Teatros del IMSS, la UAEH y el deterioro de las condiciones para hacer arte en México
¿Estamos haciendo bien el teatro? Me refiero al teatro no como disciplina artística con ciertos parámetros estéticos, sino a aquello más amplio que implica la práctica escénica como una elección de vida y todo lo que esto conlleva. La pregunta surge – otra vez – mientras reflexiono en torno a acontecimientos en el país que no son precisamente placenteros. Y es que, sin importar los métodos, si las consecuencias no son buenas, es hora de cuestionarse algunas cosas.
En la misma semana recibimos la “buena” noticia de que los teatros del IMSS serán reactivados al convertirlos en salas de cine y ha explotado el creciente conflicto en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) entre los estudiantes del Instituto de Artes y los directivos, mismo que ya escaló a la violencia física. Un evento no tiene que ver con otro, excepto porque hablan de un deterioro en las condiciones para hacer arte en el país – especialmente artes escénicas – y del hecho de que las motivaciones de las autoridades que deciden cómo se administran los espacios y cómo se divulga el conocimiento están en otro lado.
La noticia de los teatros del IMSS les cayó a muchos como balde de agua fría. Yo no logro decidir si la medida es buena o mala, y tampoco quiero unirme al resentimiento que supuestamente algunos teatreros le tienen al cine por tener que competir por públicos, espacios, etc. Por una parte, entre tener espacios en desuso y tener lugares de difusión del arte, aunque no sea la propia, elijo lo segundo. Por otra, la decisión habla mucho de cómo la gente que está en el poder considera al teatro como algo incapaz de revitalizar espacios, de ser relevante en la vida cultural del país, vaya, de merecer espacios en condiciones dignas y que no vengan de la iniciativa privada.
El conflicto en la UAEH, por otro lado, me remite una vez más a los problemas – más frecuentes de lo que deberían – que se viven en todo el país alrededor de una “pedagogía” de las artes escénicas basada en el abuso y en las violencias disfrazadas de disciplina y compromiso. Los estudiantes pedían la destitución de María Teresa Paulín Ríos como directora del Instituto de Artes, alegando actos de acoso y discriminación de su parte y de otros docentes a los que protegía. Existe gente que defiende a la directora, de la misma forma que sobran testimonios que la inculpan. Sea cual sea la verdad, responder con la violencia que se respondió contra personas que hacían uso de su derecho a la protesta, no habla de una institución dirigida por lo que debieran ser artistas y humanistas ejemplares.
Sea por reflexión propia o por la presión externa generada cuando la noticia se divulgó a nivel nacional, Paulín Ríos por fin renunció al cargo después de varias negativas. La protesta se concentra ahora en la renuncia del rector, al que se le acusa de represión y censura.
Quien decide dedicarse al arte puede hacerlo por muchos motivos. El arte permite crear y comunicar, puede sanar y crear espacios de encuentro; también puede inflar egos y manipular o servir como pretexto para desviar recursos. Todo dependiendo de las manos en que se encuentre.
El 1 de febrero de 1983, Julian Beck, fundador del Living Theatre escribía en su diario: “las esperanzas incandescentes del movimiento del 68 se han desvanecido. Quedan solamente tejidos y membranas”. En ese entonces, al legendario director le parecía que la época de oro del teatro como acción política se había desvanecido. Sin embargo, es a veces en los momentos más difíciles que el arte resurge con más fuerza. Habríamos de recordar esa vocación del artista escénico. Esa que consiste en hablar de lo que no se habla, en poner el cuerpo, en comprometerse hasta las últimas consecuencias. Habríamos de recordar la certeza con la que Bertolt Brecht alguna vez escribió: “En tiempos sombríos, ¿se cantará también? También se cantará sobre los tiempos sombríos”.
Los usos de las artes y del teatro entre ellas, puede ser bueno, malo o ninguno. Solamente hay que aprender a usarlo. Y si la gente que toma las decisiones no sabe cómo hacerlo, tal vez haya que buscar cómo enseñarles.