Variaciones sobre un tema de Euterpe IV
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* Zen matinal del organista: ascender hacia el espacio donde se alojan los tubos del órgano; encender el instrumento y escuchar quietamente el flujo del aire circulando por los fuelles; hacer tientos con la preparación de los registros antes de tocar el primer preludio; probar los pulmones del órgano entrelazando racimos sonoros de los que nacerá una improvisación deshilvanada, acuosa, para humedecer el haz de luz que danza en la penumbra.
* ”El piano no me interesa; no puede cantar”, le confesó Jean Sibelius a su alumno, Bengt von Törne. Aun así, el músico finés compuso más de 150 piezas para piano. En ellas se percibe un lirismo austero, crudo, desprovisto de los recursos pirotécnicos, sensuales y robustos del pianismo centroeuropeo. Sus contemporáneos galos, Fauré, Satie y Poulenc, reprodujeron obras de dimensiones similares, pero de texturas seductoras, geométricas, melancólicas. Las líneas melódicas de Sibelius cantan, pero de una manera grave, modal, introspectiva. Su música es orgánica, conectada profundamente al paisaje de su tierra.
* En 1593, Girolamo Mancini, mejor conocido como “Diruta” (nombre de su pueblo natal), publica en Venecia la primera parte de su método Il Transilvano. Dialogo sopra il vero modo di sonar organi, et istromenti di penna, (El Transilvano: diálogo sobre la verdadera manera de tocar órganos e instrumentos de pluma). En él, el sacerdote Diruta despliega todo su conocimiento y sabiduría diferenciando el toque y pulsación para tocar el órgano y el clavecín, los instrumentos de teclado conocidos en el siglo XVI. Fue el primer teórico en ordenar y establecer lineamientos e indicaciones claras sobre la manera de tocarlos. Usa el diálogo educativo para desarrollar sus ideas didácticas; el libro está dedicado a Sigismund Báthory, príncipe de Transilvania (región que actualmente pertenece a Rumania), y el diálogo en el texto se realiza entre el propio Girolamo Diruta y un diplomático transilvano de nombre István de Jósika, quien realiza un viaje a la península itálica para aprender a tocar la técnica clavecinista.
Diruta manifiesta la necesidad de pulsar de diferente manera el órgano y el clavecín. El órgano (técnica de pulsar) requiere de un ataque dactilar combinado de gravedad y ligereza, presionando las teclas para sostener el sonido (legato); no se debe golpear la tecla, sino apoyar el peso del brazo relajado, pero firme. En cuanto a la variante en el toque del clavecín, Diruta establece la “técnica de herir” o golpear suavemente, ya que el sonido se produce por el “picotazo” de una pluma sobre la cuerda, articulando los dedos con agilidad para no apagar la resonancia seca, propia del clavecín. Habla de batter i tasti (“golpear las teclas”) refiriéndose a un auténtico golpe con el brazo, cuyo resultado era un “picado” que se reservaba únicamente a la música de danza, destinada a los “címbalos”, ya que el Concilio de Trento (1545-1563) había prohibido que en los órganos de iglesia se tocaran danzas y canciones “lascivas y deshonestas”. La técnica de tocar en la época de Diruta era complicada, comparada con la manera actual de tocar (complicada, también). Casi no se utilizaba el dedo pulgar, solamente el dedo índice, cordial, anular y meñique en ambas manos. Diruta clasificó dichos dedos en “dedos buenos” (el 2 y el 4) y “dedos malos” (el 1, el 3 y el 5), basándose en qué dedos debían tocar los tiempos fuertes de la música. Las escalas se tocaban cruzando un dedo largo sobre otro (alternando los dedos 3 y 4, por ejemplo). El siglo XVIII presenció la modificación profunda de tocar ambos instrumentos al modo de Diruta con el advenimiento de virtuosos como Couperin, Scarlatti y Bach, preparando el proceso para el arribo del piano en el que otros genios, Mozart, Beethoven y Chopin, impondrían la técnica moderna, apuntando hacia una sonoridad inspirada en el ideal del legato vocal.
CODA
“Quien intente tocar los instrumentos de pluma con las reglas del órgano perderá la agilidad que estos requieren; y quien toque el órgano con la técnica del clavecín ofenderá la gravedad y la majestad del instrumento”. Girolamo Diruta. (Il Transilvano, 1593).