Malick arroja al vacío a Christian Bale en "Knight of Cups
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"Lo interesante en la aproximación de Terrence es que no nos dijo de qué iba a tratar", respondió Bale a un periodista desconcertado.
Berlín, Alemania.- Había mucha expectación ante el "regreso" de Terrence Malick a la Berlinale, el festival que en 1999 lo coronó con el Oso de Oro por "The Thin Red Line". Sin embargo, la exploración del vacío a la que arroja a Christian Bale en "Knight of Cups" acabó dividiendo a la crítica.
Como es habitual en el veterano cineasta, que lleva décadas sin conceder entrevistas para que sean sus películas quienes hablen, Malick tampoco se presentó esta vez ante los micrófonos. Por tanto, los flashes los acapararon un informal Bale, que lució melena y calzado deportivo, y una radiante Natalie Portman en su primer papel desde que es madre.
El actor británico asume todo el peso de un filme en el que deambula por la cara más ostentosa y superficial de Los Ángeles, pasando de una fiesta a otra por los brazos de un carrusel de mujeres. Sin rumbo aparente, impulsado sólo por el deseo de encontrar algo que dé sentido a su vida, acaba perdiéndose en un viaje que no sabe hacia dónde lo conducirá.
"Lo interesante en la aproximación de Terrence es que no nos dijo de qué iba a tratar", respondió Bale a un periodista desconcertado. "Sólo me dio la descripción del personaje (...), que es lo que se considera un hombre de éxito, alguien cuyos sueños y anhelos parecen haberse cumplido pero que siente un gran vacío".
De ese personal y un tanto confuso "método Malick" había hablado también recientemente el español Antonio Banderas. En "Knight of Cups", el recién galardonado con el Goya de Honor da vida a un caricaturizado hombre fuerte de Hollywood que no sólo taconea, sino que literalmente se tira a la piscina del hedonismo.
No obstante, el actor no pudo acudir hoy a la presentación, como tampoco lo hizo otra de las estrellas del reparto: Cate Blanchett. Junto al personaje de Portman, ella es la única amante de Rick (Bale) que, con su humanidad, muestra otra cara distinta a la de las mansiones regadas en champán y los clubes de streaptease.
Portman, que se encuentra ultimando su debut en la dirección -la adaptación de las memorias de Amos Oz "A Tale of Love and Darkness"- declaró que se sintió muy afortunada de haber podido trabajar antes a las órdenes de Malick. "Me recordó que los rituales de dirigir no son necesarios, sino que uno puede mirar los errores como oportunidades y abrazar lo desconocido".
Eso sí, a nadie le pasó desapercibido que tanto la actriz israelí como Bale deben sus respectivos Oscar -por "The Black Swan" y "The Fighter"- al presidente de jurado de esta 65 edición: el cineasta Darren Aronofsky. ¿Influirá eso en el palmarés? "Jamás intentaría influir en una decisión del jurado", afirmó Portman. "Tomaré algo con él, pero no hablaré de la película".
La indagación existencial de Malick dejó a buena parte de los medios con la misma sensación de continuo bucle que experimenta el protagonista en sus momentos de felicidad impostada. Y su búsqueda no podía ser más diferente de la poesía con que el chileno Patricio Guzmán vuelve a sumergirse en el pasado de su país para intentar encontrar las respuestas del presente.
En "El botón de nácar", la segunda entrega de una posible trilogía que comenzó con "Nostalgia de la Luz", el reputado documentalista deja atrás el desierto de Atacama para trasladarse al archipiélago de la Patagonia chilena. Allí, rodeado de volcanes, glaciares e islas antaño pobladas por indígenas, intenta escuchar las voces que guarda el agua en su memoria.
"Insistir en el pasado es como abrir una gran cortina hacia el futuro", explica este realizador que a lo largo de su extensa carrera ha plasmado en imágenes los principales capítulos de la historia de Chile. "Un país sin memoria es un país que pierde el norte, que pierde su orientación, su destino y su energía", añadió en entrevista con dpa.
Esta vez, Guzmán se sumerge en las profundidades del océano, que fueron testigo no sólo del exterminio de varias étnias indígenas desde finales del XIX, sino también desaparición de muchos presos políticos del régimen de Pinochet (1974-1990). Y es que aunque sea en la forma de un misterioso botón, el agua -la frontera más larga de Chile- también encierra secretos.
Por Elena Box/DPA