Una ardiente mujer
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El Poeta del Crucero no se metía en complicaciones; las rimas que nos dejó son modelo de sobriedad retórica
Guanajuato se precia de haber sido la cuna de Margarito Ledesma, bardo de singular inspiración. Yucatán, por su parte, tiene a orgullo haber sido la hamaca de Maximiliano Salazar, el Poeta del Crucero.
Max Salazar nació en Tabasco, quizá a finales del siglo antepasado. Muy joven llegó a Mérida para ejercer su oficio, que era el de peluquero. Vivió al principio frente a la estación del tren. Ahí se cruzaban dos vías del ferrocarril, motivo por el cual Max adoptó el nombre de pluma que lo inmortalizó: el Poeta del Crucero.
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Ese gran lírico vivía poseído por las musas. Lo suyo era hacer versos. En ocasiones, hay que reconocerlo, la rima le salía muy jalada de los pelos. Pero, pregunto yo: ¿qué poeta no ha tenido dificultad alguna vez con eso de la rima? El mismísimo López Velarde, maestro de la forma, nos dejó algunos versos cacofónicos, como aquellos que dicen: “Amiga que te vas, / quizá no te vea más”.
El Poeta del Crucero no se metía en complicaciones; las rimas que nos dejó son modelo de sobriedad retórica. Por ejemplo, su tarjeta de presentación, escrita en verso, decía así:
Maximiliano Salazar Primero,
Poeta y Barbero
que Vive en el Crucero,
Aunque le Pese al Mundo Entero.
Max prestaba sus servicios de peluquero en la muy acreditada barbería de don Francisco Lizcano, frente a la Plaza Grande. Ahí el poeta entretenía a los clientes –igual que Homero a los aqueos– recitándoles sus encendidos versos. Jubilosamente los parroquianos anotaban aquellas sonorosas rimas, y las repetían luego en los cafés o tertulias meridanas.
El Poeta del Crucero se preocupaba a veces de la cuestión social, Entonces su numen cobraba acentos críticos. Una vez hubo en Mérida continuos apagones a causa de problemas en la planta eléctrica de la ciudad. Max Salazar comentó el asunto en esta forma:
Eso de la planta eléctrica
es una cosa muy tétrica.
No hay luz en la noche. ¿Y qué?
Yo tengo mi buen quinqué.
Ocasión como ninguna
para contemplar la luna.
A veces sus metáforas eran arriesgadas:
El cielo tiene pecas: las estrellas.
Las muchachas pasean por el malecón
de Progreso.
Precisamente por eso
causan gran sensación.
Allá ellas,
lo cual rima con estrellas.
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En cierta ocasión el Chino Herrera estaba actuando en un teatro de Mérida. Este artista alcanzaría luego mucha popularidad en la televisión trabajando al lado de figuras como Paco Malgesto y Pedro Vargas. Alguien le dijo al Chino que en el público estaba el Poeta del Crucero. El artista le pidió que subiera al escenario a decir algunos versos. El director de la orquesta era un músico local, don Rubén, hombre de prominente panza. Max subió al foro, y luego de concentrarse unos momentos improvisó este sentido poema:
Dulce amiga:
la barriga
del amor es enemiga.
Y si no te parece bien,
que venga el máistro Rubén
y te lo diga.
Aquello arrancó una gran ovación en homenaje al genio poético de Max.
Sin embargo su mejor poema lo forman estos versos que seguramente harán figurar en las antologías al Poeta del Crucero. Con ellos termino la breve semblanza que hice de Maximiliano Salazar.
La morena Libia
es tan ardiente,
que hasta la tibia
la tiene caliente.