Votaron con los pies hace años

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Opinión
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La democracia retroactiva funciona así

Ahora exigen recuento retroactivo. Los pies contestan desde México, ya tenemos domicilio, gracias.

El 3 de enero capturaron a Maduro y a Cilia Flores. Caracas brindó. Monterrey brindó también, liquidó la cuenta y se quedó. R4V contó entre 106 mil y 110 mil venezolanos en territorio mexicano al cierre de 2025. Salieron 7.72 millones de su país. Dos meses después del cambio, el INM anotó 1,655 regresos desde aquí. Mil seiscientos cincuenta y cinco. Ni para llenar la Arena Monterrey.

Los especialistas explican la tardanza con aritmética. Venezuela arrastra crisis económica. La patria promete, el casero cobra. Algunos sí partieron. Cierto migrante gastó los ahorros del viaje al norte en pasaje a Caracas. Héroe. Los demás conservaron la chamba.

Colombia cambió de piel. Abelardo de la Espriella, abogado de ultraderecha, ganó la segunda vuelta del 21 de junio con 12,960,166 votos y asumió el 7 de agosto. Su campaña rugía. Los colombianos de Apodaca, de Polanco y de Zapopan oyeron el rugido por videollamada. Bajaron el volumen. Prometen volver cada diciembre. Cada diciembre, el boleto sube.

Argentina resultó la joya. Milei firmó en julio el decreto 681/2026. Prohíbe la entrada y permite expulsar extranjeros cuyas críticas agravien a los argentinos. Acusó a México y Brasil de financiar la campaña antiargentina. Sheinbaum lo negó. Su gobierno presume 14 mil expulsiones en seis meses. México, sin embargo, abrió su puerta a los exiliados de la dictadura entre 1976 y 1983. Gratitud pagada con sermón. Los argentinos radicados aquí conservan la memoria, el mate y el contrato de arrendamiento.

Hasta existe apoyo mexicano de 660 dólares para repatriados. Cuesta menos de una cena en Valle Oriente con vino. Nadie corre.

La democracia retroactiva funciona así. El exiliado vota en ausencia. El gobierno cuenta presencia. El consulado cobra el sello. Nadie escruta el hartazgo.

Observen la ironía. Las derechas llegaron prometiendo orden, y el orden comienza expulsando a quienes pedían orden. Milei decreta, De la Espriella ruge, Caracas improvisa. Los emigrados miran el noticiero, sirven café y calculan.

Pasemos al desfile. Entre los miles hay modelos, hostess, animadoras y hasta intelectuales descarriladas en nuestras universidades. México las contrata, las exhibe y las olvida. El empresario regio paga hostess para su congreso, presume la pasarela y llama invasión a la camioneta de jornaleros. La migrante hermosa se llama talento. La extranjera cansada se llama plaga. Clasismo con perfume importado.

Hablemos de belleza. Caduca antes del yogur. A los veintiocho, la edecán asciende a recepcionista. A los treinta y cinco, a señora del café. A los cuarenta, a trámite pendiente. El mercado exprime la juventud, tira la cáscara y reclama sus impuestos. La animadora agita pompones en el estadio mientras su permiso de residencia agita las uñas en la ventanilla. Nadie nace modelo. La ciudad fabrica el producto y lo jubila antes de la hipoteca.

Las intelectuales descarriladas lo pasan peor. Doctora en Letras, tesis sobre Bolaño, tres cátedras por hora en una privada, sueldo de becaria. Su cubículo mide igual a su ataúd. Cita a Foucault, explica vigilancia y poder, mientras el jefe de departamento vigila su asistencia. El decano ofrece plaza, planta y trago. Cumple solo con el trago.

Aquí cada quien reparte patria ajena. El nativista mexicano pide deportación el lunes y reserva mesa el viernes, atendida por venezolana. Grita invasión mientras pide la cuenta. Propina: cero. Xenofobia con hielo.

Ellas razonan con frialdad. Volver significa cambiar casa propia por promesa ajena. Gobierno nuevo, dicen, huele a loción vieja. La patria actúa como ex tóxico. Escribe a las tres de la madrugada, jura enmienda y pide dinero. Ellas bloquean el número, pagan Netflix y reservan cena.

Los gobiernos de derecha miran el reloj. Esperaban caravanas de retorno con banderitas. Recibieron remesas, fotos de tacos y pésames por videollamada. Los consulados abren ventanilla. Nadie se forma.

Volverán todos, claro, sin pasaporte, maleta y regateo. Los gobiernos cambian, las ultraderechas pasan, los rugidos se apagan. El último vuelo del exilio nadie lo pierde. Sale puntual, no pide visa y aterriza en la patria exacta de todos, tres metros bajo tierra. Allí no hay frontera, no hay arancel, no hay decreto de urgencia. Hay cuatro tablas, tres paladas y mucho llanto por cuenta ajena. Entonces sí, con mariachi, flores de plástico y honores de Estado, la patria abrazará por fin a sus hijos ausentes. Ellos, sin prisa, dirán por primera vez: llegamos.

Retroactivo, democrático y definitivo. El retorno. Ese voto nadie lo anula.

Morelense de cepa Regiomontana. LCC con especialidad periodismo (UANL). Doctor en Artes y Humanidades (I.C.A.H.M.). Tránsfuga de la mesa de redacción en diferentes periódicos como El Diario de Monterrey, Tribuna de Monterrey, y del grupo Reforma en el matutino Metro y vespertino El Sol. Escort de rockeros, cumbiamberos, vallenatos y aprendices al mundo de la farándula. Asiste o asistía regularmente a conciertos, salas de baile, lupanares, premieres, partidos de fútbol y hasta al culto dominical. Le teme al cosmos, al SAT, a la vejez y a la escasez de bebidas etílicas. Practica con regularidad el ghosting. Autor de varios libros de crónica como Hemisferio de las Estaciones, Crónicas Perdidas, Montehell, Turista del Apocalipsis, Monterrey Pop, Prêt-à-porter: crónicas a la medida y Perros ladrando a la luna en Monterrey

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