Un historiador local
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He publicado en Francia, España, Estados Unidos, Brasil, Cuba y Gabón (África). Y me siento orgulloso de ser historiador local: saltillense y universal
En días pasados, el cronista me calificó de historiador local, no sin cierto desprecio. Debo explicarme. Para unos filósofos e historiadores no hay historia local. Walter Benjamin, alemán; Carlo Ginzburg, italiano; y Paul Veyne, francés, dicen que toda historia es historia universal. No acostumbro, como otros, hablar de mí mismo, pero me siento obligado a mencionar algunas historias que he publicado como muestra de lo que he escrito, que nunca ha sido local.
Mi primer libro (con don Ildefonso Dávila) fue “Esclavos Negros en Saltillo”, en el que mostrábamos que en nuestra ciudad hubo un auge de compra-venta de esclavos africanos. Aparece la procacidad saltillense, pues adquirieron más mujeres que varones. ¡Vaya anomalía! No eran tontos, sólo socarrones. Pronto convirtieron a las muchachas negras en fábrica de niños. Una esclava no sólo era cara, sino carísima. Hubo jovencitas compradas en 400 pesos oro, tanto como valía una casa. Pronto recuperaban la inversión: embarazaban a la negrita y el niño, desde que nacía, ya representaba 60 pesos y, al crecer, 100 o 150. Ese niño era, por sangre y definición, mulato. Así que en esa historia hay buena información sobre África y Portugal.
Un segundo libro que me editaron en Francia se titula “Aux marges de l’empire: société et délinquance à Saltillo à l’époque coloniale”. Aparecen tanto crímenes como criminales, procesos judiciales o sentencias curiosas: el juez era el alcalde mayor, quien desconocía las Leyes de Indias. En mil juicios sólo una vez se nombra esa legislación y en cuatro “Las Siete Partidas”, del rey Alfonso X, el Sabio, que se elaboraron alrededor de 1240. El alcalde dictó (está escrito): “como dicen las Partidas, Andrés es culpable”. En ese libro, por tanto, se invocan leyes españolas medievales, se cita, sin cita exacta, a Santo Tomás de Aquino, y se dictan sentencias, por ejemplo, la de una española que tenía relaciones sexuales con un mulato. Ahí hay historia universal, si se tiene en cuenta que Alfonso X fue ayudado por árabes y judíos para escribir esa reglamentación.
Me publicaron en México “La Gente del Mezquite”, sobre los nómadas del noreste novohispano. Sobra decir que encontré más de mil grupos. Españoles y portugueses esclavistas, generosos franciscanos e intrépidos jesuitas. Sobra decir que esos indígenas tenían cuando menos 11 mil años habitando regiones de Coahuila, Nuevo León y Texas. Secuestraron al menos a 100 mil para venderlos en las Antillas. Esto lo escribí en una obra con el historiador cubano Hernán Venegas. Luego el Fondo de Cultura Económica editó “Los Bárbaros, el Rey, la Iglesia”. ¿Historias locales?
Puesto que a causa de una opinión que expresé la semana pasada sobre un tlaxcalteca que no lo era, informo al lector que publiqué dos libros sobre tlaxcaltecas y en ambos encontré una sociedad trabajadora, luchadora, educada. El escribano de Cabildo de Saltillo era tlaxcalteca y hablaba y escribía náhuatl y español con claridad excepcional. La inaugural escuela de primeras letras tuvo maestros nada más tlaxcaltecos. Encontré en documentos de nuestro maravilloso archivo municipal la mención de indígenas que heredaban cuadernos de música polifónica, acompañada por instrumentos europeos y un Don Quijote.
Otro de mis libros recientes proporcionó el conocimiento de los cuentos de Pedro Jasso, campesino de General Cepeda, cuyo personaje principal lo fue también de Cervantes en su obra póstuma de 1617. Pero el personaje fue tomado por Cervantes de otro poeta que lo nombró 119 años antes, quien, a su vez, lo descubrió de alguien anterior. Total, el primer registro del protagonista Pedro de Urdemalas surgió de un manuscrito latino en Zaragoza, España, en 1213. Nuestro cuentista ejidatario guardó en su memoria los cuentos que escuchaba a los ancianos que los relataban al calor de una fogata hace sesenta años. ¿Será historia local?
Publiqué sobre los tojolabales de Chiapas en coautoría con Jerónimo Valdés y Alán Caballero. Escribí sobre las famosas Repúblicas jesuíticas del Paraguay. Uno con Lupita Sánchez sobre el agua; otro sobre los usos del poder en la historia de Coahuila, con el sello de la UNAM. He publicado en Francia, España, Estados Unidos, Brasil, Cuba y Gabón (África). Y me siento orgulloso de ser historiador local: saltillense y universal.