"Mis películas son olvidables y predecibles": Arturo Ripstein
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El cine latinoamericano en general "es muy flojo", pero "hay espejismos". "Yo soy uno de ellos. Mis películas son horribles", dijo Ripstein
Panamá, Panamá.- Después de más de 40 años de carrera y casi igual cantidad de películas, el cineasta mexicano Arturo Ripstein considera que "aún no ha llegado". "Yo querría ser otro, uno que pudo. Mis películas son pequeñas, olvidables, predecibles e inexistentes", confesó de visita en el Festival de Cine de Panamá (IFF Panamá).
Ripstein, de 68 años, está considerado uno de los mejores directores de México. Hijo del productor de cine Alfredo Ripstein y discípulo del español Luis Buñuel, presentó en Panamá su último film, "Las razones del corazón", un melodrama mexicano inspirado en la novela "Madame Bovary", de Gustave Flaubert, acerca de una ama de casa abúlica que se endeuda hasta el tuétano para salvar a su amante.
Según el realizador, el cine latinoamericano en general "es muy flojo", pero "hay espejismos". "Yo soy uno de ellos. Mis películas son horribles", dijo en entrevista con un grupo reducido de medios en Panamá.
Por eso, Ripstein cree que ha sido muy afortunado por contar con una carrera muy larga, pero muy desafortunado porque, después de 46 años de carrera, siente que aún "no ha llegado". "Yo podría ser un próspero cineasta con mujeres y terminé siendo un cineasta de magros resultados y magras ganancias", agregó risueño.
El director de "El castillo de la pureza" y "Profundo carmesí" recordó que de niño tenía una "nana malévola" que había leído a Nostradamus y que solía decirle que el mundo acabaría en el año 2000. El Ripstein niño creció aterrado, imaginando que el mundo se acabaría con erupciones volcánicas o tsunamis pero, según dijo, el mundo terminó de otra forma.
"Efectivamente el mundo se acabó en el año 2000, pero no como yo pensaba. El mundo en el que yo tenía cabida y las películas que hacía gustaban dejó de existir. El mundo en el que vivo en este momento me es ajeno e incomprensible. No sé si es mejor o peor, pero es otro".
Uno de los cambios que sufrió este nuevo mundo, según Ripstein, -cuyas películas suelen tener protagonistas que viven existencias dramáticas y miserables, siempre al borde del abismo- es que ya no hay resistencia al sufrimiento. "La muerte de la mamá de Bambi ya no existe, fue abolida por decreto. Esa necesidad de crueldad y atrocidad ha sido abolida. No sé qué va a pasar con la generación de mis nietos, serán twitteros... y lo terrorífico será que confundan la T con la F".
"Cuando joven siempre encontraba qué contar, aunque sentía que los temas me encontraban a mí, yo era una especie de amanuense de algo que estaba por ahí", dijo el director de "La mujer del puerto", cuyas películas cuentan con el guión de su esposa, Paz Alicia Garciadiego, desde mediados de los 80.
"Lentamente se me fue haciendo costumbre ver la naturaleza humana a partir de cierta mirada sobre mi entorno. Yo vengo de un país de sobrevivientes y encuentro personajes oscuros y al límite. No es lo único que hay, pero es lo que me da para buena narrativa y lo que compacta todas las cosas que a mí me importan de la vida, que son oscuras".
Otro cambio de este mundo es, según Ripstein, que gracias a las nuevas tecnologías, hoy en día es mucho más fácil hacer cine. Eso por un lado es positivo, porque ha democratizado el cine, pero por otro, le resulta "aterrador y escalofriante" que hoy día "cualquiera pueda coger una cámara y hacer una película".
"Si para manejar un coche necesitas pasar unas pruebas, tendrías que hacer lo mismo para tener hijos y hacer cine. Antes se necesitaba saber de qué se trataba, conocer la historia del asunto. Eso dejó de existir. Hay una ignorancia profunda y un desprecio y desánimo total que es escandaloso para el oficio".