SOS: México, país corrupto, machista, feminicida y racista
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Estamos cansadas de enarbolar causas, participar en marchas, escribir artículos, justificar a los agresores, tener discusiones argumentadas con abogados machistas
A las mujeres trabajadoras
El triunfo de una mujer como presidenta (con A, aunque les duela, porque desde 1803 aparece como vocablo apropiado en el diccionario más recalcitrantemente inamovible: el de la Real Academia Española) es un verdadero logro en un país como México, que se encuentra entre los más peligrosos para las mujeres. Algo está cambiando en la mente del electorado que le dio una victoria aplastante. Que podamos escucharla y saber que es honesta y trabajadora (contrario a sus correligionarios de partido que viven entre escándalos, venden armamento israelí, se dan vidas de lujo y obtienen contratos a modo) es motivo de celebración.
Y, por favor, no me hablen de qué partido gobierna determinado pueblo, capital, estado o el total del país a nivel federal para decir que unos sí defienden a las mujeres y otros no. Todos están permeados por un silencio corrupto cuando se trata de modificar estructuras para acabar con los feminicidios o los asesinatos de mujeres (elijan el término que menos les haga sentir mal, porque parece que ahora hay mucha sensibilidad cuando se trata de nombrar a las cosas por su justa descripción).
Resulta que, entre tantos asesinatos a los que las autoridades parecen estar acostumbradas, sale un caso que nos vuelve a hacer globalmente famosos: el asesinato de la española Claudia Tacoronte, el cual obligó a la rectora de la casa de estudios en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) a declarar apresuradamente. Previamente ya se habían registrado crímenes contra otras estudiantes, pero claro, no eran extranjeras, entonces se sumaban a la masa amorfa de mujeres que son juzgadas tanto por cómo vestían, dónde estaban o a qué hora andaban, o al número de quienes no cuentan porque son pobres, racializadas y “sustituibles”.
Si bien a partir de 2021 el número de carpetas oficiales de investigación en México alcanzó un pico de mil 021 casos de feminicidio y ha descendido hasta registrar 721 en 2025, esto no implica que la violencia esté desapareciendo. No olvidemos que estamos hablando de “carpetas de investigación”, porque muchas mujeres se niegan a denunciar por miedo a sus agresores, que se aprovechan de barreras estructurales (una linda manera de decirle a jueces, abogados y ministeriales que comparten pensamientos misóginos y machistas), lo que deriva muchas veces en penas laxas, salidas de prisión o pago por el delito para que se vayan tranquilamente a casa y a sus trabajos (porque no son dados de baja).
Esto, además de incidir en la calidad de vida y salud de las mujeres que sostienen el mundo desde su trabajo en el hogar, en las maquiladoras y en el mundo profesional o financiero, tiene implicaciones económicas. Quizás por eso la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) se ha planteado el reto de garantizar (qué lejos estamos) una vida libre de violencia y discriminación para niñas, adolescentes y mujeres, a través del cumplimiento del marco normativo, la participación y el fortalecimiento de capacidades estatales, el financiamiento y la cooperación, así como el desarrollo de sistemas de información, comunicación, tecnología, seguimiento, evaluación y rendición de cuentas.
Mientras exista la omisión en la aplicación de la ley, mientras exista este estado de corrupción tan masivo a nivel estructural y mientras exista machismo al interior de las familias y de las oficinas de gobierno –que debieran garantizar la seguridad de las mujeres y la igualdad de género–, podemos urgir a las universidades extranjeras a eliminar los convenios de intercambio con México, a ver si así nos da un poquito de vergüenza y desde el exterior se empuja el real cumplimiento de la ley. Y tampoco salgan con el discurso minimizador y nacionalista de: “¡Traidora, mala mexicana!”, “¡Qué pena!”, “Ay, no, México no puede ser denostado así!”, “Eso es mentira porque pasa en todo el mundo, no nada más aquí”.
Estamos cansadas de enarbolar causas, participar en marchas, escribir artículos, justificar a los agresores, tener discusiones argumentadas con abogados machistas, ser amables para no irritar a quien quiere abusar, justificar la orfandad o la ausencia de X o Y en la infancia de los agresores y un largo etcétera. Ya les toca, desde hace rato, a los hombres en el poder trabajar por esto, porque ellos dicen que no todos son así. Entonces, apliquen la ley, tengan tantita madre.