Trump dará uno de estos días un manotazo a México
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El insolente y prepotente Trump, en su largo y altísono discurso ante la Asamblea General de la ONU, calificó a nuestro país de ‘epicentro de los cárteles’
En la noche de sus bodas, el joven Ultilíneo ocupó su sitio en el tálamo nupcial y se arrimó a su flamante mujercita con la evidente intención de consumar el matrimonio. “¡Joder! –se enojó ella–. ¿Por qué todos los hombres piensan nada más en esto?”... Hay palabras que me ponen a temblar. Por ejemplo: “Pide la cuenta”. “Lúgubre sugerencia”, decía con sombrío acento un cierto amigo mío al oír esa frase. El insolente y prepotente Trump, en su largo y altísono discurso ante la Asamblea General de la ONU, calificó a nuestro país de “epicentro de los cárteles”. Anunció: “La seguridad y protección llegará a México”, y añadió con expresión sibilina: “Cuando llegue ese día...”. Estas últimas palabras fueron las que me provocaron el temblor. Inconscientemente –así hago casi todo lo que hago– evoqué a Jackie Gleason, gran músico y gran actor americano. Era famoso tanto por su afición etílica como por su dispendiosa generosidad. En cierta ocasión le preguntó al botones de un hotel en Las Vegas: “¿Cuál es la mayor propina que en tu vida has recibido?”. “Mil dólares” –respondió el empleado–. Le dijo Jackie: “Ten estos 2 mil. Quiero ser yo el que te ha dado la mejor propina”. El botones recibió el dinero, agradecido. “Y dime –le preguntó Gleason–. ¿Quién te dio aquella propina de mil dólares?”. Contestó el muchacho: “Usted”. El gran comediante alcanzó fama por su extraordinaria actuación en “The honeymooners”, comedia de la televisión. Hacía el papel de un marido al que sacaban de quicio las pacíficas belicosidades de su esposa. Vociferaba él, amenazante: “¡Ah! ¡Uno de estos días! ¡Uno de estos días!”. Pues bien, uno de estos días Trump podrá dar un manotazo a México, tal como hizo con Venezuela. Su otra ave negra es Cuba, cuya caída ya anunció también, pero ese objetivo está más complicado, y mayores pretextos tiene para intervenir en México. De nueva cuenta pido no ser considerado profeta de desgracias. Tampoco, ¡Dios me libre!, sugiero poner en práctica la antigua máxima latina: Si vis pacem, para bellum (si quieres la paz, prepara la guerra). ¿Cómo podría ser eso? Ellos poseen un arsenal temible: cohetes, submarinos nucleares, portaviones. Nosotros tenemos resorteras y palabrería sobre soberanía. Lo que espero es que la Presidenta Sheinbaum no ponga el interés de Rocha Moya y sus contlapaches, ni el de los sospechosos amigochos de AMLO, por encima del bien de la nación. ¿Será eso mucho pedir?... Un individuo llamado Pimp manifestó en su mesa del Bar Ahúnda: “Me dedico a la segunda profesión más antigua del mundo”. “¿Ah sí? –preguntó uno de los bebedores–. ¿Cuál es?”. Respondió Pimp: “Sacarles el dinero a las que practican la profesión más antigua del mundo”. O sea que era chulo, gigoló, mantenido o padrote, con perdón por la vulgaridad de este último vocablo. Tuve un muy buen amigo que se dedicaba a ese oficio. He tenido amigos muy variados. De 3:00 de la tarde a 11:00 de la noche era mesero. Al terminar su turno de trabajo, cambiaba el sobrio atavío de camarero por el más elegante y colorido de pachuco, y se iba a atender a sus pupilas –tres o cuatro tenía– en la zona de tolerancia. Yo le reprochaba su ocupación. Me respondía: “¿Y me lo dices tú, que eres abogado y periodista?”... La mamá de Pepito se quedó sin habla cuando vio que su precoz retoño había puesto sobre la cabecera de su cama la página central de una revista porno con la provocativa estampa de una despampanante rubia sin nada encima aparte de su marfilina piel. Antes de que la señora pudiera hallar palabras para reprenderlo, Pepito explicó su conducta: “Ya me tenía aburrido el angelito de la guarda”... FIN.