Tesis profesional y el plagio de la ministra

+ Seguir en Seguir en Google
Opinión
/ 28 diciembre 2022
true

El tres de julio del año 2000, a las 07:00 horas, llegué raspando a mi último examen de la Licenciatura en la Facultad de Derecho de la Universidad Anáhuac. El examen era lo último que yo traía en mente. El día previo había vivido una de los momentos más intensos y memorables de mi vida. En la sede nacional del PAN, estuve apoyando y recabando reportes de todo el país. A las dos de la tarde, el candidato presidencial, Vicente Fox, pasó a saludarnos y animarnos. Por ahí guardo una foto de aquel día. Ya por la noche llegaron los resultados y se desató la euforia.

A partir de ese 3 de julio me aboqué a preparar mi tesis profesional. La energía de la juventud me ayudó a concentrarme en la tarea. Lo primero fue elegir tema y director de tesis. Me gustan los retos y me propuse discutir la sacrosanta figura de la no reelección presidencial. Además de hacer un análisis histórico y comparativo con otros países, busqué concluir que cuando el sufragio es realmente efectivo, la reelección no es un riesgo para la democracia, por el contrario, la afirma.

Mi director de tesis era uno de los maestros más respetados de la Facultad de Derecho. Mi maestro de Derecho Constitucional y Amparo, Ricardo Sodi, hoy presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México. No obstante la buena relación en cada sesión que tuve con él, fue estricto y siempre cuestionó mis conclusiones, pero las respetaba. En el mismo examen profesional fue duro, de ello tengo testigos. Al concluir me felicitó junto con mis otras sinodales.

En aquel proceso, mucho me sirvió un librito que editaba la Facultad de Derecho, escrito por la hoy doctora Dora García Fernández, por ahí debe estar a la venta, se titulaba “Metodología de la Investigación Jurídica”. Ahí y en un curso previo con la autora, aprendí la importancia moral de citar un texto o una idea que no son propios. Las citas por lo general me sirvieron para fortalecer un argumento o contraargumentarlo.

El respetado académico de la UNAM, Guillermo Sheridan, investigó, analizó, evidenció y denunció que la ministra de la Suprema Corte, Yasmín Esquivel Mossa, muy probablemente plagió párrafos, ideas y conceptos enteros en su tesis profesional. Ya la propia UNAM reconoció el hecho como muy probable. Basta ver las comparaciones publicadas para darse cuenta de ello. No sólo eso, su directora dirigió varias tesis sobre el mismo tema en específico. Que varias personas puedan concluir y argumentar una misma idea, pudiera ser remotamente posible. Pero que esta misma idea se desarrolle varias veces a lo largo de los años con la misma directora de tesis, sin que se investigue, es imposible y huele a plagio por donde se le quiera ver.

El hecho, escandaloso en sí, tiene consecuencias pasadas y presentes. Por lo pronto sería impensable creer que los ministros pudieran elegir a Esquivel como presidenta de la Suprema Corte Justicia y del Consejo de la Judicatura Federal, posición a la cual aspira. Además, pudiera tener consecuencias jurídicas en las muchas decisiones que ha tomado en su calidad de juez.

Yasmín Esquivel es la esposa de José María Rioboo, el constructor favorito y amigo del Presidente de la República. El Presidente no tardó en salir en su defensa. No negó los hechos, por el contrario, los minimizo, como “errores de juventud”. Que, para el caso, “Sheridan y Krauze habían hecho más daño”. ¿Y Krauze que tiene que ver? Es el típico juego del caos demagógico que le gusta jugar al Presidente.

Poco importa que se trate de un requisito legal al que nos obligaron y obligan a miles de pasantes a cumplir. Sólo así la Dirección General de Profesiones de la Secretaría de Educación Pública, nos reconoce como “licenciados”. Por lo visto, a la ministra, entonces pasante, le dio pereza pensar y prefirió copiar o mejor dicho, robar ideas.

@chuyramirezr

Temas



Columna: Regresando a las Fuentes

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM