Trump se habría ido hace tiempo si tan solo pudiéramos...

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Opinión
/ 14 junio 2024

Nunca iba a ser fácil conseguir que los electores abandonaran a su héroe

Por Thomas B. Edsall, The New York Times.

Un predicamento central de la campaña de Joe Biden es cómo convencer a los votantes de abandonar a Donald Trump.

“En 2012, la campaña de Obama convirtió a un buen tipo, Mitt Romney, en una basura”, me dijo Steve Murphy, cofundador de la empresa de medios demócrata MVAR Media. “No puedes hacerle eso a Trump porque ya todos saben que es una basura”.

Los votantes no solo saben que Trump es corrupto, mentiroso, narcisista y venal, sino que sus partidarios han encontrado una y otra vez la manera de dejar pasar que Trump no se haga cargo de sus obligaciones.

En abril, antes de que el expresidente fuera condenado por 34 delitos graves por un jurado de Nueva York, y de nuevo a principios de este mes, tras ser declarado culpable, la firma de investigación YouGov les preguntó a los votantes:

“¿Creen que debería permitírsele ser presidente a una persona que ha sido condenada por un delito grave?”.

En abril, antes del veredicto, los republicanos se oponían por completo a que un delincuente llegara a la presidencia, el 17 por ciento estaba a favor, el 58 por ciento en contra (y el 25 por ciento restante no estaba seguro).

En junio, después de la condena, los republicanos cambiaron de opinión: el 58 por ciento opinaba que un delincuente debería poder ser presidente, el 23 por ciento se oponía y el 19 por ciento no estaba seguro.

YouGov también le preguntó al electorado: “¿Consideran que falsificar registros empresariales para ocultar el pago de dinero a una estrella porno a cambio de su silencio es un delito grave?”.

En seis encuestas previas a la condena, entre junio de 2023 y abril de 2024, la proporción de republicanos que dijeron que era un delito grave falsificar registros se situó una y otra vez entre el 27 y el 29 por ciento. En junio, tras la condena de Trump, el porcentaje de los republicanos cayó al 9 por ciento.

Este patrón persiste entre quienes son leales a Trump.

En 2011, mucho antes de la campaña presidencial de Trump, el PRRI (antes conocido como el Public Religion Research Institute) les preguntó a los miembros de distintas denominaciones si “los funcionarios electos pueden seguir desempeñando sus funciones públicas de forma ética aunque hayan cometido actos personales inmorales”.

Los protestantes evangélicos blancos fueron, por mucho, los más firmes a la hora de rechazar a los políticos con antecedentes de inmoralidad personal. Solo el 30 por ciento dijo que un político afectado de esa manera podría desempeñarse con ética si fuera elegido para un cargo público.

En 2016, cuando Trump se convirtió en el nominado republicano, el PRRI hizo la misma pregunta. En esta ocasión, el 72 por ciento de los protestantes evangélicos blancos dijo que un político inmoral en su vida personal podía comportarse con ética en un cargo público, el porcentaje más alto de todas las denominaciones consultadas.

En otras palabras, tratar de establecer un estándar significativo de decencia para Trump es como intentar pescar una anguila solo con las manos.

John Ganz, analista político y autor del libro de reciente publicación “When the Clock Broke: Con Men, Conspiracists and How America Cracked Up in the Early 1990s”, captura esta faceta de Trump en “The Shadow of the Mob: Trump’s Gangster Gemeinschaft”, un ensayo publicado la semana pasada en la cuenta de Substack de Ganz llamada Unpopular Front.

“Así que Donald Trump ahora es un delincuente condenado. ¿Les importará a los votantes?”, se pregunta Ganz, quien lo duda: “Puede que incluso a aquellos que no son fieles al MAGA, sino que ven a Trump de una manera más ambivalente, no les moleste mucho el estatus oficial de delincuente de Trump. Y algunos incluso podrían encontrar algo atractivo en ello”.

¿Cómo puede ser eso? Para responder a esa pregunta, Ganz escribe que Trump habla y actúa como un mafioso. No trata de ocultarlo. Con frecuencia, se compara con Al Capone. La semana pasada, The New York Times informó que: “Trump se inclina por una imagen de forajido mientras concluye su juicio penal”.

Ganz argumenta que los votantes que se inclinan por Trump creen que el sistema —el Estado de derecho, la democracia liberal, la igualdad política— ha fracasado.

Para este electorado, el trumpismo ofrece la apariencia de una solución: las mafias no solo se ocupan del bienestar material de los que están dentro, sino que también son fuentes de reconocimiento y pertenencia. Formas parte del clan, de la cuadrilla, de la familia.

En este contexto, Trump “habla del anhelo de un retorno a algo anterior, ‘la cercanía original de la sangre’, algo más orgánico que la sociedad: la pandilla, la mafia, la familia... a la gemeinschaft” (la comunidad en español).

Para Ganz, un comentario en específico de un director de operaciones afroestadounidense que participó en una sesión de debate grupal del Times que se llevó a cabo horas después de que el jurado de Nueva York declarara culpable a Trump proporcionó un estudio de caso muy instructivo: “Hay que recordar por qué Trump es la elección de millones de personas”, dijo el director de operaciones:

Trump representa un cortocircuito para el sistema. Sus seguidores no le exigen los mismos estándares éticos. Es el antihéroe, el Soprano, el “Breaking Bad”, el tipo que hace cosas malas, que es un mal tipo pero que las hace en nombre de la gente a la que representa.

Kabir Khanna, subdirector de elecciones y análisis de datos de CBS News, me envió un correo electrónico en respuesta a mis preguntas sobre los problemas a los que se enfrentan los demócratas que buscan atacar a Trump.

“Parte del problema para los demócratas”, escribió, “es que las opiniones que se tienen de Trump están bastante bien establecidas para la mayoría del electorado. La mayoría de la gente sabe lo que piensan de él. Tal vez lo mejor que una campaña de oposición puede esperar hacer es aumentar la relevancia de ciertas cuestiones, políticas o aspectos de su estilo de liderazgo”.

Khanna agrega que muchos electores “recuerdan una buena economía bajo la presidencia de Trump y, al parecer, no tienen en cuenta la recesión relacionada con la pandemia de 2020 y esperan que sus finanzas mejoren en un segundo mandato de Trump”. Esta memoria selectiva es en especial importante entre “los electores que están menos involucrados en la política, muchos de los cuales sentían que las cosas estaban mejor antes de la pandemia que ahora, mientras que están menos en sintonía con su retórica incendiaria, sus antecedentes penales y sus planes específicos si es reelegido”.

Según Khanna, uno de los principales obstáculos a los que se enfrentan los demócratas es que la “brecha de agrado” de Trump no se está traduciendo en una ventaja en las preferencias de voto. Eso se debe a que una parte considerable de los votantes a los que no les gusta la forma en que Trump maneja sus asuntos personales lo apoyan a pesar de ello y es sobre todo porque se oponen a Biden. Entre estos “antipáticos” de Trump, el 28 por ciento va a votar por él o se inclina por él. Eso incluye al 85 por ciento de los republicanos y al 31 por ciento de los independientes a los que no les gusta, pero solo al 2 por ciento de los demócratas.

Aunque a estos electores no les gusta la manera en que se comporta Trump, siguen dándole buenas calificaciones en una serie de descriptores, como “duro”, “efectivo”, “enérgico”, “concentrado” y “competente”, cada uno de estos es seleccionado por al menos ocho de cada diez, siendo “compasivo” el único adjetivo que Khanna probó en el que Trump no obtiene buenos resultados. Y ocho de cada diez dicen que él lucha por la gente como ellos.

¿Quiénes son estos electores a los que no les gusta Trump, pero a pesar de ello planean votar por él?

Khanna:

Sobre todo son mujeres y universitarios que apoyan a Trump. También se identifican como moderados en mayor medida que los “simpatizantes” y si declaran haber votado en las elecciones primarias del Partido Republicano, son algo más propensos a haber apoyado a Nikki Haley o Ron DeSantis (aunque la mayoría votó por Trump). También es más probable que describan como graves los delitos relacionados con los sucesos del 6 de enero que Trump trató de anular tras las elecciones de 2020, más que los pagos a una actriz porno de los que fue declarado culpable en Nueva York. La mayoría no quiere que Trump tenga más poder presidencial si es reelegido y, en contraste con la mayoría de sus simpatizantes, no quiere que utilice el sistema de justicia penal para vengarse de sus opositores políticos.

Khanna argumentó que una encuesta reciente de CBS muestra que:

Estos votantes son menos firmes en sus decisiones: solo la mitad dice que su apoyo a Trump es “Muy firme: ya decidí”. Aunque muy pocos de ellos expresan su disposición a considerar a Biden, es posible que algunos no voten por ninguno de los dos este año. Puede que reconsideren su apoyo si llegan a la conclusión de que Trump está más centrado en la venganza y en proteger sus propios intereses que en mejorar de manera sustancial la vida de los estadounidenses.

La campaña de Biden y Harris ha gastado casi 64,4 millones de dólares en medios —televisión, radio y anuncios digitales— hasta finales de mayo, según informes de la Comisión de Elecciones Federales y Open Secrets, un sitio sin fines de lucro de divulgación de datos de campañas.

Además, mi colega del Times Reid J. Epstein informó en marzo que “una nueva promesa de 120 millones de dólares para levantar al presidente Biden y sus aliados elevará el gasto total previsto de los grupos externos que trabajan para reelegir a Biden a 1000 millones de dólares este año”.

Los anuncios de Biden no han producido cambios significativos en los resultados de las encuestas, lo cual muestra un patrón bastante consistente, una contienda cerrada. El conjunto de datos de encuestas más reciente de RealClearPolitics coloca a Trump a la cabeza por una diferencia del 0,5 por ciento.

El fracaso de la embestida mediática de Biden para mover la aguja hasta ahora refleja el hecho de que los partidarios de Trump ven su carácter sin escrúpulos y nefasto, expuesto sin tapujos, como una fortaleza, no como un lastre.

Anat Shenker-Osorio, directora y fundadora de ASO Communications, ha estado realizando grupos de debate para probar mensajes y anuncios contra Trump. En un correo electrónico, describió algunos de los resultados obtenidos por ella y sus colegas:

En general, encontramos que las construcciones con “es” son menos efectivas que las de “hará”. Cuando se dice “Trump es...” y luego se añaden algunos detalles de su personalidad, se invita a los votantes a considerar si se está “jugando a la política de siempre” y simplemente se está impugnando al Equipo Azul contra el Equipo Rojo. Centrarse en “Trump hará” y completarlo con algún daño futuro concreto, de cara al votante, es más eficaz. Y por eficaz me refiero tanto a alejar al votante indeciso de Trump como a motivar a la gente que está desconectada a ver estas elecciones como algo en lo que debe participar.

Shenker-Osorio comentó que, sin embargo, hay “dos advertencias absolutamente esenciales”.

La primera es que “ahora tenemos un nuevo ‘Trump es...’”: un delincuente condenado.

Se trata de un apelativo muy diferente a, por ejemplo, “desquiciado”, “una persona que actúa solo en beneficio propio”, “racista”, “corrupto” o incluso “un depredador sexual”. Es un apelativo que nace de una decisión tomada por un jurado conformado por ciudadanos estadounidenses, no por funcionarios del gobierno y que tiene un gran impacto en una cultura con un profundo interés por todo lo relacionado con la delincuencia. No se trata de que la parte contraria esté insultando a Trump, sino más bien de una verdad ineludible, incluso para quienes no tienen ni idea de los detalles de los delitos o son escépticos al respecto.

La segunda es que puede haber problemas incluso con los mensajes que usan “Trump hará” y Shenker-Osorio afirmó que a veces es más efectivo decir “’MAGA hará’”, porque “’MAGA hará’ contrarresta el escepticismo de que la agenda se promulgue”.

Por otra parte, Shenker-Osario escribió: “Los anuncios más poderosos de Trump son los que muestran empatía real con las experiencias vividas por los votantes. Hablan de las preocupaciones económicas que mucha gente tiene ahora mismo en relación con el costo de vida y llegar a fin de mes, y culpan a Biden de todo esto”.

En particular, continuó: “Trump no es visto ni escuchado en estos comerciales”.

En el artículo “Trump Conviction Shows There’s No 2024 Game Changer Coming”, Ed Kilgore, ex operador demócrata que ahora es columnista político de la revista New York, explica desde otro punto de vista la aparente invulnerabilidad de Trump:

Se puede discutir todo el día sobre por qué Trump parece ser “Don Teflón” o incluso concluir que no se trata de él sino de susopositores ineficaces en ambos partidos o sobre una atmósfera de polarización partidista que nada puede penetrar. Pero sea como sea, estamos en una contienda presidencial a la que parecen no afectar los tipos de cosas que solía decirse que “cambiaban el juego”.

Es hora de aceptar al menos como una presunción refutable que el juego no está cambiando. Y eso tiene implicaciones para acontecimientos futuros como los debates presidenciales, las convenciones de los dos partidos principales y el tira y afloja de la competencia de la campaña a medida que se acercan las elecciones de noviembre.

Trump, continúa Kilgore:

Es incapaz de moderar su mensaje violento y vengativo y la dinámica de participación de este año podría hacer que la base de apoyo de Biden sea más confiable. Además, la ventaja de Trump en las encuestas, aunque ha provocado el pánico en algunas filas demócratas, siempre ha estado a unos cuantos puntos porcentuales de desaparecer por completo.

Pero nadie debería esperar que Trump se autodestruya o que los votantes a los que se puede convencer de no votar por él se despierten una mañana y se den cuenta de que es un hombre espantoso.

La estrategia adoptada por Trump y sus aliados para hacer frente a sus aparentes responsabilidades no es cambiar de rumbo, sino redoblar la apuesta.

El 6 de enero, Trump publicó uno de sus cada vez más típicos desplantes en Truth Social, que tiene que leerse completo para apreciarlo:

Es una Total y Completa Tragedia Estadounidense que el Departamento de Injusticia del Corrupto Joe Biden esté tan desesperado por encarcelar a Steve Bannon, y a cualquier otro Republicano, por no SOMETERSE al Comité No Elegido de Ladrones Políticos, conformado por puros Demócratas, y dos EXREPUBLICANOS LUNÁTICOS, el Llorón Adam Kinzinger, y Liz “Fuera de sus Cabales” Cheney. Se ha demostrado irrefutablemente que fueron los No Elegidos quienes cometieron verdaderos crímenes cuando borraron y destruyeron todas las pruebas materiales, en un patético intento de proteger a la Loca Nancy Pelosi y a otros Demócratas de la VERDAD: QUE YO NO HICE ABSOLUTAMENTE NADA MAL. El uso antiestadounidense como arma de nuestras autoridades de Procuración de Justicia ha alcanzado niveles de Ilegalidad nunca antes imaginados. ACUSEN AL COMITÉ NO ELEGIDO DEL 6 D ENERO DE BORRAR Y DESTRUIR ILEGALMENTE TODOS SUS “HALLAZGOS”. MAGA2024.

Phil McGraw, presentador de televisión que simpatiza con Trump, lo animó de manera específica a abandonar sus amenazas de perseguir a adversarios si es reelegido. Durante una charla de una hora con Trump la semana pasada en “Dr. Phil Primetime”, McGraw dijo: “Hay titulares por ahí que dicen que, cuando gane su segundo mandato, va a hacer que la gente que ha venido después de usted pague retribución y venganza”.

Luego McGraw le sugirió a Trump que abandonara sus amenazas de perseguir a sus adversarios:

Déjeme preguntarle esto, antes de que responda a eso, quiero jugar a “qué pasaría si” con usted por un minuto. ¿Qué pasaría si cuando gane estas elecciones dijera: “Ya es suficiente? Demasiado es demasiado. Esto es una carrera hacia el fondo y hasta aquí llegó”.

Al principio, Trump mordió el anzuelo, pues le contestó a McGraw: “Me parece bien. Estoy de acuerdo. Me parece bien”, pero de inmediato volvió a las andadas: “Aunque a veces la venganza puede estar justificada. Tengo que ser sincero, a veces puede estarlo”.

La estrategia de Trump de declarar sus intenciones es “un viejo gambito del manual de estrategias autoritarias”, según Adam Parkhomenko, estratega político demócrata, que así lo escribió esta semana en la revista Los Angeles.

En su artículo de opinión “Trump Is Conditioning Americans With Authoritarian Statements”, Parkhomenko describe el cálculo subyacente de Trump:

Al igual que los aspirantes a dictadores antes que él, Trump está fomentando un entorno nacional en el que se puede lograr su visión de un gobierno de una sola persona. Está condicionando y reacondicionando a los estadounidenses para que toleren los principios centrales del autoritarismo. Lamentablemente, la siniestra estrategia está funcionando hasta ahora.

Cada vez que habla de erosionar las normas de gobernanza de Estados Unidos , nuestras alarmas nacionales e individuales suenan un poco más bajo que la vez anterior. Impera el adormecimiento ante el grave peligro que representa.

¿Cómo funciona este proceso de generar tolerancia ante el autoritarismo?

Se difunden las malas intenciones. Se evalúan las reacciones. Se explotan las debilidades. Se repiten las intenciones. Se insensibilizan los males. Se nombran chivos expiatorios. Se divide y se vence a la oposición. Se acapara el poder. Se crean distracciones. Se aplasta la disidencia. Entonces, una vez completado el trabajo preliminar, lo que antes se consideraba impensable se convierte en realidad.

A medida que las repetidas declaraciones autoritarias de Trump desgastan las emociones de los votantes moderados, también le proporcionan tentadora carne roja a su base. Los incondicionales del MAGA están encantados con cada sugerencia de Trump de alterar las normas en Estados Unidos porque desean vivir en un país en el que Trump sea su líder todopoderoso. Quieren que Donald Trump sea su Vladimir Putin o su Kim Jong-un.

Parkhomenko continúa, Trump:

Le ha dicho a Estados Unidos a quiénes admira, quién es él y cómo pretende destruir los cimientos de nuestra república. Tras años de condicionamiento, muchos votantes desestimarán las declaraciones del expresidente como hipérboles y nada más que “Trump siendo Trump”. Otros creerán de manera equivocada que, aunque resulte electo, nunca podrán producirse cambios radicales en Estados Unidos.

En una analogía escalofriante, Parkhomenko describe los esfuerzos de Trump para desensibilizar a la gente de la siguiente manera:

Las películas de terror dan menos miedo cada vez que se ven y los estadounidenses han visto el espectáculo de terror de Donald Trump una y otra vez durante casi una década. El villano no cambia, pero la respuesta del espectador se suaviza de manera drástica. No importa lo que Trump diga o haga, los estadounidenses ya hemos visto esta película antes y la hemos visto tantas veces que lo que una vez nos sacudió hasta la médula es ahora solo ruido de fondo.

En este sentido, las elecciones de 2024 serán una prueba: ¿el Partido Demócrata, con Biden encabezando la boleta electoral, puede reanimar y despertar de algún modo a los votantes que se han acostumbrado a la incesante venalidad de Trump, su implacable obsesión por el enriquecimiento personal, su sed insaciable de riqueza y poder, su profunda falta de principios morales o límites éticos, su indiferencia divisoria y caótica, su incapacidad para sentir culpa o remordimiento, su enfoque manipulador y sin escrúpulos en su propio beneficio, con exclusión de todos los demás y del bien público? c.2024 The New York Times Company.

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El periódico publicado en la ciudad de Nueva York es editado por Arthur Gregg Sulzberger y se distribuye en los Estados Unidos y otros países. Desde su primer Premio Pulitzer, en 1851, hasta la fecha, lo ha ganado 132 veces.

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