Toña Bandala
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Toña Bandala es un ejemplo para los servidores públicos de Coahuila
Sirvió durante seis sexenios en forma consecutiva; del general Raúl Madero a José de las Fuentes, fue secretaria de personajes como: José Saucedo Siller, Óscar Villegas Rico, Roberto Orozco Melo y Enrique Martínez y Martínez, entre otros. Se distinguió por su eficiencia —se le consideró como la mejor mecanógrafa de Palacio—, amplia iniciativa, honestidad y discreción. Vivió en una modesta casa sobre la calle de Guerrero, y se le atribuye un noviazgo con un conocido taxista que tuvo su sitio en la esquina de Hidalgo y Aldama.
Abundan las anécdotas en torno a ella. Una tiene que ver con las reprimendas que le hacía al gobernador Raúl Madero, quien, con las manos impregnadas del dulce de las charamuscas que el general compraba a los vendedores de la Plaza de Armas, manchaba y echaba a perder los oficios que ella le daba para firmar. Un hecho ilustra su generosidad: un día de intenso frío, advirtió que el elevadorista de Palacio no traía abrigo, así que, de inmediato, le compró un maquinof, que es un abrigo de tela gruesa.
Toña Bandala mostró su iniciativa en la toma de decisiones cuando, en enero de 1959, el gobierno de López Mateos rompió relaciones diplomáticas con Guatemala, debido a que aviones de ese país mataron e hirieron a varios pescadores mexicanos de camarón en aguas en disputa. Nuestra protagonista pensó que, ante dicha crisis, pudiera requerirse la presencia en Palacio del secretario general de Gobierno, el licenciado José Saucedo Siller, quien se encontraba de cacería en la sierra de Múzquiz, acompañado de amigos como Pilo Cadena, el doctor Eduardo Dávila Garza y Rómulo Sánchez Mireles.
Urgía comunicarse con él y, ante la falta de celulares, ella llamó al piloto del gobierno, Enrique Garza Cepeda, quien abordó la avioneta Cessna con la misión de lanzar volantes sobre la sierra para hacer llegar el mensaje a su destinatario, lo cual se logró.
Años después, a fines de los 1970, Toña recibió la llamada de mi amigo Pancho Saucedo, a quien un aduanal le confiscó de manera arbitraria un jeep “Willys”, que venía con su documentación en regla. El vehículo fue confiscado y mi amigo, que regresaba de cacería de Piedras Negras, luego de reunir la documentación complementaria, regresó a Saltillo para pedir ayuda a Toña Bandala, que de inmediato lo condujo con Enrique Torres y luego con el gobernador Flores Tapia, quien giró instrucciones al delegado de Hacienda en Piedras Negras, Julio Santoscoy, para que resolviera el caso. Resulta que la “Willys” la tenía en su poder el aduanal, por lo que Santoscoy lo reprendió, dando órdenes para que el vehículo fuera devuelto a su dueño.
En otro episodio, el 26 de mayo de 1977, nuestra protagonista interrumpió el acuerdo entre Roberto Orozco Melo, secretario general de Gobierno, y el capitán Raúl Lemuel Burciaga, encargado de la seguridad del Estado, para informarle al militar que era requerido de urgencia, pues se habían fugado cuatro reos del penal, llevando como rehenes al director Daniel Camacho y a su secretaria.
Se produjo un enfrentamiento en Rocamontes, por la carretera a Zacatecas, y el capitán Burciaga cayó herido en medio del fuego, por lo que el helicóptero del gobierno no podía recogerlo. Fue entonces que Francisco Cepeda Izaguirre, que había quedado varado en la carretera, arriesgando su vida, corrió a levantar al militar para llevarlo a la aeronave y conducirlo al hospital. Lamentablemente, el capitán perdió la vida días después. Esta última información procede de “El Heraldo de Saltillo”.
He mostrado algunos rasgos de la personalidad de nuestra protagonista, por lo que hago una sugerencia al Comité de la Presea Saltillo para que se tome en cuenta la trayectoria de esta mujer y sea considerada su postulación para recibir el justo homenaje que se merece. Toña Bandala es un ejemplo para los servidores públicos de Coahuila.