, sin duda alguna.
A la par arribó a la planta un grupo de 15 norteños de Torreón para hacerse cargo de la administración de la empresa. La raza poblana nos bautizó como “los bárbaros del norte”, grupo que hizo gratísima nuestra convivencia en aquellos lares.
La primera celebración de la Semana Santa aconteció en el 2008 y fue extremadamente profunda en su significado para mi familia, compuesta por Issa, Melissa y el Goliat (chihuahueño que nos acompañó en la aventura, además de Rayado de corazón como este valedor).
Nuestra vivienda se encontraba a 70 metros de la Iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza, enclavada en el bulevar Juan Pablo II, donde Issa impartía el catecismo puntualmente. Por ello, el Viernes Santo nuestro hogar fue seleccionado como estación del Viacrucis de las colonias El Vergel y Las Ánimas.
Temprano ese día, Melissa fue citada para la procesión encabezada por el padre Paco, mientras Issa preparó el montículo para sostener la imagen de la procesión en la cochera de la casa, amén de algunos bocadillos y agua para la concurrencia.
Llegado el momento, la sorpresa fue doble, ya que nuestra hija fue comisionada para cargar la cruz durante las estaciones.
Alrededor del mediodía, acudimos al Zócalo para visitar la espectacular Catedral que había sido ataviada por un retablo de “flor de cucharilla”.
Una verdadera obra de arte efímero hecha por artesanos de Atempan y que fue instalada en la Puerta del Perdón, según se decía, para marcar el inicio de la temporada de Cuaresma.
Este retablo viviente inicia su formación con la recolección de la cucharilla (una flor silvestre), actividad que puede tomar varios días y que, al concluir, es celebrada en sus comunidades con música y alimentos.
Pero llama la atención que la estructura se construye con troncos de pino serrano, así como materiales como bambú, tarro o bejuco, y se adorna con flores, frutos, semillas y otras hierbas.
Las figuras incluyen cruces, bastones, rosetones y arcos, ignorando los significados de cada una, pero reconociendo el arte popular en su composición.
Dentro de la Catedral, los santos están tapados con lienzos morados que significan el luto, mientras un antiguo retablo, cubierto con maderas que asemejan ventanales, es abierto para la observación al público, pero todo es silencio y paz en el interior del recinto.
Terminada la exposición de las Siete Palabras desde la cruz, este charro andaba de antojo, pues ya hacía harta hambre, por lo que la parada oficial fue en la Fonda de Santa Clara de la Calle 3 Poniente, a dos cuadras y media de la catedral, que ofrecía el menú de Cuaresma consistente en caldo de camarón con tortitas, huazontles, guías de calabaza y huitlacoche, robalo Malicha, pulpo a la brava, salmón a los tres moles y capirotada blanca (ollitas para la baba).
La reflexión de la fragilidad humana llegó por la tarde-noche, con el pésame a la Virgen, en la Parroquia de Nuestra Señora de la Esperanza, en un impactante escenario de silencio y la meditación del sacerdote: “La vida que Jesús entregó en sacrificio es el equivalente exacto de la vida humana perfecta que Adán perdió. La Biblia dice: ‘Así como mediante la desobediencia del solo hombre (Adán) muchos fueron constituidos pecadores, así mismo, también, mediante la obediencia de la sola persona (Jesucristo) muchos serán constituidos justos. Esto explica por qué la muerte de un solo hombre sirve para rescatar a muchos pecadores. De hecho, el sacrificio de Jesús es un ‘rescate correspondiente por todos’ los que hacen lo necesario para beneficiarse de él”.
Pensábamos entonces que con la resurrección bastaba para nuestra alegría; sin embargo, al correr de los años, nos damos cuenta de que el sacrificio es año con año y la lección es de continuidad, a través de un corazón obediente.
Con el mayor respeto a sus creencias, les deseo una feliz Pascua de Resurrección y que Diosito me los persiga siempre.