Ucronía barroca

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Opinión
/ 1 abril 2026

Narra el cubano Alejo Carpentier (1904-1980) en su novela Concierto barroco (1974) cierto viaje a Europa realizado por un rico mexicano acompañado por Filomeno, esclavo negro de origen cubano. En Venecia coinciden con los músicos barrocos Antonio Vivaldi (1678-1741), Jorge Federico Handel (1685-1759) y Doménico Scarlatti (1685-1757), quienes arman un concierto rocambolesco. “...en tanto que Antonio, sin dejar de mirar las manos de Doménico, que se le dispersaban en arpegios y floreos, descolgaba arcadas de lo alto, como sacándolas del aire con brío gitano, mordiendo las cuerdas, retozando en octavas y dobles notas, con el infernal virtuosismo que le conocían sus discípulas. —describe Carpentier—. Pero, entre tanto, Filomeno había corrido a las cocinas, trayendo una batería de calderos de cobre, de todos tamaños, a los que empezó a golpear con cucharas, espumaderas, batidoras, rollos de amasar, tizones, palos de plumeros, con tales ocurrencias de ritmos, de síncopas, de acentos encontrados, que, por espacio de treinta y dos compases lo dejaron solo para que improvisara.”

Cómo habrá sonado ese ucrónico concierto, se preguntó el guitarrista cubano Manuel Barrueco (1952), y sin más, en 2004 planteó la inquietud, juguetona y no, al compositor puertorriqueño Roberto Sierra Enríquez (1953).

Aunque se desconocen detalles familiares de Roberto Sierra Enríquez, se sabe que su abuela le despertó el gusto por la música, y que en la infancia él aprendió los rudimentos del piano y del solfeo leyendo la enciclopedia italiana Lo sé todo.

Así empezó la vida de uno de los inmensos compositores boricuas contemporáneos, graduado en el Conservatorio Nacional de Puerto Rico, doctorado en Europa, compositor residente de las orquestas de Milwaukee, Filadelfia, Puerto Rico, Nuevo México; nominado cuatro ocasiones a los premios Grammy, y triunfador en 2021, por Sonata para guitarra, interpretada por Manuel Barrueco.

Cómo procedió Roberto Sierra ante el reto de musicalizar a Carpentier. Primero desentrañó el concepto “Concierto barroco”. En musicología “Concierto” (del latín concertare) refiere la unión de músicos que tocan o cantan en grupo partituras individuales, a diferencia del medioevo que se seguía una misma partitura, como en los cantos gregorianos. Concertar también significa dialogar y contrastar, de ahí que el barroco guste contrastar extremos mediante oposiciones sonoras, llamadas Forte y Piano. Este gusto lejos de ser gratuito, reflejaba la sociedad jerárquica europea del XVII, en el que el rey y la corte —representados por los solistas, los virtuosos— marcaban los códigos de conducta —es decir, la melodía—, seguidos por el resto de la sociedad —o sea, la orquesta.

Este esquema musical se sometía a complejos adornos, como los peinados en las cortes barrocas europeas, extremadamente recargados, como símbolo de estatus social.

Después penetró en la cultura musical caribeña, caracterizada por un núcleo rítmico proveniente de tambores africanos; una estructura de llamada, a cargo de un solista, y la respuesta por parte de la orquesta; y la acentuación de los tiempos débiles. Además, así como en la Europa barroca prevalece la jerarquía, en el Caribe es omnipresente la santería como vía de unión entre lo terreno y lo sagrado ancestral.

Con estos elementos, más la lectura de la novela de Carpentier, en la que dialoga y se contrasta el pasado europeo y el presente latinoamericano, Roberto Sierra creó un concierto barroco-ideológico-musical que trascendió el mero remedo musical barroquista.

Estructurado sobre el esquema tradicional del concierto barroco clásico: Allegro Andante, Allegro, el concierto se desarrolla de la siguiente manera: El movimiento de apertura es enérgico y brillante. Está presente el ritornello barroco, mezclado con los acentos desplazados característicos del lenguaje caribeño. El segundo movimiento es lírico y expresivo de amplias líneas melódicas, de marcado contraste con el anterior, para marcar la profundidad emocional. Finalmente cierra con el movimiento rápido, de carácter festivo en el que aparecen los tambores de Filemón descritos por Carpentier, que dan pie al cierre extrovertido y celebratorio, de innegable identidad caribeña.

En YouTube está el Concierto barroco en la versión del guitarrista cubano Manuel Barrueco, y la Orquesta Sinfónica de Galicia, dirigida por el español Víctor Pablo Pérez. Es una grabación del sello Tonar Music, de 2025.

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Estudió Letras Españolas en su estado natal, ha escrito narrativa y ensayo. Su interés se centra en literatura policiaca, presente en sus estudios y en su obra de creación. Yo siempre estoy esperando que los muertos se levanten parte del viaje de su protagonista para realizar una investigación sobre la estancia de Francisco Villa en la ciudad de Delicias; la anécdota le sirve para la creación de una novela de suspenso con tintes policiacos. Su segunda novela, Nadie sueña, recrea y denuncia el mundo de la violencia, del crimen y la corrupción del sistema judicial y de los círculos del poder en los estados del norte. Sus personajes, al principio presos de un gran desaliento, logran rebelarse ante esta situación. En sus cuentos se repiten las mismas obsesiones del autor por la intriga propia del relato policiaco.

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