Suprema Corte al rescate
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La Corte, al frenar esa deriva, actúa como un dique contra la tentación del ‘presidencialismo arancelario’ y refuerza una idea básica para los mercados: en Estados Unidos aún existen los pesos y contrapesos
Se suspenden los aranceles de Donald Trump, al menos los que decretó en el “Día de la Liberación”. Fue una votación de seis contra tres, incluyendo a tres jueces de los llamados conservadores; dos fueron nombrados por el mismo presidente y el tercero es el ministro en jefe de la Suprema Corte. Antes de entrar al detalle, es importante recordar que México estaba exento de estos aranceles en un 85 por ciento de los productos que se exportan, gracias a la arquitectura de libre comercio que hemos construido durante décadas. El impacto hoy día está en un 15 por ciento de estos, los cuales no fueron obstáculo para que México tuviera cifras históricas de exportaciones a Estados Unidos y se colocara como el principal socio comercial de nuestro vecino, por encima de Canadá y China.
Lo primero que queda claro para Estados Unidos y para el mundo es que las instituciones y la división de poderes siguen resistiendo. El mismísimo Donald Trump no pudo quebrantar el orden constitucional y los ministros no cedieron a presiones por encima del razonamiento jurídico. La Corte, al frenar esa deriva, actúa como un dique contra la tentación del “presidencialismo arancelario” y refuerza una idea básica para los mercados: en Estados Unidos aún existen los pesos y contrapesos.
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Al Congreso le corresponde la facultad de fijar y aprobar impuestos. Es su atribución exclusiva y ni una ley de emergencia puede ignorar este mandato, mucho menos cuando se trata de algo tan delicado como los aranceles, que afectan precios, cadenas de suministro y decisiones de inversión en medio planeta. La Corte le dijo que no. Y aunque el expresidente aún puede intentar otras rutas –como la famosa Sección 122, que le permite imponer aranceles por 150 días y luego lo obliga a pasar por el Congreso–, la diferencia es enorme –ya no puede jugar solo–, necesita negociar, convencer y asumir costos políticos.
Para Coahuila, que se ha consolidado como uno de los grandes exportadores de México, la decisión de la Corte reduce el ruido político alrededor del T-MEC y protege el modelo que nos permitió insertarnos en las cadenas de valor norteamericanas. Menos discrecionalidad desde Washington significa más espacio para planear inversiones de largo plazo: infraestructura logística, capacitación de talento, energías más limpias. Si el gobierno de Estados Unidos ya no puede mover los aranceles como si fueran un interruptor, los proyectos dejan de depender tanto de la temperatura política del día.
Para Texas, y en particular para sus regiones fronterizas, la señal también es positiva. Texas no sólo compra y vende con México, sino que se ha vuelto un nodo estratégico de la integración productiva norteamericana. Los puertos, las carreteras, los ferrocarriles y los cruces internacionales –incluido Eagle Pass-Piedras Negras– se vuelven más valiosos cuando el marco comercial es estable. Una Corte que le recuerda al presidente que no puede saltarse al Congreso es, en la práctica, una póliza de seguro para la economía texana que depende profundamente de ese intercambio.
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La decisión de la Suprema Corte se inscribe justo en la antesala del próximo proceso de revisión y ratificación del T-MEC. Al dejar claro que los grandes cambios en la política comercial requieren pasar por el Congreso, la Corte fortalece la posición de México y Canadá. No se trata sólo de defender un texto firmado, se trata de exigir que las reglas del juego no puedan ser alteradas unilateralmente al calor de una campaña o de un enojo presidencial. El fallo ofrece un argumento jurídico y político; si en Estados Unidos los aranceles ya no pueden usarse tan alegremente como arma de presión, el espíritu de integración del T-MEC gana terreno.
Para México, para Coahuila y para Texas eso se traduce en algo muy concreto: más certidumbre para seguir exportando, para atraer inversiones y para consolidar la posición que ya ganamos en 2025 como principal socio comercial de Estados Unidos. Nada de esto significa que el presidente Trump se habrá de moderar; Trump seguirá siendo Trump, para bien y para no tan bien.
Facebook: Chuy Ramírez