Vivir en la eterna campaña

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Opinión
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Todos los días vivimos en campaña política. No hay un sólo momento en que la vida pública no se relacione con un asunto de campaña. Los funcionarios de todos los niveles trabajan en el servicio público pensando en campañas.

Se podría decir que estar en campañas es un deporte nacional. A todas horas, en todo momento, la idea es siempre estar en el ojo público con un interés político-electoral, en la mesa de debate, en el espectacular, en la fotografía, en la mención.

El ejemplo más claro es el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien con sus mañaneras, con sus enésimos aniversarios de la “victoria electoral”, con sus discursos polarizados que siempre encuentran un enemigo demonizado, sus baños de pueblo cuando le conviene y su reparto de culpas, busca siempre que permeé en el clima de opinión un tufo a una eterna campaña.

Este domingo, en Francisco I. Madero, Coahuila, la maquinaria de Morena trasladará a funcionarios y aspirantes a la presidencia de la República a la “Asamblea informativa” sobre el proceso de renovación del movimiento. No es otra cosa que una campaña.

Si el COVID lo permite estarán Marcelo Ebrard, Adán Augusto López y Claudia Sheinbaum. Los tres, servidores públicos. Los tres, en campaña.

Ahí están otros personajes como el subsecretario de Seguridad, Ricardo Mejía Berdeja, que cada fin de semana realiza un turismo de campañas por Coahuila, ya sea para “agradecer” por el respaldo en la revocación de mandato o para realizar una “asamblea”. Como si estuviera en campaña, como cualquier personaje en campaña, termina en una fotografía con los brazos alzados.

Los morenistas no son los únicos. Parece que estar en campaña es inherente al servicio público. A nivel local también hay campañas permanentes. Ahí está Manolo Jiménez, el secretario de Inclusión y Desarrollo Social, quien aprovecha su puesto para hacer proselitismo en cada programa y entrega de despensa. Ahí está también Román Alberto Cepeda, alcalde de Torreón, quien no llevaba ni seis meses en el cargo cuando ya vivía −vive− en campaña para ser candidato a gobernador.

El político mexicano vive en campaña. Sólo en el discurso presumen la palabra “servicio”, cuando hablan del servicio público. Pero no tienen nada, ninguno, de servidores públicos. Cada cargo es un escalón más antes de su objetivo primordial: el poder.

¿Qué significa que siempre vivamos en campaña? Pues que automáticamente no hay nada en este País que no sea un asunto político, un ataque de “adversarios”. Si hay un señalamiento o investigación por un asunto de corrupción, es un tema político. Si se detiene a un funcionario por desvíos, irregularidades, robo o lo que sea, es un asunto político. Que salieron unos videos, es político. Se filtraron audios, es político. Se denuncia duplicidad de contratos, es político. No hay agua, es político.

¿Qué repercusiones tiene vivir en una campaña eterna? Muchísimas. Cualquier asunto que impacte, afecte o trascienda, automáticamente se busca distorsionarlo y vincularlo a un “asunto político”.

Hay una crítica, pues no corrijo porque es político. Hay una estadística que no deja bien parado a mi gobierno, es político. Hay una nota de multipropiedades de un funcionario o funcionaria, es político.

El cuento de nunca acabar.

AL TIRO

Y mientras los “servidores” (así con comillas) públicos se la pasan de campaña en campaña, en este País siguen los asesinatos, desapariciones, extorsiones, secuestros, feminicidios, violaciones a derechos humanos, pobreza, desigualdad, carencias educativas y un largo etcétera.

Mientras este domingo se escuchen las porras de “presidenta, presidenta” o “presidente, presidente” en Francisco I. Madero, seguramente habrá un homicidio más en este País que evidenciará el fracaso de la estrategia de seguridad.

Pero qué importa, también eso será político.

El País seguirá ardiendo en llamas mientras todos siguen en la eterna campaña.

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Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la universidad La Salle Laguna. Tiene más de 10 años como periodista. Es corresponsal de Vanguardia en la región Laguna, así como reportero investigador de Semanario. Ha trabajado y colaborado en otros medios como Revista de Coahuila, Newsweek en Español, SinEmbargo, W Radio, Imagen Laguna, entre otros. Fue becario de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y de la Red Global de Periodismo de Investigación. Ha obtenido premios y reconocimientos como el Premio Nacional de Periodismo Rostros de la Discriminación y el Premio Nacional de Periodismo y Divulgación Científica, así como menciones honoríficas en el premio de la Sociedad Interamericana de Prensa y el Premio Latinoamericano de Periodismo sobre Drogas. Actualmente también se desempeña como corresponsal de El Universal en Coahuila y Durango y es profesor de la Universidad Iberoamericana Torreón.

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