Tormentos solares. Un boleto gratis a la Edad de Piedra (Parte II)

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Opinión
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Una tormenta geomagnética de tal magnitud colapsaría las comunicaciones a escala global, dejaría inservibles satélites en órbita y paralizaría nuestra forma de vida

En la anterior entrega de esta columna poníamos en perspectiva los riesgos, abordándolos a la escala de una computadora personal. La visualización de los serios daños potenciales no fue para nada menor. Hagámoslo ahora a la escala de una ciudad entera.

Pensemos en hospitales, aeropuertos, sistemas de control de tráfico, redes de información bancaria. Prácticamente, la operación de todo lo que hoy hace funcionar una ciudad depende del correcto funcionamiento de redes eléctricas y de comunicación.

https://vanguardia.com.mx/opinion/tormentas-solares-un-boleto-gratis-a-la-edad-de-piedra-parte-i-JN20968414

Aun años atrás, con bastante menos dependencia tecnológica, el tema era de importancia considerable. El 13 de marzo de 1989, una erupción solar provocó, en apenas noventa segundos, el colapso de la planta hidroeléctrica de la provincia de Quebec, en Canadá.

El evento dejó aproximadamente a seis millones de personas sin electricidad durante nueve horas, lo que resultó también en disminución de calefacción, teniendo en esa fecha aún temperaturas bajo cero a lo largo del día. Las pérdidas económicas fueron considerables.

A pesar de lo grave de dicho evento, no se compara en absoluto con el peor antecedente registrado: la tormenta solar de 1859, también conocida como “Evento Carrington”, considerada la tormenta geomagnética más potente de la que se tenga memoria.

Su pico de intensidad ocurrió el 1 y 2 de septiembre, y provocó el fallo de los sistemas de telégrafo en toda Europa y América del Norte. Hubo un aviso previo. Desde el 28 de agosto se registraron avistamientos de auroras boreales en naciones del Caribe.

Las cargas de energía extraordinaria en los cables del entonces moderno sistema de comunicación telegráfica dieron lugar a cortes de comunicación y a cortocircuitos, lo que provocó a su vez una serie de incendios en Estados Unidos y en países europeos.

Si algo similar ocurriera en nuestros días, las consecuencias serían simplemente catastróficas. Una tormenta geomagnética de tal magnitud colapsaría las comunicaciones a escala global, dejaría inservibles satélites en órbita y paralizaría nuestra forma de vida.

El 10 de mayo de 2024 tuvimos un evento de este tipo. Si bien no se acercó a lo ocurrido en 1859, la tormenta alcanzó el nivel G5, correspondiente a la categoría de “severa”, por primera vez en más de dos décadas, generando afectaciones por todo el mundo.

Esta tormenta solar, considerada como la mejor documentada en la historia, afortunadamente no tuvo consecuencias catastróficas, pero sí efectos ampliamente documentados que hoy se siguen estudiando para comprender mejor estos fenómenos.

Las auroras boreales generadas por la llegada a la Tierra de los vientos solares fueron visibles incluso en estados del norte de nuestro país. Las ondas geomagnéticas lograron ser registradas durante un intervalo que rebasó las 55 horas de lecturas continuas.

Entre los efectos registrados durante dicho evento se incluyen posibles afectaciones a satélites, telecomunicaciones, redes digitales de información, sistemas de posicionamiento global, navegación aérea y redes de transmisión de energía eléctrica.

Hace 12 años, el 3 de junio de 2014, se publicó en el Diario Oficial de la Federación una reforma a la Ley General de Protección Civil que incorpora los fenómenos astronómicos a los fenómenos perturbadores que el Sistema Nacional de Protección Civil debe atender.

La fracción XXI de su artículo 2 los define como “eventos, procesos o propiedades a los que están sometidos los objetos del espacio exterior, incluidos estrellas, planetas, cometas y meteoros. Algunos de éstos fenómenos interactúan con la Tierra, ocasionándole situaciones que generan perturbaciones que pueden ser destructivas tanto en la atmósfera como en la superficie terrestre, entre ellas se cuentan las tormentas magnéticas y el impacto de meteoritos”.

https://vanguardia.com.mx/informacion/tormenta-solar-extrema-esta-el-mundo-preparado-para-resistirla-HF17658359

El artículo 20 del mismo ordenamiento señala que: “En el caso de los Fenómenos Astronómicos, la Coordinación Nacional de Protección Civil, el Centro Nacional de Prevención de Desastres y la Agencia Espacial Mexicana, trabajarán conjuntamente y en el marco de sus atribuciones, a fin de crear y promover las políticas públicas en materia de prevención o atención de desastres ocasionados por objetos que provengan del espacio exterior”.

Será necesario que nuestros Atlas de Riesgos, así como nuestros planes de resiliencia, consideren de manera importante este tipo de riesgos dada la inusitada dependencia que tenemos a las tecnologías digitales.

Ser conscientes de nuestros riesgos traza un camino más seguro hacia un futuro posible.

jruizf@henka.com.mx

Abogado por la U.A. de C., especializándose en Derecho Ambiental y Gestión Urbanística. Cuenta con Maestría en Gestión Ambiental por la U.A.N.E. Cursa actualmente estudios de Doctorado con enfoque en Derecho a la Ciudad. Ha colaborado en los Institutos Municipales de Planeación de Torreón y de Saltillo, así como en la Delegación Coahuila de SEMARNAT. Ha representado a México en diversos foros internacionales, entre ellos el SWYL Program y la Tokyo Conference, organizados por el Gobierno de Japón. Se desempeñó como Director Operativo de COPERES y Presidente de la Representación Coahuila de la Asociación Mexicana de Urbanistas. Es catedrático a nivel Licenciatura y Posgrado en instituciones como la Universidad Autónoma de Coahuila y la Universidad Iberoamericana.

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