Urban shrinkage: El silencioso problema de la contracción urbana

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Opinión
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Es indispensable incorporar en las plataformas electorales la urgencia de un marco legal que permita a gobiernos locales identificar y atender la contracción urbana desde sus orígenes

Más allá de ser meros asentamientos urbanos, las ciudades son un fenómeno en constante evolución. Ya sea por dinámicas sociales, económicas o ambientales, la agenda urbana va adoptando conceptos que buscan entender y describir sus problemáticas.

Uno de estos conceptos es el del llamado urban shrinkage, que significa literalmente contracción o encogimiento urbano. Consiste en una reducción de la población, derivada del deterioro de la economía, de la infraestructura y del tejido social de una ciudad.

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El fenómeno se conceptualizó a partir de lo que pasó con el rust belt –o cinturón de óxido– estadounidense, que comprende ciudades como Detroit, Cleveland o Pittsburgh, cuya industria acerera y automotriz decayó gravemente durante la segunda mitad del siglo 20.

También se aplicó a las ciudades industriales del este alemán que se degradaron tras la caída del muro de Berlín en el siglo pasado, así como a ciudades japonesas afectadas por el envejecimiento demográfico acelerado y el reducido bono demográfico del país asiático.

Pero recientemente se ha evidenciado que el urban shrinkage no es privativo de ciudades surgidas de la industrialización. Se han documentado casos en Latinoamérica después del gran crecimiento demográfico que experimentó la región a finales del siglo pasado.

Las causas particulares para la región han sido diversas a las originalmente previstas en el análisis de países considerados como desarrollados, abriendo una nueva ventana de estudio para comprender mejor la razón por la que una ciudad se comienza a despoblar.

Una de las causas se ubica en la seguridad pública. La delincuencia organizada y la situación de inseguridad que ésta ha provocado animan a familias enteras a dejar el lugar que habitaron por generaciones, con lo que ello implica desde lo económico y lo humano.

Dejan tras de sí patrimonio y círculo social, dada la amenaza que representa el clima de inseguridad y la incertidumbre asociada a la calidad de vida, al desarrollo personal y profesional, así como a las expectativas para quienes comienzan a delinear su futuro.

Las primeras personas en salir regularmente son las que cuentan con los recursos económicos suficientes para hacerlo. Evidentemente, al llevarse sus recursos y poner fin a su actividad productiva, quienes dependían de ella se ven inmediatamente afectados.

Este repentino cambio en la estabilidad del ingreso para quienes continúan en la urbe les obliga a buscar nuevas oportunidades, con la dificultad que esto representa para un lugar que experimenta una fuga de capitales y el efecto dominó que naturalmente le acompaña.

Esto lleva a que la opción sea también emigrar, pero en condiciones bastante menos favorables que las propias de quienes salieron primero. La precariedad de las oportunidades en la proximidad provoca una forma de migración que divide a las familias.

Quienes están en edad y capacidad física de trabajar y viajar son quienes emigran en busca de alternativas para enviar dinero a sus seres queridos, dejando a su familia, abriendo una grieta en la célula social, con las graves consecuencias que esto conlleva.

El resultado de una comunidad con familias desintegradas es una fuerte afectación al tejido social, con el consecuente debilitamiento de la estructura comunitaria, que al tiempo favorecerá la materialización de problemáticas sociales adicionales a las existentes.

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Se verá también afectada la identidad del asentamiento, al tener que dejar de lado las actividades y tradiciones apuntalantes de aquella para ocupar ahora el tiempo en el desarrollo de actividades que buscan compensar los faltantes en el ingreso familiar.

Como se puede advertir, la sucesión de eventos va acentuando cada vez más la situación que le dio origen, con lo que, de no pasar algo realmente impactante que redirija la tendencia de las cosas, la degradación social del asentamiento podría ser irreversible.

Esta es sólo una de las causas perceptibles del fenómeno en nuestra región. La reflexión y la sensibilización desde lo social, desde lo político y desde lo académico de las causas del urban shrinkage en Latinoamérica son fundamentales para su atención oportuna.

En el contexto de una elección legislativa local, es indispensable incorporar en las plataformas electorales la urgencia de un marco legal que permita a gobiernos locales identificar y atender la contracción urbana desde sus orígenes, propios de nuestra región.

Comprender y atender desde la prevención este fenómeno nos permitirá disfrutar de un futuro posible.

jruizf@henka.com.mx

Abogado por la U.A. de C., especializándose en Derecho Ambiental y Gestión Urbanística. Cuenta con Maestría en Gestión Ambiental por la U.A.N.E. Cursa actualmente estudios de Doctorado con enfoque en Derecho a la Ciudad. Ha colaborado en los Institutos Municipales de Planeación de Torreón y de Saltillo, así como en la Delegación Coahuila de SEMARNAT. Ha representado a México en diversos foros internacionales, entre ellos el SWYL Program y la Tokyo Conference, organizados por el Gobierno de Japón. Se desempeñó como Director Operativo de COPERES y Presidente de la Representación Coahuila de la Asociación Mexicana de Urbanistas. Es catedrático a nivel Licenciatura y Posgrado en instituciones como la Universidad Autónoma de Coahuila y la Universidad Iberoamericana.

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