Una paradoja de vida

Opinión
/ 3 mayo 2022
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En estos tiempos de pandemia los seres humanos requerimos hacer nuestra la fe que exige asumir responsable y disciplinadamente las adversas realidades

Estamos inmersos en paradojas que señalan fracturas en nuestras expectativas de un universo lógico; sin embargo, las paradojas (del latín paradoxa, ‘lo contrario a la opinión común’) son difíciles de comprender por ser, precisamente, ideas extrañas, opuestas a lo que se considera la opinión general o que encierran una contradicción lógica pero cuyo contenido es verdadero; razón por la cual las paradojas se entienden mejor a través de las experiencias.

Stockdale

En 1965, el piloto norteamericano James B. Stockdale fue derribado sobre Vietnam del Norte y hecho prisionero de guerra (POW, por sus siglas en inglés) en la terrible cárcel de Hoa Lo, en la cual permaneció, sin los más mínimos derechos, durante siete años y medio (1965-1973), cuatro de ellos en aislamiento y el resto con grilletes en sus pies. Durante todo este tiempo, fue torturado tanto física como psicológicamente.

Ante su realidad personal, decidió asumir el reto de crear las mejores condiciones posibles que permitieran al resto de los prisioneros sobrevivir con dignidad, manteniendo una guerra interna en contra de sus captores.

Ingenio

Lo sorprendente fue que Stockdale implementó ingeniosos procedimientos para ayudar a los otros prisioneros a confrontar las continuas torturas, enseñando una verdad: sus captores podrían dañar sus cuerpos, pero no sus espíritus; conceptos fundamentados en el más puro estoicismo filosófico.

También instituyó un complejo sistema de comunicación para reducir el sentido de asilamiento y soledad. Inclusive, en una ocasión, se golpeó a sí mismo, cortándose deliberadamente el rostro para evitar ser expuesto en un video que tenía la intención de mostrar al mundo que los vietnamitas tenían en condiciones aceptables a sus prisioneros de guerra.

Otra de las proezas de Stockdale fue el intercambio de información secreta de guerra que sostuvo con su esposa a través de la correspondencia, a sabiendas que si era descubierto sufriría más torturas y que, tal vez, podría ser asesinado por este motivo.

Stockdale es considerado el “POW” de más alto rango durante esa infame guerra y al ser liberado fue condecorado con la medalla de honor por la valentía e integridad que demostró durante su largo cautiverio.

Sobrevivir

¿De dónde obtuvo Stockdale las fuerzas para mantenerse vivo durante su largo cautiverio? Jim Collins en su libro Good to Great (2001) describe la razón que inspiró a este soldado a mantenerse aferrado a la vida, a la cual denominó “la paradoja de Stockdale”, que significa mantener la inquebrantable fe que se va a salir adelante a pesar de las terribles circunstancias que se padecen, que se puede sobrevivir a pesar de las dificultades que se presentan, para lo cual es necesario contar con una férrea disciplina.

La paradoja consiste en que demasiado optimismo puede favorecer a la decepción y la desesperanza como si se estuviese en una especie de montaña rusa emocional lo que erosiona las ganas de continuar, de vivir; significa confrontar con total realismo los “brutales” hechos sin perder la fe y la esperanza. En este sentido, el punto de partida consiste en controlar la realidad que personalmente se puede controlar, distinguiéndola de lo que sencillamente se encuentra en el ámbito externo y que es incontrolable.

Esto implica tener una total objetividad para dejar atrás los comportamientos tradicionales derivados de las realidades anteriores y contar con una fe arraigada para aprender nuevas formas de vida para sobrevivir en un entorno jamás experimentado; es decir, la fe necesaria de transformarnos para ajustarnos y crear una inédita realidad acorde a las nuevas circunstancias.

Paciencia

En una entrevista Stockdale le confiesa a Collins: “nunca perdí la fe y la esperanza en el largo plazo. Nunca dudé que saldría, que prevalecería, que haría de ésta la experiencia que definiría mi vida y la cual, al final de todo, no cambiaría”, a lo que Collins preguntó: “¿quiénes fueron los prisioneros que no lo lograron?” Y, para su sorpresa, Stockdale contestó: los optimistas.

Ante tal respuesta Collins inquirió de nuevo: no lo comprendo, ¿por qué los optimistas?”, entonces Stockdale subrayó: porque ellos eran los que decían “vamos a estar fuera antes de navidad “. Y las navidades llegaban y se iban. Entonces decían “saldremos para las Pascuas”, y las Pascuas venían y se iban de nuevo. Y después pasaba lo mismo con el Día de Acción de Gracias y de pronto era Navidad otra vez. Al final murieron con el corazón destrozado”.

La clave

“Esta es una enseñanza muy importante –continuó Stockdale– jamás se debe confundir la fe que te llevará a sobrevivir hasta el final, la cual nunca se debe de perder, con la disciplina para confrontar los más brutales hechos de la realidad que se padece, cualquiera que esta sea”.

Entonces, por un lado, se encuentra la fe inquebrantable de que al final uno superaría todos los obstáculos mientras que, por el otro, se trata de borrar todo el falso optimismo que te dice que puedes estar libre para esta navidad. Estas ideas, aparentemente contradictorias, fueron la clave para la supervivencia de Stockdale y representan el ejemplo perfecto del estado mental que sería conveniente tener a lo largo de la vida.

Collins aprendió de Stockdale que la existencia es injusta, en algunas ocasiones para nuestra ventaja y en otras para nuestra desventaja. Que se van a padecer desilusiones y retrocesos de toda clase, muchos de ellos sin razón: pueden ser enfermedades, accidentes o pérdidas de personas amadas. Pero es deseable comprender que lo “importante” no las dificultades que se afrontan, sino como se tratan, como las “negociamos”, esto es lo que verdaderamente hace la diferencia para permanecer o no hasta el final.

La última libertad

La fe es necesaria para empezar y terminar proyectos, para alcanzar metas personales, evitando que el falso optimismo ciegue la visión y el coraje que se requiere para enfrentar las circunstancias que se presentan; es paradójico aferrarse a un sentido a pesar de los sinsentidos que se experimentan, pero como lo dijo Víktor Frank: “la última de las libertades humanas es la de elegir su actitud ante una circunstancia dada, la de elegir su propio camino”.

Víktor sobrevivió en un campo de concentración gracias a que descubrió su capacidad de trascender las dificultades comprendiendo el significado del sufrimiento: “cuando un hombre descubre que su destino es sufrir, ha de aceptar ese sufrimiento, porque ese sufrimiento se convierte en su única y peculiar tarea. Es más, ese sufrimiento le otorga el carácter de persona única e irrepetible en el universo. Nadie puede redimirle de su sufrimiento, ni sufrir en su lugar”.

De esta manera, mental y espiritualmente, transcendió su tiempo cronológico para experimentar un tiempo de oportunidad, el tiempo presente en el cual reside la fe y, más allá que el optimismo, la esperanza.

Escondida

Recuerdo también a Ana Frank quien, durante 25 meses, estuvo escondida de los nazis junto con su familia, jamás perdió la auténtica fe durante todo ese tiempo. Ana finalmente murió en un campo de concentración, pero al vencer la brutalidad de su realidad en su cotidianidad, se convirtió en símbolo de esperanza para toda la humanidad y hoy representa un recordatorio indeleble: las personas somos capaces de experimentar alegría y esperanza aún en condiciones infrahumanas.

Impulso

Existe la enfermedad del optimismo; me refiero al del optimismo fatuo, ligero, pasajero, de escape, de falsa confianza, que no admite sacrificio alguno, ese que, finalmente, aniquiló a los prisioneros de guerra a los cuales hace referencia la historia de Stockdale.

En estos tiempos de pandemia los seres humanos requerimos hacer nuestra la fe que exige asumir responsable y disciplinadamente las adversas realidades que se experimentan, para poder así superarlas y crear una nueva realidad con paciencia y voluntad, y poder transformar, paradójicamente, el dolor en una potente fuerza que nos permita salir fortalecidos de las desventuras.

Las personas, al padecer los más atroces padecimientos físicos y morales, siempre seremos capaces de mantenernos incólumes y sobreponernos a ellos, gracias a la fe y la esperanza; virtudes que se pueden vivir hondamente cuando se cree en Dios y, de tiempo en tiempo, “ayudarle” a “ayudarnos” mediante nuestra voluntad, el amor y las relaciones significativas con nuestros semejantes. Hacer esto realidad siempre será una decisión personal.

cgutierrez@tec.mx

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