‘Ser el que eres’

Opinión
/ 26 junio 2023

Cada persona tiene sus propias fortalezas y debilidades, talentos y potencialidades y es fundamental que desarrolle su propia identidad para hacer de su vida una obra de arte

Cada persona es única y tiene el derecho a elegir su propio camino. Puede explorar diferentes pasiones, intereses y talentos para descubrir quién es y qué le hace feliz. No tiene que ser una imitación de sus padres, tíos, hermanos o de referentes sociales. Cada persona tiene sus propias fortalezas y debilidades, talentos y potencialidades y es fundamental que desarrolle su propia identidad para hacer de su vida una obra de arte.

Prisión

Posiblemente, en los manicomios no sólo se encuentran personas que tienen trastornos en sus facultades mentales, sino también seres humanos que, agotados del mundo, de las imitaciones y máscaras, ahí voluntariamente se enclaustran, para, paradójicamente, ser ellos mismos, para vivir totalmente sanos. Y, por qué no, posiblemente los que no estamos recluidos en esas prisiones vivimos en una realidad peor, claro sin saberlo.

Este punto de vista Gibran Khalil Gibran (1883–1931) lo expresa magistralmente:

En el jardín de un manicomio encontré a un joven de rostro pálido y hermoso, y lleno de asombro. Y me senté a su lado, en el banco, y le pregunté: -¿Por qué estás aquí? Y él me miró asombrado, y respondió: -Es una pregunta indiscreta, pero la contestaré.

“Mi padre quería hacer de mí una reproducción de sí mismo, y lo propio quiso mi tío. Mi madre quería convertirme en la imagen de su ilustre padre. Mi hermana hacía de su esposo, navegante, el ejemplo perfecto que yo debía seguir. Mi hermano pensaba que debía ser como él, un excelente atleta. Y también mis profesores, el doctor en filosofía, el maestro de música y el de lógica, estaban resueltos, cada uno de ellos, a que yo no fuera sino el reflejo de su propio rostro en el espejo. Fue así como vine a este lugar. Y lo encuentro más cuerdo. Por lo menos aquí puedo ser yo mismo.

“Después, súbitamente, se volvió hacia mí preguntando: - Pero dime, ¿también a ti te trajeron a este lugar la educación y el buen consejo? - No- respondí -, yo soy un visitante. Entonces dijo: - Oh, tu eres uno de los que viven en el manicomio del otro lado del muro”.

La historia encaja perfectamente, pues muchas personas (y gobiernos) pretenden encadenar a los otros – sobre todo a los jóvenes - a una interpretación única y parcelada de la realidad, a creencias y dogmas.

Muchos seres humanos aspiran a que sus congéneres sean “colones” de ellos mismos, o bien, que sean de determinada manera. Intentan fabricarlos en base a sus propias ideas o personalidades; esta manía aplastante afecta gravemente a las personas que se encuentran mas próximas, a las cuales, sin intención, se les pude afectar gravemente, a veces, de manera permanente e irreversible.

Esclavitud

He sido testigo de padres que literalmente obligan a sus hijos -sobre todo al mayor- a estudiar la misma carrera que ellos emprendieron. De maestros que indican a sus alumnos el rumbo que “deben seguir” en sus vidas; o que les dictan los “procedimientos adecuados” para encarar tal o cual reto; o también que les “recomiendan” la maestría que deben estudiar, o la empresa en donde “deben” laborar. De madres que “sugieren” a sus hijos con quien casarse; o a cuál escuela deben ingresar sus nietos; o qué hacer o no hacer con sus matrimonios, o qué colores de ropa usar o no usar. De matrimonios que “imponen” a sus hijos los amigos por puras conveniencias sociales, económicas, profesionales, o qué se yo. He visto a profesoras de kínder que “enseñan” a pintar, suponiendo que en lo conocido es donde se gesta la originalidad y por ende la creatividad. La lista es interminable.

Desgraciadamente cuando insistimos en que los “otros” tomen el camino que les dictamos, cuando inventamos sus propias vidas, estos seres humanos se transforman en seres dependientes, “impensantes”, irresponsables, temerosas. Gravemente se erosiona su autonomía, su creatividad y la posibilidad de su auto-realización.

Confusión

Frecuentemente, se confunde la educación y la consejería fructífera con la manipulación, el buen consejo con la amenaza o el miedo, la educación con dogmas, la libertad con sutil esclavitud. También, repetidamente se olvida que cada ser humano supone “ser un agente moral”, con individualísima capacidad para discernir entre “la persona que es y la que debe ser”. Se ignora que la vida es un drama, que ser persona significa enfrentarse a los inevitables dilemas que continuamente la existencia plantea, que siempre hay verdades y caminos por descubrir, que el gran reto personal es alcanzar los excelsos ideales.

Al aconsejar o formar sin considerar a la persona como tal –única, libre e irrepetible-, el ser humano estaría siendo utilizado, rebajado, pues la ausencia de dialogo y reciprocidad deshumaniza. Sería como si el otro fuera una computadora a la que se le dicte programas a ejecutar, suponiendo que no sabe distinguir entre el bien y el mal, entre lo inferior y superior. Y, peor aún, esta forma de proceder somete a criterios, creencias, experiencias y realidades que no necesariamente encuadran con la vida de la otra persona.

Yo, el otro

Por otro lado, formar mediante la consejería es crear genuinos ámbitos de encuentros, implica “dialogar”, recordemos eso que Martin Buber afirmó “el hombre llega a ser un yo, a través de un tú”. Significa también autenticidad, generosidad, valor y comprensión del significado de la interdependencia. Guiar, en este sentido, es hacer ver que “solo nos empuja irresistiblemente hacia la vida lo que por entero inunda nuestra cuenca interior”.

Principios

La consejería es un proceso en el cual “dos libertades genuinas se encuentran en la persecución de un bien que tienen en común” y este encuentro en el fondo constituye, aunque parezca extraño, “la sustancia del amor”. Lo contrario significaría fragmentación, alienación, distancia, mentira, deshumanización.

La consejería induce a la reflexión, alude a la razón, implica –como Aristóteles propuso- encaminar para el encuentro de tres principios elementales: la verdad, la bondad y la belleza. Por tanto, no conviene brindarla en espacios dominados por jerarquías o binomios (estudiante-maestro, padre-hijo, jefe–subordinado, etc.), sino en un ambiente en donde el encuentro entre las dos personas permita gestar una genuina apertura.

Buscadores

Quien aconseja requiere desear el bien de la otra persona. Necesita disposición para escuchar, saber preguntar con la finalidad que en los cuestionamientos se encuentren las respuestas buscadas; implica evitar prejuicios y saber argumentar con la intención que estas mismas razones desencadenen destellos de luz en el entendimiento de quien se desea guiar. No se manipula, se acompaña, se induce al buen juicio, al análisis de los pros y contras y, finalmente, a que la persona elija, decida por sí misma, aceptando la responsabilidad que de cualquier libertad de elección siempre emana.

Vive como...

Sobre todas las cosas se debe buscar que la persona decida por sí misma. Siempre por sí misma. La consejería correcta es la que dice: “eres tu quien debe decidir”, pues la educación y el buen consejo deben encaminar hacia la libertad, jamás al temor, a la manipulación o a la esclavitud de pensamiento. El acompañamiento adecuado (lo que en verdad hace un tutor) es el que expresa: “baila como si nadie observara; ama como si nunca te hubieran lastimado, vive como si nunca hubieses vivido, camina conforme tu corazón te mande”.

Si dejáramos que las personas fuesen ellas mismas, que encontraran su vocación y razón de ser, este mundo no sería el inmenso manicomio que encierra a dos clases de seres humanos: los que están internados en el pabellón circundado por una muralla edificada “exprofeso” y el resto que estamos al otro lado del mismísimo muro, aparentemente libres, pensantes, cuerdos y sensatos.

No queda de otra: para ser libres hay que dejar que los otros lo sean y que cada uno de nosotros seamos lo que realmente somos, siguiendo la premisa de Píndaro: “Ojalá llegues a ser el que eres”.

cgutierrez@tec.mx

Programa Emprendedor

Tec de Monterrey

Campus Saltillo

Temas



NUESTRO CONTENIDO PREMIUM