Verdolatría: Somos atravesados por el mundo vegetal
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Santiago Beruete ha hundido las manos en la tierra, porque sólo así –dijo– se escribe algo sustancioso
Un acontecimiento notabilísimo fue la visita a esta capital del antropólogo, filósofo y escritor español Santiago Beruete, quien se define a sí mismo como jardinero. Vino a polinizar el pensamiento local con una filosofía que nos reconecta con el mundo que no posee sistema nervioso central ni corazón: ese cosmos verde que despreciamos por su aparente falta de inteligencia, que no es tal, ya que es el que más antigüedad e inteligencia adaptativa ha demostrado; habita este planeta desde el origen, como es el caso de las cianobacterias.
Beruete compartió su pensamiento con jóvenes, amantes de la escritura y público lector en general. Él ha hundido las manos en la tierra, porque sólo así –dijo– se escribe algo sustancioso, donde cuerpo y espíritu se unen en un único ritmo para germinar pensamientos ricos en complejidad.
Sí, la hondura de pensamiento se da con el tiempo, el cultivo, la atención, el silencio, la incomodidad y la espera, así como la poda, el incendio, la sequedad y la lluvia. Su libro “Verdolatría: La Naturaleza nos Enseña a ser Humanos” nos permite observar, por ejemplo, los tantos usos que hemos dado a los árboles. Aprendemos del linaje llamado “árbol familiar” sobre las relaciones de parentesco y las historias de sus distintas generaciones; incluso lo representamos con figuras tridimensionales en metal, cerámica o madera, de cuyas ramas cuelgan los nombres de los integrantes.
Del mismo modo, entendemos el mundo científico por el cladograma, que es una forma más abstracta y geométrica de ramificaciones. Este diagrama es un elemento usado en biología para representar las relaciones evolutivas de distintas especies o grupos de organismos, que ilustra el orden de ramificación a través de ancestros comunes.
Beruete refiere en su libro que “construir bosques verticales, granjas en las azoteas de los rascacielos, parques subterráneos en túneles abandonados del metro o paredes de cultivo en el interior de residencias privadas” son una utopía realista que se ha materializado en ciudades que mudan su piel gris asfalto por una cubierta verde. Para ello trae casos como las ecocities chinas de Tianjin y Liuzhou, las torres Nanjing Green, la Scott Tower en Singapur o el enorme jardín vertical del Hotel Icon en Hong Kong.
En contraste, el autor denuncia la atomización de sitios exclusivos con verdor y privilegios, mientras la mayoría de la población sufre de exclusión, algo así como el jardín del gigante egoísta, pero ahora resguardado por cercos electrificados y altas paredes, versus el deterioro del resto de los espacios.
Por otro lado, invita a reflexionar sobre la importancia de la acción directa de los jóvenes con el caso de la creación del “jardín de los Mowglis”, una intervención realizada en una zona olvidada que hace un guiño a “Desobediencia Civil”, de Henry David Thoreau, el cual, por cierto, es uno de mis libros favoritos.
Santiago estuvo en Saltillo auspiciado por la Embajada de España en México, como parte de su gira por Querétaro, Puebla y Ciudad de México, donde hoy se encuentra. Así también, su incursión aquí fue posible gracias a la Secretaría de Cultura de Coahuila. Yo sólo pienso que nos faltó escucharlo más y en más foros, pues su voz es necesaria también en el contexto del cambio climático antropogénico y de la depredación extractiva de la naturaleza.
El vocablo “vegetal” proviene del latín medieval vegetalis, que deriva del verbo latino vegetare, que significa “vivificar”, “animar” o “estar vivo”, y del adjetivo vegetus, que se traduce como “vigoroso o lleno de vida”.
En Saltillo, sus libros se encuentran en la librería Librakos. Considero que aportan conocimientos y reflexiones necesarias tanto para generar políticas ambientales públicas como para integrarlas en la educación y ser retomadas por colectivos amantes de la naturaleza. Entre sus títulos figuran “Jardinosofía: Una Historia Filosófica de los Jardines”, “Filosíntesis: Espiritualidad y Filosofía Desde el Jardín” y “Aprendívoros: El Cultivo de la Curiosidad”.