Variaciones sobre un tema de Bach-Borges y una Coda de Vargas y Chacón

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Opinión
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* Hugo Hiriart cita a Glenn Gould -ese pianista iconoclasta que rayó en la perfección grabando a Bach en las madrugadas- en su maravilloso texto con miniensayos pletóricos de sabiduría, Los dientes eran el piano (1999), refiriéndose a las Variaciones Goldberg de Bach, (que a nosotros nos parecen treinta deliciosas miniaturas preñadas de perfección): “es un trabajo muy sobrevenido. Hay en las Goldberg algunos de los mejores momentos de Bach, lo que es de veras decir mucho, pero hay también de los más tontos. Como pieza, como concepto, no creo que realmente funcione mucho”.

No sé si la genialidad y el virtuosismo de Gould llegó, en un momento dado, a trastocar su raciocinio o había algo en él que los mortales diletantes no alcanzamos a atisbar en el divino engranaje contrapuntístico de las treinta variaciones, a pesar de los años que pasemos estudiándolas o escuchándolas en el centenar de versiones que pululan en la red, y que solo Gould logró dilucidar.

Jorge Luis Borges, que sin tocar el piano ni ningún otro instrumento (lo imagino cantando o tarareando con esa voz de timbre quejumbroso y de tintes farragosos que hacen difícil entenderlo cuando hablaba- hay muchos vídeos en la red que lo muestran) tuvo más respeto por la figura del autor de toccatas, cantatas y fugas torrenciales al mencionarlo en varios de sus poemas, cuentos y ensayos. En su cuento La memoria de Shakespeare (1983), Borges menciona a Bach directamente en el último párrafo del cuento: “Ese y otros caminos fueron inútiles: todos me llevaban a Shakespeare. Di al fin con la única solución para poblar la espera: la estricta y vasta música: Bach”. Esta frase lapidaria y contundente me trae reminiscencias de Cioran, otro erudito que no se cansó de ensalzar al Cantor de Leipzig, en una obra poblada de aforismos. Hermann Soergel, el personaje del cuento empieza a perder su identidad al recibir la memoria y la abrumadora carga mental de Shakespeare.

Enloquece por la superposición de las dos vidas, la de él y la del dramaturgo isabelino. El cuento despliega uno de los temas que más apasionaron a Borges: la identidad, el pasado azaroso, los peligros de la inmortalidad o la erudición abrumadora. Soergel recibe una dádiva extraña y perniciosa: su amigo, Daniel Thorpe, le regala la memoria de Shakespeare y con ello todo el abrumador conocimiento desde sus tempranos años hasta su muerte en 1616. Soergel acepta el regalo, pero la superposición de la mente de Shakespeare con el del propio Sorgel desatan una pesadilla que afecta seriamente la personalidad de Hermann. En su desesperación intenta borrar con diversos métodos la presencia invasiva, como estudiar la imbricada mitología de William Blake, sin éxito. Es cuando Soergel, finalmente, encuentra en la música de Bach la tabla de salvación. La música de Bach deviene muro de contención ante la enajenante personalidad del genio shakesperiano, que solo la arquitectura sonora le devuelve a la cordura, escuchar el contrapunto bachiano le permite limpiar su mente y recuperar su personalidad. Soergel es Borges, representa su “yo” llevado al extremo de su propia pesadilla: la del erudito que se apropia de conocimiento para terminar perdiendo su propia identidad sepultado por el peso de los genios.

CODA

* La OFDC volvió a darnos otra espléndida velada musical, “Gala de leyendas, de la Ópera al alma mexicana”, la noche del pasado jueves 20 ante un abarrotado Teatro de la Ciudad. Los músicos cantantes de lujo que acompañó fueron los tenores mexicanos Ramón Vargas y Arturo Chacón. Sin duda, dos de los más grandes tenores nacionales que ha dado pródigamente nuestro México; los acompañaron otros dos talentos coahuilenses que han demostrado su valía a nivel nacional, la soprano Alejandra López y el bajo barítono Thamar Villarreal, todos bajo la dirección artística del maestro Natanael Espinoza. Con un programa dividido entre arias de Ópera y música mexicana, los cantantes hicieron derroche de técnica vocal, musicalidad desbordante, manejo escénico y calidad humana. Los autores interpretados con pulimento sonoro fueron Puccini, Donizetti, Bizet, Rossini y canciones napolitanas; la canción mexicana estuvo representada en sus voces por temas de Consuelo Velázquez, Agustín Lara, Roberto Cantoral y Lolita de la Colina.

Músico, escritor, catedrático, gestor cultural y fotógrafo. Autor de Fabulaciones del sonido (Celosía, UAdeC. 2017). Es licenciado en Letras Españolas (UAdeC, 1995) y maestro en Música (Rice University, 2006). Su vasto repertorio como instrumentista de clavecín, órgano y piano abarca todos los géneros musicales escritos para estos instrumentos; se ha presentado como concertista en numerosos auditorios de México y el extranjero. Catedrático de tiempo completo en la UAdeC desde hace 30 años, donde se ha desempeñado como director de la Escuela Superior de Música, Coordinador general de la Coordinación de Difusión y Patrimonio Cultural y, actualmente, es el director del Recinto del Patrimonio Cultural Universitario. En 2017 inició el proyecto personal “Arte de la Fuga”, en el que se propone interpretar en vivo y en diversos auditorios la obra integral de Bach para el clavecín y el órgano.

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